Querida Ruth; hoy empezó como cualquier otro día, pero cuando entraste a la tienda de mi padre, tan hermosa, tan radiante. Supe que mi vida cambiaría para siempre
Querido Santa; si existes líbrame de cualquier revelación de sexo que esté por tocar mi puerta, se me hace la cosa más desquehacerada de la vida, gracias.
Yo sé que es mejor que me olvide de tu cara
No quiero nada, nada, nada
Y es que soy tan obstinado
Ay, ay, ay de mí
De este amor que se m incrusta como bala
Que me ahorca y que me mata
Todo sería diferente
Si tú me quisieras