‹ su país va perdiendo—. Yo pediré otra piña colada —esta vez, se dirige al mesero quien ya está frente a ellos.
— No lo sé, tendré que averiguarlo, pero dudo que sus paisajes superen lo que veo ahora mismo.
¿Tacaño? Para nada. No menciona nada al respecto cuando la ve beber, al contrario, llama a uno de los meseros para hacer la instrucción a la lejanía de que viniera.
— ¿Quieres algo más? Invito porque estoy de buenas —y porque no dejará que esta pobre chica pague mientras ›
— Por supuesto que es un cumplido —y un ojo le guiña, no se va por las ramas cuando no le cuesta admitirlo—. Prepárate para remar cuando hagamos otro gol.
Y bebe un poco de su cóctel.
No juega.
— ¡Sí! Me encanta.
Aprovecha esa pausa de hidratación entonces para continuar con su conversación. Nuevamente ofrece de su bebida a Nora, esta vez cediéndole de todo el vaso.
— Es decir, estoy con la persona indicada para remar—suspira, exagerando—. ¿Me ›
Eso, que beba tranquila. No tiene problema en pedirse un segundo, o incluso un tercer cóctel; él se embriagó con Australia y ni pasaron a dieciseisavos.
— Ah, interesante —¿qué es lo que bebe ella? Toma su vaso y pregunta con la mirada si puede beber también—. ¿También ibas ›
Que no se diga más, hoy mismo compra tiquetes para la semifinal si Noruega pasa. Y se la lleva con él.
— Está buena, ¿no? —ahora, viene su turno para beber. Hace una corta pausa para imitar el suspiro—. ¿Con quién tengo el gusto?
Sus ojos intercala entre la pantalla y la ›
— ¡Jaja! Amigo, amigo —en efecto, es entretenido el tema de los bandos. Como a su país lo sacaron hace milenios, no le queda de otra más que ser adoptado—. ¿Y eres de Noruega, Gael? Porque tienes toda la cara.