A veces pienso que mi vida sería muchísimo más fácil si fuera de ultraderecha.
No me preocuparía por nadie más que por mí. Si alguien no tiene acceso a salud, educación o una vida digna, pues problema suyo. Si toca mandar gente a la guerra, qué más da. Si hacen fracking y se afectan ecosistemas, ríos o comunidades enteras, pues ni modo, que cada quien se las arregle como pueda.
La verdad sería una vida bastante cómoda.
Pero no puedo.
Mi mamá cometió el error de criarme con algo muy incómodo: empatía. Me enseñó a pensar en cómo afectan las decisiones a otras personas, incluso cuando no me benefician directamente.
Y por culpa de eso ahora me cuesta muchísimo quedarme sentada en un sofá viendo cómo otros pasan necesidades, pierden derechos o quedan abandonados mientras algunos me dicen que lo importante es "pensar con lógica".
Maldita y hermosa empatía.
Porque me complica la vida, me hace preocuparme por problemas que no son exclusivamente míos y me obliga a pensar en el país que les vamos a dejar a los demás.
Y al final del ultimo capítulo de David el Gnomo, David y su mujer Lisa, alcanzan la edad de 400 años y es cuando tienen que despedirse de su vida carnal y convertirse en 2 manzanos entrelazados.
Todavía recuerdo los llantos de la gente ese día…