@KK_Rokossovski El Estado es la garantía de que la propia burguesía no destruya en el corto y medio plazo sus dos fuentes de riqueza.
El trabajo y la naturaleza.
Es un error de método confundir la forma política con el modo de producción. El capitalismo no se define por el grado de intervención estatal, sino por la propiedad privada de los medios de producción y la extracción de plusvalía mediante la relación salarial. +
@iurquizu la mejor crítica social que se ha hecho al problema de la vivienda son los colectivos de vivienda poniendo sus cuerpos cada día para intentar evitar que una familia se quede en la puta calle, señalando la contradicción entre valor de uso y valor de cambio.
¿Alguna vez has sentido que la oficina o la fábrica te "absorben" la energía? No es solo cansancio, es un proceso ontológico. Para entender por qué trabajamos tanto y cada vez tenemos menos, debemos entender la danza macabra entre el Trabajo Vivo y el Trabajo Muerto. 1/9
"Se encontraron en la arena
Los dos gallos frente a frente
Se encontraron en la arena
Los dos gallos frente a frente
El gallo negro era grande
Pero el rojo era valiente
El gallo negro era grande
Pero el rojo era valiente"
Mientras el capitalismo opera bajo una racionalidad de búsqueda de ganancia privada (ciega ante las necesidades sociales), el Socialismo Científico propone una racionalidad basada en la satisfacción de necesidades humanas mediante el control consciente de la producción. 1/11
El argumento neoliberal intenta asimilar la Teoría del Valor-Trabajo (TVT) dentro de la Teoría Subjetiva (TSV), afirmando que el Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN) es, en última instancia, un derivado de la valoración del consumidor. 1/7
Análisis materialista dialéctico de la figura del Cuñao: Del opinador de barra al especialista ilustrado.
I. ¿Qué es el "cuñado"? ¿Una categoría moral o una figura social?
En la superficie, el "cuñado" aparece como una figura cómica: varón, opinador compulsivo, autoritario en sus juicios, y firme defensor de lo que cree "sentido común". Sin embargo, un análisis serio debe ir más allá de la caricatura. Como venía a decir Marx, "la cuestión de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva no es una cuestión de teoría, sino una cuestión práctica”. Por tanto, no se trata de burlarse del cuñado como individuo —eso sería moralismo pequeño burgués—, sino de entender por qué esta figura aparece, se reproduce y domina ciertas esferas del discurso cotidiano.
**II. Base material del "cuñado": alienación y reproducción ideológica
El cuñado no nace: se hace. Y se fabrica en el crisol de una sociedad burguesa avanzada como la española actual, donde la forma de vida está profundamente determinada por el capital, por la reproducción del trabajo asalariado y por la ideología dominante —la ideología de la clase dominante.
Este sujeto se encuentra alienado en múltiples niveles. Sufre una alienación laboral: suele ocupar un puesto asalariado rutinario, privado de todo control sobre el proceso y el producto de su trabajo. Padece también una alienación política: no participa en la toma de decisiones sobre lo común, pero sí cree que su opinión tiene valor universal. Finalmente, sufre una alienación cultural: su universo simbólico está formado por los medios masivos de comunicación capitalistas, donde se reproduce la ideología dominante en forma de titulares, tertulias, memes y leyendas urbanas.
Como decía Marx, "las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época". El cuñado reproduce esas ideas —sobre inmigración, género, economía, historia— como verdades naturales, y por eso actúa como pequeño profeta del orden burgués.
III. La variante del "cuñado ilustrado": El triunfo de la razón instrumental
Pero existe una variante más sofisticada: el "cuñado ilustrado". Este no es el opinador de bar; es el profesional técnico, el especialista. Su emergencia tiene una base material clara: la universidad capitalista forma técnicos y no pensadores; engranajes del sistema productivo, no sujetos capaces de entender las contradicciones del sistema que los contiene. La división capitalista del trabajo intelectual reproduce la alienación incluso en quienes dominan complejas formas de conocimiento científico.
Así, el médico que combate virus se cree autorizado para juzgar migraciones. El ingeniero (especialmente los ingenieros) que diseña infraestructuras se siente preparado para pontificar sobre historia o política; y el informático se transforma en juez del feminismo o la lucha obrera.
Este “cuñado ilustrado” representa un triunfo específico de la ideología burguesa: la fetichización del saber técnico como forma superior de conocimiento humano. Y, como bien señalaba Ortega y Gasset en su análisis del "bárbaro especialista", cuando ese saber técnico se desentiende de su contexto social y político, degenera en barbarie. Pero Ortega analiza el síntoma; no la causa estructural. Este especialista no es simplemente arrogante: es el producto orgánico del desarrollo capitalista de las fuerzas productivas, que genera sujetos hiperespecializados pero políticamente analfabetos, ideológicamente reaccionarios y funcionales al orden existente.
IV. El rol ideológico del cuñado ilustrado
El especialista “cuñado” no es neutral: es defensor espontáneo del status quo. Su saber técnico da a sus opiniones una apariencia de verdad, cuando en realidad son prejuicios de clase embellecidos con gráficas o jerga profesional. En él, se produce una reificación del pensamiento: las categorías sociales (salud, economía, infraestructura) aparecen como hechos naturales, neutrales, y no como lo que son: productos históricos del desarrollo desigual del capital.
Como señaló Marx en los Manuscritos de 1844, el trabajo alienado produce no solo una economía deformada, sino una conciencia deformada, incluso entre quienes poseen saber real. Mientras este especialista no comprenda su lugar en las relaciones sociales de producción, será un instrumento del poder, aunque se crea ilustrado y neutral.
V. Determinaciones históricas en el Reino de España
El cuñado español, en ambas variantes, no es una anomalía: es un producto histórico específico. Heredero del franquismo sociológico, mezcla el nacionalcatolicismo residual con los valores de la transición y el neoliberalismo de masas. El resultado es un cóctel ideológico que se manifiesta en un desprecio por la política emancipadora, la defensa de un pasado mitificado, la adoración por el mercado y el “orden”, y el rechazo al feminismo, al marxismo y a lo “progre”. Es decir, nos encontramos ante una figura pasiva-agresiva al servicio de la reproducción del capital en su fase de crisis ideológica, demográfica y económica.
VI. ¿Qué hacer? Hacia un conocimiento integral y revolucionario
La conclusión práctica es clara: no se trata de convencer al cuñado, tarea por demás imposible, sino de superar las condiciones materiales y sociales que lo producen. La lucha contra el “cuñadismo” no se gana en la cena de Navidad, sino en la construcción de alternativas. Esto requiere:
1. Formación política y filosófica: Para entender que todo saber está históricamente situado y no es neutral.
2. Crítica radical al saber burgués: Desenmascarar las bases ideológicas de muchas disciplinas técnicas y sociales.
3. Organización colectiva del pensamiento: El saber emancipador no es el que pontifica, sino el que se pone al servicio de la transformación social. Más Escuelas Populares y menos universidades al servicio del capital.
El cuñado ilustrado es el producto natural de una sociedad que separa el saber del vivir, que promueve la técnica y desprecia la crítica, que premia la obediencia metodológica y castiga el pensamiento total. Frente a esto, el socialismo científico no se opone al saber, sino al saber mutilado. Luchamos por un conocimiento integral, histórico, humano y revolucionario.
¡Por eso Engels y Marx se formaron no solo en economía, sino en filosofía, historia, ciencia, literatura y lucha! Solo con un saber tan vasto y comprometido se puede abolir el régimen de los cuñados y fundar, finalmente, el reino de los compañeros.
Para entender por qué la Teoría Subjetiva del Valor (TSV) no es solo un error académico, sino un proyecto ideológico, hay que situarse a finales del siglo XIX. 1/12
Je m’appelle David, j’ai 29 ans.
Il y a quelques étés, j’ai répondu à une annonce pour travailler dans un snack de plage sur la côte méditerranéenne. Le patron, toujours en chemise en lin blanc et mocassins sans chaussettes, m’a accueilli avec un grand sourire. Son offre était soi-disant “correcte” pour la saison : 750 euros par mois.
Pour justifier ce salaire ridicule, les patrons des plages privées ressortent toujours la même phrase magique :
“Le logement et les repas sont compris.”
Ils te vendent ça comme si tu allais vivre dans un hôtel avec vue sur mer.
La réalité ?
Le logement, c’était un vieux matelas posé dans une chambre étouffante sous les toits, sans climatisation, à partager avec trois autres saisonniers qui rentraient tous cassés après avoir passé la journée au soleil.
Et les repas ?
On mangeait debout derrière le snack, en cinq minutes chrono, les restes de frites froides, des paninis invendus ou une salade ramollie avant de repartir au service.
Sur le papier, je devais simplement “aider un peu en salle”.
Dans le langage des saisonniers, ça veut dire commencer à 7h du matin pour nettoyer la terrasse pleine de sable, courir toute la journée avec des plateaux brûlants sous 38 degrés, supporter les clients agressifs parce que leur mojito met dix minutes à arriver… puis finir à minuit passé à laver le sol pendant que les derniers vacanciers rigolent encore en terrasse.
Jour de repos ?
Une blague.
Le week-end, c’est impossible.
Et la semaine “il y a trop de monde”.
Alors tu bosses sept jours sur sept.
Mi-août, avec le dos détruit et les pieds en sang dans mes baskets trempées de sueur, j’ai commencé à faire le calcul.
Je travaillais environ treize heures par jour.
Presque 400 heures dans le mois.
Pour 750 euros.
Ça faisait même pas 2 euros de l’heure.
Je gagnais moins qu’une bouteille d’eau tiède vendue aux touristes sur la plage.
Pendant que toi tu comptes les pièces pour finir le mois, tu regardes le patron encaisser des milliers d’euros chaque week-end.
Et bizarrement, à la fin de l’été, celui qui te répétait :
“Cette saison est catastrophique… les charges nous tuent… il n’y a plus d’argent…”
arrive en septembre avec un SUV allemand flambant neuf.
Puis l’hiver arrive.
Et tu retrouves ces mêmes patrons à la télévision ou dans les journaux locaux à expliquer que les jeunes ne veulent plus travailler, qu’ils sont fainéants, qu’ils préfèrent rester chez eux plutôt que de faire des efforts.
Mais le problème n’a jamais été le travail.
Le problème, c’est qu’on a compris quelque chose.
Sacrifier son été, sa santé, son sommeil et sa dignité pour moins de deux euros de l’heure, ce n’est pas “faire ses preuves”.
C’est juste se faire exploiter.
Et le pire, ce n’est même pas la fatigue.
Le pire, c’est de se faire traiter de paresseux par ceux qui vivent grâce à ton épuisement.
En Bolivia hay una genuina movilización popular de mineros, obreros y campesinos. Si fuera una “primavera” orquestada por EEUU o la UE abriría todos los telediarios. Es la prueba del algodón.