como un borboteo inteligible y patético.
—— Xianyu.
Se ha enganchado a la muñeca ajena. Ya empiezan con los espectáculos en público.
—— Me gustas mucho, y me ha jodido un poco que parecieras dudar de ello, pero... tienes razón, podría haberte prestado más atención. Lo siento.
Le persigue hacia la barra, cabizbajo y sin mediar palabra. Sabe que no ayudará a ninguno de los dos dejarle ir y pretender que no ha pasado nada.
El problema es que siempre le ha costado mucho sincerarse. Algún murmurillo que otro delata un intento genuino +
Ha abierto la boca para decir algo y, la verdad, no se le ocurre nada, así que vuelve a cerrarla. Además, poco se habla de que cuando Saya se pone así de serio da algo de mal rollo. Le mira fijamente, intentando pensar en qué decir y, al final, decide agachar la cabeza parar el
de empezar una conversación, pero las palabras se le atascan y mezclan entre sí. Pierde el hilo de lo que quiere decirle antes de abrir la boca.
No es hasta que casi le ve marchar cuando decide que algo tendrá que decirle, incluso si termina saliendo de sus labios +
—— Vienes a montarme un pollo porque ayer me viste hablando con nuestro otro compañero y esperas que te siga el juego.
Espeta, aunque se haya esforzado en mantener el tono en un nivel mínimamente decente. La expresión se le endurece y ambos saben lo que eso significa.
El poco cuidado que tiene al colocar las cosas le hace alzar las cejas. Normalmente se lo deja pasar —por la cara bonita y eso—, pero hoy solo le hace fruncir los labios.
—¿Y esos modales? Hay que ser más cuidadoso con los clientes.
Y, aun así, no detiene el cronómetro. Sigue
Gilipollas, imbécil, alelado. Insoportable. Qué desesperación es tener que lidiar con su puñetera rabieta cuando ya tiene suficiente con su habitual falta de ánimos por trabajar.
Le despacha el espresso rapidito y se lo deja sobre la mesa sin especial delicadeza.
—— Para eso.
—Estaré contando el tiempo que tardas.
Y es de verdad. Coloca el móvil en la mesa e inicia el cronómetro antes de volver a cruzarse de brazos. Su mirada, por supuesto, seguirá a Saya a todos lados.
Genial. Claro que sí. Muy maduro por su parte, Saya está muy orgulloso de la forma tan adulta con la que lidia con su propia rabieta.
—— Vale. Ahora vuelvo.
Que espere sentado.
Por esa misma razón ha venido. Siente que los mensajes pasivo agresivos no son suficientes, así que se ha presentados para tener la rabieta en persona.
De brazos cruzados espera, los labios apretados en una sutil mueca.
—Atención. Y un expreso.
. . .
Una visita muy agradecida, sobre todo con la conversación por mensajería de por medio.
—— Qué quieresssss.
Intenta, al menos, que el tono le salga ¿agradable?