Edmund Kemper constituye uno de los ejemplos más estudiados en la psiquiatría y psicología forense sobre las limitaciones de las evaluaciones clínicas .
Kemper presentaba una inteligencia superior, habilidades de comunicación muy desarrolladas y una notable capacidad para analizar el comportamiento humano. Estas características le permitían identificar qué respuestas, emociones y actitudes esperaban los profesionales, adaptando su discurso para proyectar una apariencia de introspección, arrepentimiento y rehabilitación.
Este fenómeno se conoce como manejo de la impresión (impression management) o simulación adaptativa. El individuo no necesariamente finge un trastorno, sino que aprende a representar un estado psicológico socialmente esperado, dificultando la detección de su verdadero nivel de riesgo.
Kemper era capaz de comprender intelectualmente los pensamientos, emociones y reacciones de otras personas (empatía cognitiva), pero carecía de una respuesta emocional congruente, como culpa, remordimiento o compasión (empatía afectiva). Esta disociación es frecuente en algunos individuos con rasgos psicopáticos.
Desde la perspectiva de la evaluación del riesgo, el caso demuestra que un buen comportamiento institucional, un lenguaje psicológico sofisticado o la colaboración con los profesionales no constituyen, por sí solos, indicadores fiables de rehabilitación, comprender el lenguaje de la salud mental no equivale a haber logrado una transformación psicológica profunda.
Una persona puede aprender a describir emociones, reconocer conceptos terapéuticos y expresar las respuestas esperadas sin haber desarrollado auténtica empatía, control de impulsos o modificación de los esquemas que sostienen la conducta violenta.
Kemper asesinó a sus abuelos. Lo particularmente interesante para la Criminología infantil y juvenil ocurrió después.
Fue internado en un hospital psiquiátrico, donde era considerado un adolescente inteligente, educado, cooperativo y aparentemente rehabilitado
Los especialistas consideraron que había mejorado y fue liberado a los 21 años. Años después, entre 1972 y 1973, asesinó a varias mujeres, además de su madre y una amiga de ella.
Kemper tenía una extraordinaria capacidad para comprender lo que los demás esperaban de él y adaptar su comportamiento en consecuencia. Podía conversar, mostrarse amable, establecer relaciones sociales e incluso frecuentar un bar al que acudían policías que investigaban los asesinatos que él mismo estaba cometiendo.
Desde una perspectiva clínica, el caso plantea una pregunta fascinante:
Kemper parecía haber aprendido a describir emociones, reconocer las expectativas institucionales y ofrecer respuestas psicológicamente adecuadas, pero eso no significaba necesariamente que hubiera elaborado los conflictos y fantasías que sostenían su violencia.
Cuando fue evaluado nuevamente por psiquiatras para determinar su evolución, recibió informes favorables. Poco después, según los relatos ampliamente difundidos sobre el caso, continuaba cometiendo asesinatos.
Eso convierte su historia en un ejemplo extremo de una diferencia fundamental en psicología forense.
Comprender intelectualmente las emociones no significa necesariamente experimentarlas, integrarlas o permitir que regulen la conducta.
En términos forenses, el caso de Kemper impulsó una mayor importancia a las evaluaciones estructuradas del riesgo, la observación longitudinal y el uso de múltiples fuentes de información, recordando que la verdadera rehabilitación debe reflejar cambios estables en la personalidad y en la conducta, y no únicamente un discurso clínicamente convincente.
Desde cuando acá está bien que la gente que debe plata, se INDIGNE más por que se le cobra???
Hacen un mal y aparte se enojan. Y es simple, no quieren quedar mal ni que la gente les cobre… PAGUEN.
Por eso mismo NO LES VA BIEN EN LA VIDA. Es así de simple.
@margaritalov3r Si bien el hijo tenía razón, pues carecía de moral, esas amistades se mantiene de lejos... Que mi padre deba algo así le hago problema, y si yo debo algo y ando de tramposo hasta me parte la cabeza jajaja y mi padre no es bravo, pero nos ha inculcado valores
@fabriciovelav Y esa dictadura aplaude, defiende e idólatra todo el socialismo de Correa, Maduro, Evo y demás... Mientras hay tarados que apoyan a los mismos....
@caryacuzzi Que un tipo te agradezca por otro mes hablando, no lo veo como muestra de cariño sino de sumisión, tampoco es bueno. Más adelante lo verás...
@alexamonjita Si quieres tomar decisiones sobre una propiedad, primero debes tenerla. El dueño tiene todo el derecho de tomar decisiones sobre su propiedad.