más pequeña, una sietemesina con toda la vida por delante y la fuerza de su madre.
Afuera, el Reino entero suspiró.
Los muros rotos respiraron con ellas.
Y cuando el amanecer finalmente llegó, el Inframundo fue tocado por la aurora.
silencio, tomó a Melínoe en brazos y la acostó, con todo el amor y respeto del mundo, al lado de su madre.
Las niñas, dormidas, estiraron uno de sus bracitos para tomarse de la mano.
Macaria, un bebé de tres kilos trescientos gramos. Melínoe, a su lado, con poco más de dos,
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