Si no te emociona contarle los detalles pequeños e inútiles de tu día —el café derramado, la canción que te hizo parar en la calle, el pensamiento absurdo de las 3 a.m. -, haz una pausa. El amor va más allá de química o compatibilidad: es desear compartir tu monólogo interior sin filtro y sentirte más ligero, más vivo, después de hacerlo. Cuando esa alegría simple desaparece, pregúntate si aún hay conexión real.
La vida no avisa.
No llama antes de cambiarlo todo ni espera a que estés preparado.
Por eso duele cuando se va tan rápido y parece tan injusta.
Por eso hay que vivir los momentos como si fueran únicos,
porque lo son.
No guardar abrazos para mañana,
no enfadarse por tonterías que no importarán dentro de un rato,
no perder tiempo en silencios que podrían ser palabras.
Di gracias más veces de las que crees necesarias.
Perdona antes de que el orgullo te quite lo que sí importa.
Y, sobre todo, perdónate tú,
que bastante dura es ya la vida como para pelearte también contigo.
Porque al final,
lo único justo que tiene la vida
es que los momentos que se disfrutan de verdad
son los que se quedan para siempre.
El día anterior a las vacaciones, la previa de un viaje, de una cita, de un concierto, los viernes, las ganas de decir te quiero antes de decirlo por primera vez, la víspera de reyes. La vida es mejor con nervios y con deseo.
GRACIAS BURGOS
Anoche vivimos uno de los conciertos más emocionantes de nuestra vida. Desde el escenario se os escuchaba cantar como nunca. Es increíble poder tocar en nuestra ciudad y sentir ese cariño tan grande 🫂🥹
Y ponte un broche al pelo Helena
que aquí hay canciones que cantar,
tantas cosas que cambiar
pa’ que merezca la pena.
Y quiero que vuelva a brillar
el tono ámbar en el mar
si miras desde la Ereta
🩵