El que puede estar un fin de semana en su casa tranquilo sin hacer demasiado ya ha ganado. El que puede quedarse durmiendo, leyendo, escuchando música o mirando alguna serie sin aburrirse ni sentirse vacío, sin salir corriendo a buscar estímulos, es el que lo ha entendido todo.
Aspiro a una vida tranquila porque ya viví demasiado tiempo en medio de la ira, el caos y el desorden. Hoy elijo la calma, los límites y la distancia de todo aquello que me roba estabilidad. Entendí que mi paz no es un lujo: es una necesidad que voy a cuidar.
Imagínate estar en el verano italiano recorriendo con tu pareja, que sean las 19 y te estés bañando y preparando para salir a comer una pasta y después caminar de la manito mientras comen un gelato y se dan muchos besos bajo la luz de la luna. No necesito más nada.
Pasar tiempo sola, me hizo darme cuenta de que yo no quiero un novio; yo quiero un hombre comprometido con su crecimiento, que yo admire enormemente, que sea honesto, priorice la lealtad, quien me haga sentir cuidada y que comparta mis valores.