@RealGDT Hola @RealGDT tengo una historia que quizás un servidor tenga la oportunidad de que tú la digiras.
la historia se llama provisionalmente
La Musa: Arte, música y Creatividad.
Eres un farsante y responsable junto con el @GabSeguridadMX de su asesinato @ARBedolla por tus omisiones respecto de su seguridad y tus complicidades con el narco
La realidad es que te corrieron del velorio
Incluso después de su asesinato, sigues haciendo propaganda en vez de buscar la justicia de los verdaderos responsables
@ARBedolla cínico al ir al sepelio; tu al igual que @Claudiashein son responsables del asesinato del presidente municipal de Uruapan.
Bien que conoces la situación de tu estado y ahora que hay desgracia te presentas; mejor presentate para irte a la cárcel.
“Game Over a la censura, no a los impuestos absurdos, si a combatir la violencia real”.
“Nadie se hace violento por jugar, nadie se vuelve criminal por sobrevivir al apocalipsis en 'The Last of Us', nadie termina la delincuenci* por lanzar un fatality en 'Mortal Kombat', nadie se convierte en n4rco por atrapar criaturas en Pokémon”.
Así se expresó ayer la diputada del MC Iraís Reyes tras el aumento del impuesto de 8% a los videojuegos "violent0s" argumentando que se trata de un "prejuicio moral" hacia los gamers.
De último momento: Con un control de Xbox en la mano, la diputada Iraís Reyes acaba de dar este fuerte mensaje por el nuevo impuesto a los videojuegos con contenido fuerte:
“No a los impuestos absurdos, sí a combatir la violencia real.”
“Como si jugar fuera un problema de salud pública, como si la violencia de este país viniera de las consolas de videojuegos y como si los gamers fueran delincuentes.”
“Esto solo es una excusa para recaudar. No hay evidencia que demuestre que jugar videojuegos cause violencia real.”
“Nadie se vuelve criminal por sobrevivir al Apocalipsis en The Last Of Us.”
“La ficción no produce delincuentes. La violencia la produce un Estado que ha normalizado la impunidad y que no ha cumplido con su deber de proteger a la gente.”
“Si esto fuera real, países como Japón, Corea, que son los que más videojuegos consumen en el mundo, entonces ellos serían los más violentos.”
Hace apenas unos días los fans de Mariana Rodríguez defendían ferozmente la “visibilización y empoderamiento de las madres trabajadoras” cosa que solo era parte de su marketing político. Mientras tanto, las verdaderas mujeres trabajadoras, las que están en la calle se enfrentan a lo que pasó con Alicia y su nieto, la falta de guarderías y un sistema nacional de cuidados es urgente en este país. Los niños no deben estar en la calle expuestos a todo mientras le pintamos corazones a la precariedad de los cuidados.
Ahí está el 136
Cuando alguien se queja de los abusos del gobierno actual, suelo contestar, sin rodeos: ahí está el 136.
Mucha gente no sabe a qué me refiero, y ha llegado el momento de explicarlo.
El artículo 136 constitucional no es una nota al pie. Es una cláusula final, escrita con la certeza de que el poder puede quebrarse y que el pueblo puede —y debe— restaurar el orden justo. Dice:
“Esta Constitución no perderá su fuerza y vigor, aun cuando por alguna rebelión se interrumpa su observancia. En caso de que por cualquier trastorno público, se establezca un gobierno contrario a los principios que ella sanciona, tan luego como el pueblo recobre su libertad, se restablecerá su observancia, y con arreglo a ella y a las leyes que en su virtud se hubieren expedido, serán juzgados, así los que hubieren figurado en el gobierno emanado de la rebelión, como los que hubieren cooperado a ésta…”
Eso es todo.
El artículo 136 te otorga el derecho a restaurar el orden constitucional cuando ha sido quebrantado por un gobierno ilegítimo, incluso mediante rebelión.
Así, sin anestesia.
Y esto importa, porque el actual gobierno se instaló con mayorías legislativas obtenidas en violación del artículo 54, que impone un tope del 8 % de sobrerrepresentación. La coalición oficialista lo ignoró, se apropió de escaños indebidos y forzó una supermayoría ilegítima. Con ella impone reformas, nombramientos y control del aparato estatal. Todo lo que de ahí deriva nace viciado.
¿Y qué ocurre cuando el poder constituido actúa contra la Constitución? Que entra en funciones el titular originario de la soberanía: el pueblo. Eso dice el 136.
Habrá quien diga que el artículo no habla de rebelión para restaurar la Constitución. Pero pensar que un régimen tiránico se va a desactivar con flores y canciones de Manuel M. Ponce es, francamente, idiota.
“El pueblo recobra su libertad” no es una figura retórica. Significa resistencia activa. Significa que a un régimen anticonstitucional se le retira del poder y se le juzga. Eso dice el 136.
No es un adorno. Es una cláusula de restauración.
Y entonces, cuando alguien pregunte qué hacer frente a la captura del Congreso, a la deformación institucional, al atropello de las reglas básicas, la respuesta no es abstracta, ni moral, ni simbólica.
La respuesta está ahí.
Clara.
Inapelable.
Ahí está el 136.