Se está condenando e insultando a @marsosllorente por recomendar cosas tan "locas" como hacer deporte, comer sano, no drogarse y tomar el sol con sentido común.
Un familiar intenta sacar 20.000€ de su banco.
Lleva 25 años con ellos.
Pagando comisiones. Domiciliando todo.
Llama para avisarles.
Le dicen que sin problema, que pase el jueves.
Llega el día.
Hace cola. Se sienta.
—Quiero retirar 20.000€ en efectivo.
El empleado teclea. Se hace el silencio.
Saca un formulario y le suelta:
—¿Para qué los quiere sacar?
Yo habría dicho: “Para lo que me salga de los…”
Pero él, educado, le dice:
—Es un asunto personal.
Y además es mi dinero. Prefiero no explicarlo.
—Si no nos dices exactamente para qué lo quieres, no te lo puedes llevar.
—Bien, para meterlos debajo de una baldosa. Me fío más del cemento que de vosotros.
El empleado no se ríe.
—Firma esta declaración y justifica por escrito el motivo.
—Es mi dinero —dice—. No voy a firmar ningún interrogatorio.
El empleado dicta sentencia:
—Entonces el dinero no sale de aquí.
Secuestrado.
Un burócrata reteniendo tus ahorros en tu cara.
Puedes trabajar, ahorrar y dejarte la piel.
Pero decidir qué haces con TU dinero en efectivo…
eso lo consultamos con el comité.
Y lo más aterrador no es el banco.
Es que la mitad de vosotros lo aplaudiréis.
"Es por seguridad".
¿Seguro?
Os han vendido el control absoluto como una virtud ciudadana.
Y lo habéis comprado con una sonrisa.
Abre los ojos.
Tu dinero ya no te pertenece.
Hay artistas que controlan cada segundo del show y luego está Robbie Williams.
Sabe que “Angels” no falla. Que el público la canta aunque él no lo haga. Así que hace algo que rompe todo. Se aparta. Y lo más increíble: algo pasa.
¿esto es el nivel de alguien que ya lo ganó todo?
LOS REFRANES GALLEGOS
Los gallegos tienen un refrán para todo. Para todo. No importa lo que preguntes. Da igual que vayas con un drama familiar, una duda amorosa, una avería en el coche o una hemorroide tamaño percebes. Siempre aparece un gallego, normalmente con cara de no querer meterse… y te suelta un refrán que te deja igual de jodido, pero con sensación de haber recibido sabiduría ancestral.
Tú en Galicia no hablas con gente. Consultas un oráculo rural.
Preguntas: “Oye, ¿tú crees que hoy va a llover?”
Y en vez de decirte “sí” o “no”, que sería lo normal en una persona civilizada, te dicen:
“Hasta o corenta de maio non quites o saio”.
Y tú te quedas mirando como diciendo: “Vale, perfecto, Gandalf de la huerta, pero yo te pregunté por esta tarde, no por una profecía celta”.
Es que el gallego no responde. El gallego sentencia.
Tú le dices: “Estoy pasando una mala racha”.
Y él: “Nunca choveu que non escampara”.
Tú: “Ya… pero igual mientras escampa me arruino, me deja mi novia y me atropella una bicicleta, ¿eh?”
Pero les da igual, porque ellos ya te han soltado el refrán y con eso consideran el expediente cerrado. Como si te hubieran pasado la ITV emocional.
Y hay que reconocerles una cosa: tienen un talento acojonante. Porque tú llegas con un problema del año 2026, con ansiedad, estrés, tres suscripciones, dos apps de meditación y un terapeuta online… y aparece una señora gallega con bata de flores, una cuchara de palo y cara de haber visto morir dictaduras, vacas y matrimonios… y te tumba toda tu crisis con una frase de nueve palabras.
Eso sí: los refranes gallegos no ayudan, humillan con elegancia.
Porque parecen sabios, pero en el fondo son una hostia envuelta en papel de estraza.
“Quen moito abarca, pouco aperta”.
Eso traducido es: “Eres un flipado y no sirves ni para organizarte la mochila”.
“O que mal anda, mal acaba”.
Traducción: “Ya te veía yo venir, campeón”.
“A todo porco lle chega o seu San Martiño”.
Eso ya no es un refrán, eso es directamente una amenaza con denominación de origen.
A mí me fascina porque en Galicia el refrán sirve para sustituir cualquier conversación humana.
No hace falta desarrollar una idea.
No hace falta argumentar.
No hace falta empatía.
No hace falta ni ganas.
Tú planteas algo y te responden con media frase heredada de un señor que murió en 1892 podando una viña, y a correr.
“Estoy pensando en cambiar de trabajo”.
“Mais vale malo coñecido…”
“Es que mi pareja y yo estamos regular”.
“Cada un sabe onde lle aperta o zapato”.
“He invertido en una cosa rara por internet”.
“A avaricia rompe o saco”.
Coño, es que no fallan. El gallego lleva un refranero en la recámara como otros llevan navaja, mechero o tupper.
Y lo peor es que siempre encuentran uno. Siempre.
No hay situación moderna que el gallego no pueda resolver con una frase del siglo XVII.
Te pueden hablar de criptomonedas, inteligencia artificial, Tinder o drones… que de algún modo acaban llevándotelo al campo, a la lluvia, al cerdo o a la leña húmeda.
Es espectacular.
“Me han dejado en visto”.
“Quen espera, desespera”.
“He comprado por internet una mierda que no era como en la foto”.
“Ninguén dá duros a catro pesetas”.
“Mi jefe es un inútil”.
“En todas partes cocen fabas”.
No solucionan nada, pero decoran el sufrimiento de maravilla.
Y luego está esa forma gallega de decirlo… que eso es arte.
Porque no te lo dicen con agresividad. No.
Te lo dicen bajito.
Sin mover mucho la cara.
Con calma.
Como quien te ofrece un café o te certifica la muerte.
Y esa tranquilidad todavía te jode más, porque tú estás histérico por dentro y el otro te clava el refrán como un médico del alma con contrato fijo.
Yo creo que en Galicia los niños no aprenden a hablar diciendo “mamá” y “papá”.
No.
El primero que habla dice: “Depende”.
Y el segundo ya viene con una sentencia tipo: “De grandes ceos, grandes molladuras”.
Porque allí la ambigüedad no es un defecto: es un deporte autonómico. El gallego no te quiere mentir, pero tampoco se va a comprometer. Entonces te mete un refrán que vale para todo y así sale indemne. Es la versión lingüística de no mojarse… en una tierra donde, precisamente, te mojas siempre.
El refrán gallego además tiene una cosa maravillosa: que muchas veces parece que te están aconsejando, pero en realidad te están vacilando con experiencia.
Tú cuentas una cagada monumental y te responden con un refrán que viene a significar:
“Ya, bueno, haber espabilado”.
Pero te lo envuelven tan bien que hasta das las gracias.
Eso es talento.
Eso es manipulación poética.
Eso es pasivo-agresividad premium.
Y cuidado, porque el refranero gallego engancha.
Empiezas riéndote de ellos, pensando “bah, qué antiguos”… y un día, sin darte cuenta, se te cae una cerveza al suelo y te sale de dentro un “o que non mata, engorda” o cualquier barbaridad de esas.
Y ahí ya estás perdido.
Ahí ya entraste en la secta.
Ahí ya eres una mezcla rara entre persona moderna y abuelo de aldea con wifi.
Porque esa es la verdad: los gallegos tienen un refrán para todo porque han visto de todo.
Lluvia horizontal, vacas con más sentido común que media oficina, vecinos que no hablan pero lo saben todo, bodas que acaban mal, cosechas que dependen del cielo, políticos que prometen y no hacen, hijos que emigran, otros que vuelven, y gente que pregunta demasiado.
Después de sobrevivir a todo eso, normal que no pierdan tiempo en explicaciones largas.
Te enchufan un refrán, te dejan pensando y se van.
Como Batman, pero con retranca y pote.
Así que sí, en Galicia hay un refrán para todo.
Y si no lo hay, se lo inventan sobre la marcha y tú te lo crees porque lo dicen con una autoridad que parece que lo firmaron entre una meiga, un marinero y un señor que llevaba boina incluso para ducharse.
Y al final, por mucho que te rías, tienen razón.
Porque mientras el resto del país pierde tres horas discutiendo en grupos de WhatsApp, el gallego te resume la condición humana en una frase y se queda tan ancho.
Te puede arreglar una ruptura, un disgusto o una mala decisión con cuatro palabras y un tono de “yo no te juzgo, pero eras bastante idiota”.
Eso sí: no les pidas una respuesta clara.
Porque tú preguntas una cosa sencilla como:
“Entonces… ¿qué hago?”
Y el gallego te mira, se encoge un poco de hombros y te suelta:
“Ti verás.”
Y remata con un refrán.
Ahí entiendes que no estabas teniendo una conversación.
Estabas siendo procesado por el refranero gallego.
Cero azúcar, cero cafeína, cero calorías.
Aspartamo (E951): clasificado como cancerígeno.
Acesulfame K: altera la microbiota intestinal y el metabolismo.
Colorante caramelo E-150d: contiene 4-MEI, sustancia cancerígena.
Ácido fosfórico: erosiona el esmalte dental y contribuye a pérdida de densidad ósea.
Cero, si, pero cero beneficios y 100 % aditivos tóxicos.
Se lo digo claro: estos “zero” no le ayudan, le intoxican poco a poco. Su cuerpo no está diseñado para procesar esta química ni la necesita.
Elija agua, infusiones o bebidas reales. Tu salud no es un experimento de laboratorio.
¿Ya la probó o la está evitando? Cuénteme abajo y comparta 👇
LADRÓ DOS DÍAS ENTRE LOS ESCOMBROS… NO PARA PEDIR AYUDA, SINO PARA PROTEGERLA 😢🙏
Dos días.
Entre polvo, ruinas y silencio tras un terremoto, se escucharon ladridos bajo los escombros.
Los rescatistas pensaron que era una persona.
Era un Golden Retriever, cubierto de tierra, abrazando con su cuerpo a una gata gravemente herida.
No estaba atrapado.
No pidió ayuda para él.
Eligió quedarse ahí, protegiéndola del peligro, del frío y del abandono.
Fueron los únicos sobrevivientes de la casa.
Dos días juntos. Dos vidas aferradas.
Si aún crees que los animales no sienten, mira esta historia otra vez.
Esto no es instinto.
Esto es amor. 🐶🐱
Si tú también lo crees!
El debate sobre la regularización y las redes sociales es muy entretenido, pero no olvidemos que hay 46 víctimas esperando justicia y un país con la red ferroviaria devastada. ¡Y aquí no dimite nadie!
Es un insulto a la sociedad que el mismo día del cáncer que sale el doctor Barbacid pidiendo 30 millones para investigar el cáncer de páncreas, Pedro Sánchez le da 31.5 Millones de euros a Broncano para que siga con su programa, cuya finalidad es reírse de la gente.
Denigrante ‼️
¡El aceite de coco cambia vidas!🥥
Un caso de curación en enfermedad de Crohn
En la Comunidad fijada en mi perfil la historia que demuestra el poder de los remedios naturales frente a la medicina convencional. Se trata de una paciente de 32 años con enfermedad de Crohn fistulizante complicada por colitis por derivación, cuya vida dio un giro gracias al aceite de coco. La ciencia y la naturaleza pueden unirse para sanar si hay buena voluntad y se prioriza la salud en vez de la rentabilidad.
¿Me ayudáis a hacer llegar la carta de Fidel Sáenz, hijo de Natividad de la Torre, una de las 45 víctimas mortales del accidente de Adamuz, a @sanchezcastejon?
Que se escuche su voz. 🙏
EN GALICIA NO LLUEVE
En Galicia no llueve…
Galicia se descompone lentamente en agua.
Aquí el cielo no se cae:
se rinde.
Se sienta encima de ti y dice:
—“Bueno, vamos a estar así una temporadita.”
La lluvia en Galicia no es meteorología,
es una relación tóxica de toda la vida.
Siempre vuelve.
Siempre promete que será la última vez.
Y tú, como un idiota optimista, le crees.
Sales de casa y dices:
—“Bah, no hace falta paraguas.”
ERROR.
Primer error del día.
El segundo será pensar que los zapatos se secan solos.
Porque aquí no llueve fuerte.
Aquí llueve con intención.
Es una lluvia persistente, psicológica, de desgaste.
No te empapa el cuerpo,
te moja la voluntad.
Y encima la lluvia gallega no tiene horario.
Llueve de día, de noche, los domingos,
cuando tiendes la ropa,
cuando lavas el coche,
cuando decides “hoy voy a caminar”.
Y atención:
cuando un gallego dice “parece que abre”,
significa que va a llover con más ganas.
Aquí el tiempo no se mira en una app.
La app miente.
Siempre.
Aquí el tiempo se mira en:
el lomo de la espalda
la rodilla
y el cuñado
Porque el cuñado siempre sabe más:
—“Eso no es nada, en el 98 llovía peor.”
En Galicia la humedad no está en el ambiente,
está en el ADN.
Por eso aquí:
el pan se pone duro en 4 minutos
los armarios huelen a infancia
y las paredes sudan más que tú subiendo una cuesta
Y claro, nos adaptamos.
El gallego no corre cuando llueve.
Camina igual.
Porque ¿para qué?
Si vas a llegar mojado con dignidad.
Los paraguas aquí son decorativos.
Se rompen.
Se dan la vuelta.
Se pierden misteriosamente en los bares.
Como si el paraguas supiera que no sirve para nada.
Y luego está el sol.
Ese concepto teórico.
Ese rumor.
Ese invitado que aparece sin avisar y provoca pánico:
—“¡El sol! ¡Saca la ropa! ¡Corre!”
Cinco minutos después:
—“¿Dónde está la ropa?”
—“En la lavadora otra vez.”
Pero aun así…
AUN ASÍ…
Amamos esta lluvia.
Porque cuando sales fuera y llueve,
dices:
—“Esto no es lluvia.”
Porque aquí la lluvia no es enemiga.
Es compañera.
Te acompaña al café,
a la caña,
al paseo que no ibas a dar.
La lluvia en Galicia justifica llegar tarde,
no salir,
quedarte más rato,
y tomarte otra.
Es la excusa perfecta para todo.
Y el gallego ama una buena excusa.
Así que sí, llueve.
Mucho.
Siempre.
Pero gracias a eso somos como somos:
duros
irónicos
expertos en aguantar
y con el alma un poco húmeda…
pero caliente.
Porque en Galicia, aunque llueva fuera,
el carácter ya viene impermeable de serie
Decime cuántas posibilidades hay que una mariposa se pose en tu mano y se deje dar un beso?.. Este chabon tiene una energia muy elevada, y obviamente su hna lo acompañaba...💪🦋🥺
🔵 Un piloto de American Airlines declaró emergencia por un niño convulsionando en pleno vuelo. Pese a la negativa inicial de la ATC, que priorizaba la llegada de un avión presidencial, el capitán decidió aterrizar de inmediato para salvar la vida del menor.
🇺🇸 | Después de diez años salvando vidas, el perro policía Indy escuchó su nombre por la radio por última vez, y en el silencio que siguió, incluso el oficial rompió a llorar.
Me da algo. A ver si lo he entendido bien, ¿el hermano de Pedro Sánchez vivía en Moncloa, escondido con su mujer, mientras simulaba estar en Portugal para eludir impuestos por un puesto a dedo de la diputación de Badajoz?
Es decir, no solamente le pagábamos el salario al Batutas, sino que también la manutención y la pernoctación. Y todo esto siendo escondido por Pedro Sánchez en Moncloa, es decir, que Pedrito sería cómplice de una estafa a la Hacienda pública.
Pero Palestina y tal.