People think that to change their situation, they have to work harder.
Sometimes you just have to figure out where the money is flowing before anyone else does. And the world’s money is flowing into a new, real-time system right before our eyes.
Most people will see it when it hits the news. You’re seeing it right now.
I'm going to tell you something I wish someone had told me earlier, back when the internet was new.
Life-changing opportunities are almost never obvious while they're happening. They become clear afterward, when it's already too late to get in on the ground floor.
Right now, you're in the middle of one of those. It feels uncomfortable, uncertain, and not entirely confirmed. That's exactly how they always feel at the beginning.
La vida no recompensa las buenas intenciones. Recompensa la constancia. Todos tenemos objetivos. Pocos tienen la paciencia de trabajar por ellos durante años sin reconocimiento. Lo extraordinario suele ser el resultado de miles de días aparentemente normales.
Una de las dificultades de invertir en una transformación tecnológica de largo plazo es que el mercado exige constantemente pruebas visibles de procesos que, por su propia naturaleza, se desarrollan durante años fuera de la vista del inversor.
Queremos anuncios. Queremos contratos. Queremos nombres. Queremos una confirmación inequívoca que permita decir: esto ya está decidido.
Pero las grandes transformaciones de infraestructura rara vez funcionan así.
Cuando finalmente aparece el comunicado de prensa, cuando una institución anuncia una nueva plataforma o cuando una tecnología alcanza producción, la decisión importante normalmente no se tomó esa mañana. El anuncio es el final visible de un proceso que comenzó mucho antes: años de investigación, pilotos, contratación de talento, regulación, construcción de estándares, interoperabilidad y conversaciones entre instituciones.
Por eso existen señales que, para mí, tienen bastante más valor del que suele concederles el mercado. Una de ellas es observar cómo se desplazan las personas entre las instituciones.
No porque una contratación permita demostrar que existe un acuerdo secreto. No lo permite. Tampoco porque las denominadas revolving doors sean necesariamente prueba de corrupción. No lo son.
Son interesantes porque muestran algo mucho más elemental: hacia dónde está circulando el conocimiento institucional.
Y cuando observo desde esa perspectiva la evolución de DTCC, Ripple y, más ampliamente, la transformación de la infraestructura financiera hacia activos digitales, encuentro bastantes razones para seguir tranquilo.
DTCC importa precisamente porque casi nadie habla de DTCC
Para comprender mi razonamiento hay que empezar por abandonar durante un momento el ecosistema de activos digitales.
Cuando compramos una acción desde una aplicación, la experiencia parece extraordinariamente sencilla. Pulsamos un botón y aparentemente hemos comprado un activo. Sin embargo, detrás de ese clic existe una enorme infraestructura encargada de registrar, compensar, custodiar y liquidar las operaciones.
DTCC —The Depository Trust & Clearing Corporation— ocupa una posición central en esa infraestructura.
No estamos hablando de una empresa experimental de blockchain. Estamos hablando de una pieza fundamental de los mercados financieros estadounidenses y, por extensión, de la arquitectura financiera internacional. Según el propio comunicado oficial de DTCC de diciembre de 2025, sus filiales procesaron en 2024 transacciones sobre valores por un valor de 3,7 cuatrillones de dólares, y su depositario prestaba servicios de custodia y administración de activos sobre valores de más de 150 países valorados en 99 billones de dólares. [1] En 2025 esas cifras fueron superiores.
Es precisamente esa escala la que hace relevante lo que está ocurriendo ahora.
Durante mucho tiempo se habló de blockchain institucional como un experimento. Después llegaron las pruebas de concepto. Más tarde aparecieron los proyectos de tokenización. Ahora DTCC está dando el siguiente paso.
En diciembre de 2025 recibió el marco regulatorio necesario —un No-Action Letter de la SEC— para ofrecer un servicio de tokenización de determinados activos custodiados en DTC. En mayo de 2026 anunció que más de cincuenta instituciones estaban participando en el desarrollo de ese servicio, entre ellas BlackRock, Goldman Sachs y JPMorgan, y que pretendía comenzar operaciones limitadas en producción durante julio, con lanzamiento completo en octubre de 2026. El 15 de julio de 2026 DTCC anunció formalmente el inicio de esas operaciones de producción con activos tokenizados. [2]
Esto cambia considerablemente la conversación.
Ya no estamos discutiendo si la infraestructura financiera tradicional está interesada en la tokenización.
Está construyéndola.
Para poner esto en perspectiva de mercado: según el informe Tokenization 2030: Wall Street On-Chain, publicado por Citi Institute en junio de 2026, el mercado global de activos tokenizados se sitúa hoy en apenas 17.000 millones de dólares — y Citi proyecta que alcance 5,5 billones de dólares en 2030 en su escenario base, con un rango que va de 2,7 billones en el escenario más conservador hasta 8,2 billones en el más optimista. El propio informe sitúa la adopción actual en 1,5 sobre 10 en su curva de madurez — es decir, según sus propios autores, la inmensa mayoría del crecimiento todavía está por delante. Ark Invest, en su informe Big Ideas 2026, llega incluso más lejos, proyectando que los activos tokenizados podrían superar los 11 billones de dólares para 2030. [3bis]
La pregunta verdaderamente interesante pasa a ser qué redes, protocolos, activos y proveedores de liquidez terminarán formando parte de esa arquitectura.
El sistema financiero no suele destruirse: suele migrar
Durante años, una parte del discurso alrededor de Bitcoin y de los activos digitales se construyó sobre una premisa revolucionaria: la nueva arquitectura financiera sustituiría a la antigua.
Los bancos desaparecerían. Los intermediarios desaparecerían. Las instituciones tradicionales serían desplazadas y una infraestructura completamente nueva crecería en paralelo hasta hacerlas irrelevantes.
Quizá algunas funciones sí desaparezcan.
Pero existe otra posibilidad que, en mi opinión, encaja mucho mejor con la historia de las infraestructuras financieras: que el sistema no sea destruido, sino actualizado.
Los bancos siguen existiendo, pero utilizan nuevas redes. Los depositarios siguen existiendo, pero custodian activos tokenizados. Las cámaras de compensación siguen existiendo, pero interactúan con blockchains. Los mercados continúan regulados, pero los instrumentos que circulan dentro de ellos cambian tecnológicamente.
Eso es exactamente lo que empieza a observarse.
DTCC describe su propio modelo como una infraestructura capaz de conectar los mercados tradicionales con entornos blockchain, con interoperabilidad entre múltiples redes y con controles regulatorios integrados. Su estrategia no consiste en elegir una única blockchain y reconstruir todo el sistema sobre ella. Está diseñando una arquitectura interoperable y multichain, con anuncios de conexión tanto a Canton Network (junto con Digital Asset, para tokenización de bonos del Tesoro) como a Stellar (anunciado en mayo de 2026, con disponibilidad prevista para la primera mitad de 2027). [3]
Esta distinción es fundamental para entender mi tesis.
No espero necesariamente que exista “una blockchain que gane todo”. Aunque, como en todos los sectores, algunas tendrán bastante más cuota de mercado que otras. Y opino que XRPL está especialmente bien posicionada en ese sentido.
Espero diferentes redes especializadas, conectadas entre sí, con activos capaces de desplazarse entre ecosistemas y con capas de liquidez que permitan transferir valor entre ellos.
Y precisamente en un mundo así la interoperabilidad y la liquidez dejan de ser características secundarias para convertirse en elementos centrales de la infraestructura financiera.
Las puertas giratorias como indicador
Aquí aparece uno de los elementos que más me interesan.
En 2015, cuando gran parte del mercado todavía consideraba blockchain poco más que un experimento asociado a Bitcoin, Ripple incorporó como asesor a Donald Donahue.
Donahue había sido presidente y CEO de DTCC hasta 2012.
Ripple explicó en aquel momento que su incorporación aportaba experiencia en infraestructura financiera, tecnología y seguridad. Un año después, Donahue presidía además el Global Payments Steering Group, formado por grandes bancos internacionales alrededor de una iniciativa impulsada por Ripple para desarrollar estándares de pagos internacionales sobre tecnología blockchain. [4]
Lo que me resulta interesante no es construir alrededor de este hecho una teoría conspirativa.
Es exactamente lo contrario.
Me parece interesante porque es perfectamente normal.
Las puertas giratorias existen en prácticamente todas las industrias reguladas importantes. Personas que trabajan dentro de organismos públicos pasan posteriormente al sector privado. Ejecutivos del sector privado entran en administraciones públicas. Reguladores terminan en compañías a las que previamente supervisaban y profesionales de esas compañías terminan, años después, diseñando regulación.
Es un fenómeno suficientemente importante como para haber generado abundante literatura académica y preocupación institucional sobre sus posibles efectos sobre la captura regulatoria. La OCDE, por ejemplo, ha estudiado específicamente cómo la movilidad entre el sector público y el privado puede generar conflictos de interés y riesgos de influencia sobre la política pública. [5]
Pero interpretar todas las puertas giratorias exclusivamente como corrupción sería demasiado simplista.
También existe una razón económica evidente para ellas: las personas que conocen ambas partes de una industria tienen muchísimo valor.
El ejemplo que conozco especialmente bien: la FDA
El sector farmacéutico ofrece un ejemplo extraordinariamente claro.
Desarrollar un medicamento no consiste únicamente en descubrir una molécula eficaz. Hay que saber demostrar que funciona. Hay que diseñar ensayos clínicos adecuados, elegir endpoints aceptables, construir un expediente regulatorio, entender los estándares de seguridad y anticipar qué evidencia exigirá la FDA.
En una industria de estas características, conocer la regulación forma parte de la ventaja competitiva.
Y las puertas giratorias son frecuentes.
Un estudio sobre antiguos revisores médicos de la FDA que participaron en aprobaciones de medicamentos oncológicos y hematológicos encontró que una proporción relevante terminó posteriormente trabajando o asesorando a la industria biofarmacéutica. Otros trabajos han estudiado la misma dinámica entre altos responsables sanitarios y empresas reguladas. [6]
¿Significa eso que cualquier medicamento aprobado por la FDA fue previamente “elegido”?
Por supuesto que no.
Significa algo diferente: las empresas que quieren competir seriamente dentro de un mercado regulado necesitan aprender a desenvolverse dentro de su arquitectura institucional.
La mejor ciencia sin estrategia regulatoria puede fracasar.
Y una tecnología extraordinaria que sea incompatible con la estructura jurídica y operativa del sistema financiero puede correr exactamente la misma suerte.
Otro problema diferente es el conflicto de interés entre el paciente y la industria farmacéutica. Debate que no cubro en este artículo. Cuanto más enfermo estés, más dinero ganan las farmacéuticas. Con lo cual, el incentivo de las farmacéuticas y, como consecuencia, el de los reguladores pasa automáticamente a ser que los ciudadanos estén enfermos. Sin enfermedad no hay medicamento. Sin medicamento no hay ingresos.
Si el problema de salud se soluciona rápido, con un tratamiento simple y único, el negocio de la mal llamada salud deja de tener sentido. Y digo de la mal llamada salud porque el negocio en realidad está en la enfermedad, no en la salud. Si realmente el negocio fuese la salud, el incentivo de las farmacéuticas consistiría en que todos estuviesen sanos, y con el modelo económico actual, este no es el caso. Se priorizan fármacos de larga duración que no solucionen el problema de fondo, solo los síntomas. Ese es el negocio, no curar a los pacientes. Pero eso da para otro artículo.
La banca funciona de la misma manera
En finanzas ocurre algo muy parecido.
Existe abundante evidencia académica de movimientos laborales entre bancos y organismos reguladores. Un estudio del Federal Reserve Bank of New York analizó específicamente las transiciones profesionales entre reguladores bancarios estadounidenses y entidades privadas y constató flujos sistemáticos en ambas direcciones. [7]
Otros trabajos han observado incluso que las empresas financieras valoran económicamente la contratación de antiguos reguladores. Un estudio publicado en Review of Finance encontró un incremento sustancial de ejecutivos con experiencia regulatoria entre 2001 y 2015 y asociaciones entre estas contrataciones, primas salariales y reacciones positivas del mercado. [8]
De nuevo, podemos interpretar estas relaciones exclusivamente desde el conflicto de interés.
Pero existe otra lectura complementaria.
Un antiguo regulador entiende cómo piensa el regulador.
Un antiguo responsable del Tesoro comprende cómo funciona el Estado.
Un ejecutivo procedente de una cámara de compensación entiende los riesgos operativos que una startup tecnológica puede ni siquiera haber considerado.
Ese conocimiento tiene valor.
Y cuando una nueva industria intenta integrarse dentro de una infraestructura financiera altamente regulada, tiene todavía más valor.
En España tenemos un ejemplo que conocemos perfectamente
No necesitamos mirar a Washington.
Durante décadas hemos visto en España antiguos ministros, secretarios de Estado y altos responsables públicos incorporarse posteriormente a grandes compañías energéticas.
El fenómeno ha sido especialmente visible en electricidad, gas e infraestructuras. La existencia de estas puertas giratorias ha sido suficientemente relevante como para generar debate público y normas específicas de incompatibilidad para antiguos altos cargos. La legislación española establece precisamente restricciones temporales a determinadas actividades privadas posteriores al ejercicio del cargo público. [9]
¿Por qué ocurre especialmente en industrias como energía, banca, telecomunicaciones o farmacéuticas?
Porque en todas ellas existe una característica común:
La regulación no es periférica al negocio. Forma parte del negocio.
Una eléctrica puede tener excelentes centrales y seguir necesitando comprender el mercado mayorista, las tarifas, las redes, las concesiones, la regulación medioambiental y la estrategia energética nacional.
Una farmacéutica puede desarrollar un magnífico medicamento y necesitar años para obtener autorización.
Un banco puede desarrollar un magnífico producto financiero, pero no puede ignorar capital regulatorio, AML, KYC, custodia, supervisión o protección del inversor.
Y una empresa de activos digitales que aspire a integrarse realmente en los mercados financieros tampoco puede operar como si los reguladores no existieran.
Aquí Ripple tomó una decisión estratégica muy pronto
Durante muchos años, precisamente esta proximidad institucional fue utilizada para atacar a Ripple.
Mientras buena parte del ecosistema cripto construía su identidad alrededor de la ruptura con los bancos centrales y el sistema financiero tradicional, Ripple siguió otro camino.
Decidió trabajar con bancos.
Decidió trabajar con instituciones financieras.
Decidió contratar perfiles procedentes del sistema tradicional.
Decidió hablar el lenguaje de los reguladores.
Y decidió intentar resolver problemas del sistema financiero existente en lugar de esperar a que ese sistema desapareciera.
Durante el ciclo más ideológico del mercado cripto aquello parecía una debilidad.
Hoy no estoy tan seguro.
Si la transición que estamos observando termina siendo una migración ordenada desde la infraestructura financiera tradicional hacia una infraestructura tokenizada, haber pasado más de una década intentando entender cómo piensan esas instituciones puede ser una ventaja competitiva extraordinaria.
Y aquí es donde aparece una idea incómoda.
La regulación también elige ganadores
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📈 El petróleo va a seguir subiendo.
🚨 Bab el-Mandeb, cerrado de facto.
Los hutíes han declarado un bloqueo naval contra buques saudíes desde ayer. Ya van decenas de petroleros —incluidos VLCCs chinos y de COSCO— haciendo U-turns en pleno Mar Rojo. Con Ormuz ya cerrado en ~89%, Arabia Saudí se queda sin las dos únicas salidas de su crudo.
Y aquí la parte que nadie mira: llevamos meses "anestesiados" gracias a la Reserva Estratégica de EE.UU. El colchón que ha estado tapando la crisis energética real (incluido el SPR de China) se está agotando justo cuando se cierra el segundo estrecho.
El crudo ya sube. Y con las reservas en mínimos de 40 años, la próxima subida no va a tener quien la amortigüe.
Irán mueve tropas hacia Kuwait. La última vez que Kuwait tuvo problemas, arrastró a EE.UU.
EE. UU. bombardeó durante el fin de semana infraestructura crítica de Irán. Irán no se quedará de brazos cruzados.
El rey de Jordania huye del país. Saben lo que viene.
Estás viendo cómo desmantelan el petrodólar para instaurar un nuevo petro-cripto.
La crisis de liquidez que se va a desencadenar por este conflicto va a ser de proporciones históricas. Y va a ser provocado por EE.UU. Así se convierte EE. UU. en la capital cripto del mundo.
XRP no es un activo convencional. Es un arma geopolitica. Y muchos lo descubrirán tarde.
Mel Gibson: "I have 3 friends. All 3 of them had stage 4 cancer…and all 3 of them…don't have cancer right now at all…"
Joe Rogan: "What did they take…? Ivermectin and Fenbendazole…"
Mel Gibson nods in agreement.