Adora, con fuerza, todo el esfuerzo que Jem hace siempre por complacerlo. Incluso cuando son cosas así, cuando sabe que le cuesta.
No lo mira, pero eso no quita que William empiece a dejar pequeños besos por su mandíbula, bajando a su cuello.
—Te amo muchísimo. >
Ni siquiera los años habían conseguido que Jem se soltara en aquel tema, ni siquiera lo mucho que a William le encanta verlo así.
—¿Montarme y….?
Toma sus manos para quitarlas de su rostro, queriendo mirarlo. Le resultaba adorable.
—Ah, ¿sí?
Su tono es totalmente divertido, más que nada porque sabe la vergüenza que le da a Jem todo aquel tema.!
—¿Y qué piensas hacer con las esposas? ¿Atarme a la cama?
—Quizá aún estoy esperando tu venganza por tirarte al agua.
Susurra contra su boca, aprovechando que puede con él para girarlos en el sillón y terminar él encima, sólo por poner su peso sobre el ajeno.
Le gusta verlo desde ese ángulo, mucho más cuando estaba >
Apenas lo escucha reír ya sabe que ha ganado, atreviéndose también a soltar pequeñas risas mientras lo escucha. En algún punto para, pero lo hace sólo para tomarlo del rostro y besarlo.
Uno pequeño primero para que después sean cada vez más lentos, más largos.
—¿Más que abrazarte? ¿Puedo hacerte cosquillas?
Bromea, dejándose hacer apenas nota los labios de su marido sobre los propios. Sus manos rodean su cintura, dejando una pequeña caricia sobre la piel húmeda.
Y aún cuando sabe que se va a llevar un grito, hunde los >
—Ya me has dado todo lo que necesitaba. No quiero más.
Una familia, un hogar. Un sitio al que volver y donde siempre se sentía seguro. Sólo lo quiere a él, a sus hijos, no necesita más.
—Sólo que a veces sí necesitamos un tiempo a solas. Apenas te he podido dar un >
Lo acerca aún más a su regazo, queriéndolo cerca mientras están juntos. No siempre su padre se llevaba a la niña.
—Te estoy malcriando yo. Te recuerdo que te traje a un hotel con piscina privada y jacuzzi.
Bromea, porque Jem merece todos esos lujos y está acostumbrado >