Alejandra Pizarnik escribió: «Estuve pensando que nadie me piensa. Que estoy absolutamente sola. Que nadie, nadie siente mi rostro dentro de sí ni mi nombre correr por su sangre. Nadie actúa invocándome, nadie construye su vida incluyéndome»; intuyo que lo pensó un domingo.
No se dejen engañar por el corrupto de Arturo Zaldívar. Rocha Moya conserva el fuero aun separado del cargo y no puede ser detenido.
La licencia no equivale a renuncia ni extingue el mandato. Rocha Moya no dejó de ser gobernador; únicamente se separó temporalmente del ejercicio del cargo. Por eso, mientras no haya declaración de procedencia, es decir, desafuero, y resolución del Congreso de Sinaloa, conserva inmunidad procesal. Es intocable.
No sólo lo digo yo. También lo sostiene Bernardo Bátiz, correligionario del exministro desertor que hoy asesora a Sheinbaum. Usó ese mismo razonamiento para obligar a la Cámara de Diputados a retirarle el fuero a René Bejarano en 2004.
La licencia de Rocha Moya es una tomada de pelo y no sirve para nada.
El criterio está respaldado por la propia Suprema Corte: la licencia no implica la pérdida del fuero
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