En absoluto, querida Flayn. Nunca permitiría tal cosa.
—El tono de su voz desciende una octava, hasta que es tan sólo un rumor discreto.—
Puedes estar segura de que mis sentimientos por tu madre siempre fueron genuinos. Ella me hizo un hombre dichoso.
—Ha suspirado, alivada.—
No os preocupéis, vuestras parejas en la actualidad no son asunto mío. Lo que me preocupa es que... bueno... Vuestra anterior relación fuese una mentira.
Flayn, no soy homosexual.
—Afirma, suavizando la voz en un tono apaciguador.—
Y puedo aseverarte que, aunque lo fuera, jamás consentiría el cortejo de aquel hombre. Puedes estar tranquila.
—Niega moviendo la cabeza. Su padre la ha criado bien.—
Por supuesto que no habría problema, hermano. Pero si sois homosexual eso significa que vuestra esposa... entonces...
No se trata de eso, Flayn. No obstante, creo haberte educado en la tolerancia y el respeto. ¿Habría algún inconveniente… si así fuera?
—Tiene que cerrar los ojos para contener la vergüenza. No se le hace nada sencillo tratar sus inclinaciones personales con ella.—
En ninguna de las dos. ¡Ya basta!
(…)
—Carraspea.—
Ruego me disculpéis este acceso de indignación. Es impropio de mí. No estoy habituado a recibir tanta… atención.
—Sin más dilación, atraviesa la retaguardia en un par de zancadas y asesta un estacazo al flanco de aquella criatura inmunda.—
¡Retroceded o enfrentaos a vuestro destino!
Soy consciente de que tu bondad no conoce límites pero no sabemos nada acerca de esta vil criatura. Prepárate para la peor y permenece al margen. Esta vez te mantendré a salvo.
—Enfila la punta de la lanza en dirección al corazón del monstruo, presto para el combate.—
Soy tu hermano mayor y como tal me compete a mí tener esa conversación contigo a su debido momento. No puedo permitir que un hombre sin mano izquierda tome mi lugar.
No quiere poner en duda su capacidad como docente ni mucho menos, pero, habiendo escuchado en más de una ocasión que los libros que no siguen los preceptos de Seiros tienden a desaparecer de la biblioteca...