Ing. De Sistemas, CRPana/IV, Mentora para Profesionales. Infoproductora de Cursos y Retos de Lectura. ¡Mi intención es Inspirar tu Crecimiento! Sígueme!
@EmmaRincon Hermano alcen la voz por la gente de las costas de Aragua, verdaderamente no se sabe nada de esas zonas (Choroní, Ocumare de la Costa, Chuao) es urgente 🆘🆘🆘🆘🆘🆘
#MientrasSeCuelaElCafé
Aumento de sueldo. Está fea la cosa.
Ayer escuchaba al economista @aroliveros en el programa radial de @RLOZINSKI hablar con la serenidad clínica de quien mira el país desde una hoja de Excel. El diagnóstico: un aumento general de sueldos y salarios no es factible… por ahora.
La frase, como siempre, viene envuelta en algodón técnico. Oliveros recuerda, con toda razón, que maestros, médicos, policías y profesores universitarios cumplen funciones esenciales para la sociedad. Pero acto seguido llega el pequeño detalle que suele arruinar la poesía: somos muchos, incluyendo la abuela, y los reales no alcanzan.
Luego aparece la cerecita del pastel tecnocrático: Venezuela necesita primero “condiciones económicas y políticas” para aprobar un aumento salarial sostenible. Traducido al castellano de la calle: siga esperando en la cola de prioridades postergadas.
Y ojo: Asdrúbal no está equivocado. Al contrario, está siendo economista, y los economistas serios suelen tener el mal hábito de respetar las matemáticas. Si el Estado mantiene millones de empleados y pensionados y además tiene que pagar electricidad, infraestructura, petróleo y medio país en ruinas, la ecuación no cuadra tan fácil.
El problema es que la vida del venezolano no ocurre dentro de Excel. Ocurre en el mercado, en la camionetica, en la pastilla para la tensión, en el morral del carajito, en el maestro de pueblo que ya no sabe cómo llegar a fin de mes,. Y allí abajo, en ese territorio donde no llegan los gráficos de barras, la gente está mamada de esperar las famosas “condiciones económicas y políticas”.
Los maestros de provincia ya no dan más.
Los obreros tampoco. Los policías sobreviven “como pueden”. Los médicos y enfermeras hacen milagros con lo que no tienen, y los empleados públicos llevan años convertidos en conejillos de Indias de los experimentos macroeconómicos del país.
Remedando a las inteligencias artificiales: La pregunta no es si el Excel tiene razón, que la tiene. La pregunta es cuánto más puede aguantar la paciencia social mientras la teoría económica termina de acomodarse. Fin de prompt.
Menos dogma y más pragmatismo camaradas, compañeros, hermanos, ciudadanos y demás invitados especiales. Menos seminario y más política.
¿Ideas? Te tengo varias: super originales.
Suspender hasta mejores momentos, ciertos dogmas laborales que hoy son imposibles de honrar y que tienen al trabajador en extremaunción y sin nada pa’l viático. Avanzar hacia sistemas de compensación indexados. Reducir el tamaño de un Estado que ya no puede sostener la nómina que arrastra. Reinsertar esa gente en la cadena productiva. Meterle una cayapa seria al sistema de salud pública para que esté allí, pepita para el pueblo. Rescatar las escuelas públicas. Garantizar la alimentación de los muchachos que estudian en ellas, y, por el amor de Dios, reordenar ese zoológico de parafiscales que exprimen al que todavía se atreve a producir.
Nada de eso es fácil, y nadie que tenga dos dedos de frente puede decir que el gobierno y los empresarios la tienen papita. Pero también hay que decir otra verdad incómoda: el venezolano ya no aguanta una vuelta más del mecate.
Lo que sí hace menos “infactible” lo anterior, es una guerra despiadada contra la corrupción y gasto público superfluo.
Así que toca joropo y alpargata con el tema del ingreso. Menos catecismo económico y más acuerdos políticos serios. Menos cálculo mezquino y más sentido de urgencia. Menos Excel, más pueblo.