Siempre me preocupé por enseñar de una manera diferente, por demostrar que lo que decíamos en clase era perfectamente aplicable a la práctica clínica, por hacer algo más que cumplir ciertos estándares académicos…
Parece que olvidaste lo rico que se sentía en tu habitación,
Tu cuerpo con el mío, combinaban de una manera que era vernos, apagar las luces, cámara y acción…
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser... Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
Ella no es mala, ni retorcida, ni rencorosa. Es cruel. Si una tormenta derribara tu casa o un árbol, no dirias que la tormenta era mala. Era cruel. Actuó conforme a su naturaleza, y desgraciadamente, produjo daños. Con ella pasa lo mismo…
-Ya sé que es encantadora, fascinante y demás. Pero parece...
-vaciló un momento- cruel.
Asentí.
+Es que lo es.
Pero ¿cómo? ¿No vas a defenderla?
-No. "Cruel" es un buen cualificativo para ella. Pero creo que cuando dices "cruel", tú quieres decir otra cosa.
Lo que aprendí en terapia sobre comunicación de pareja (y nadie explica bien)
Validar no es decir “tienes razón”. Validar es algo mucho más incómodo: reconocer que lo que el otro siente tiene sentido para él, aunque no te convenga, aunque no te guste, aunque no estés de acuerdo. Y aquí empieza el problema.
Porque mucha gente confunde validar con permitir. Y no: las emociones se validan, las conductas se regulan. Entender por qué alguien actúa de cierta manera no te obliga a tolerar que te lastime.
Eso no es madurez emocional. Eso es falta de límites.
En una relación sana no se justifican conductas que dañan a otros. Cada quien es responsable de cómo gestiona lo que siente. Tu enojo puede ser legítimo. Tu forma de expresarlo, no necesariamente. La asertividad empieza cuando dejamos de juzgar y empezamos a describir. Hechos, no etiquetas. Lo que pasó, no lo que “eres”.
“Ayer levantaste la voz” describe la realidad. “Siempre eres agresiva” la distorsiona. Las palabras siempre, nunca, todo, nada, deberías no son inocentes. Son absolutos que no buscan entender, buscan ganar. Y cuando alguien quiere ganar, la relación pierde,
Hay algo todavía más incómodo: en cada discusión no hay una sola escena, hay dos historias activadas al mismo tiempo. La mía… y la de ella. Reaccionamos menos al presente de lo que creemos y mucho más a viejos aprendizajes, heridas y patrones. Cuanta menos conciencia hay de eso, más reactividad. Cuanta más conciencia, más capacidad de modelar la relación sin imponerla. La comunicación madura no acusa. No etiqueta. No diagnostica. Describe lo de afuera. Nombra lo de adentro. Y pone límites sin violencia.
Asertividad no es hablar más fuerte. Es hablar más claro. Y eso, aunque suene simple, casi nadie está dispuesto a hacerlo de verdad.
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Felicitaciones a todos los que sacaron un buen puntaje en el ENARM, pueden relajarse un ratito, y viene lo bueno.
Los que no les fue también, hay más tiempo, más vida, no se preocupen tanto
No voy a proteger las malas praxis de nadie (si es que las hay) pero vamos, que algunas personas sin estudios te llamen ignorante de tu área de expertise…
El chiste se cuenta solo…