Dr. Ingeniero de Caminos e Ingeniero Geólogo. Profesor en @UA_Universidad. Ingeniería, transporte y tecnología.
PhD in Civil Engineering. Professor at @dic_ua
Somos muchas personas de diferentes carreras las que nos pasamos años estudiando con un nivel de exigencia muy alto para desarrollar nuestra profesión. Y uno de los motivos es la responsabilidad penal que acarrean nuestros actos. Lo sabemos y lo asumimos, nos hace estar alerta y ser rigurosos.
Es hora de que los políticos y personas afines se alejen de trabajos para los que no están preparados y de los que no quieren asumir las consecuencias. Que el ministro no sea del ramo es lo habitual, del resto de cargos de responsabilidad deben estar fuera. Es hora de que los funcionarios preparados vuelvan a esos puestos y tengan capacidad de asesorar y ayudar a elegir las mejores decisiones según las políticas fijadas.
Tener a los profesionales altamente preparados y no darles la capacidad de decidir es un mal que debemos resolver cuanto antes.
Óscar Puente presume de haber duplicado el gasto en mantenimiento ferroviario desde 2011. El problema es que los números cuentan una historia bastante distinta.
Descontada la inflación, el gasto real en conservación por kilómetro de alta velocidad ha caído un 13%. Por viajero-kilómetro, un 53%. Y todo ello mientras la edad media de las líneas ha pasado de 7 a 16 años.
Tenemos una red más extensa, mucho más utilizada y cada vez más envejecida, pero con menos recursos de conservación en relación con sus necesidades.
El ministro compara euros corrientes para presumir de inversión. Pero con las cifras en perspectiva se desmonta el relato.
Las infraestructuras no se mantienen con titulares ni ruedas de prensa. Y cuando falla el mantenimiento, las consecuencias pueden ser irreparables.
Si el Estado quiere monopolizar la red, que asuma el coste de mantenerla; si no puede, que la privatice o cierre las líneas insostenibles. Lo que no puede es dejar que se deteriore y pretender que los accidentes son siempre cuestión de mala suerte.
Por @juanrallo.
https://t.co/uwLTCZSGJd
Escuchamos con naturalidad los debates en torno a la necesidad de conocer las circunstancias que han originado los últimos accidentes ferroviarios. Todos entendemos que estos fallos de seguridad no son aceptables en un modo de transporte que debe seguir evolucionando.
En materia de tráfico, la administración acepta con naturalidad los accidentes, rechaza su investigación técnica y celebra cómo un éxito de su gestión la reducción de muertes mediante el cada vez más intenso bloqueo del transporte terrestre. Lo escuchamos con la misma naturalidad.
Tenemos una administración que es capaz de sacar pecho ante más de 280 accidentes de tráfico con víctimas diarios que generan casi 5 muertos de promedio cada día. Personas de dudosa cualificación técnica seguirán gestionando nuestra seguridad vial a base de chascarrillos y experimentos con vidas humanas (balizas cutres, adelantamientos a cámara lenta,...). ¿Qué nos están haciendo para que sigamos viendo esto como algo natural?
Un sistema de señalización que falla 170 veces en 10 meses no está dentro de la normalidad, ni que se paren los trenes implica que funcione bien. Imaginemos un cruce semaforizado que se fuera a negro 170 días en hora punta. Pasa a regularse por señales, pero no es lo deseable.
En la web VÍA LIBRE, desarrollada y mantenida de forma independiente y externa al Ministerio de Transportes o a Renfe, pueden consultarse horarios, posiciones y retrasos de los trenes en la red ferroviaria nacional https://t.co/6qXe1OlQdT
Lo ocurrido en la red de alta velocidad no se explica como algo con una ínfima probabilidad de ocurrir, sino más bien al contrario: si ha sucedido es porque las condiciones hacían que la probabilidad real fuera demasiado elevada. Es como comprar millones de papeletas de lotería.
El modelo del queso suizo, propuesto por el psicólogo británico James Reason en 1990, es una teoría que explica cómo ocurren los accidentes en sistemas complejos como la aviación, la salud o la industria. Cuando suceden, el fallo NUNCA puede ser humano, sino que es sistémico.
El modelo del queso suizo, propuesto por el psicólogo británico James Reason en 1990, es una teoría que explica cómo ocurren los accidentes en sistemas complejos como la aviación, la salud o la industria. Cuando suceden, el fallo NUNCA puede ser humano, sino que es sistémico.
¿Y no se preguntarán los medios de comunicación por qué los accidentes de tráfico no se investigan con la misma filosofía que los accidentes aéreos, marítimos y ferroviarios?
Hay que reconocer que la Administración ha sido brillante en su objetivo de convencer a toda una sociedad de que los accidentes de tráfico son "otra cosa" en la que sólo hay "culpas" (no "causas") atribuibles todas ellas a los usuarios.
Reflexionad solamente sobre el número de veces que hayáis oído decir en las últimas 24 horas "siniestro ferroviario" siendo que prácticamente te tachan de blasfemo si dices "accidente de tráfico".
@Jorge_Campo Cierto, no era mi intención despersonalizar las causas. Los sistemas los definen, implantan y revisan las personas. Personas con responsabilidad y rendición de cuentas.
El modelo del queso suizo, propuesto por el psicólogo británico James Reason en 1990, es una teoría que explica cómo ocurren los accidentes en sistemas complejos como la aviación, la salud o la industria. Cuando suceden, el fallo NUNCA puede ser humano, sino que es sistémico.
El daño que se ha hecho al sector ferroviario español hoy es enorme. Va a costar recuperar la confianza y fiabilidad de un modo de transporte que hasta hace no mucho tiempo había sido muy seguro.
La tragedia de Adamuz fue un suceso de extrema gravedad. El accidente de hoy lo es más aún, y no debería haber ocurrido en ningún caso. Las líneas de alta velocidad cuentan con sistemas redundantes de seguridad, y no es admisible achacar este accidente a errores humanos.