@SofiGuadarramaC Buenísimos tus comentarios al respecto de esta tragedia, que es la tragedia de la naturalización de una narrativa que ni siquiera se apega a los hechos históricos. Lo que no se consumó por la espada, sí lo puede hacer a través del discurso.
@librocrepusculo Nunca pensé que diría esto pero es la primera vez que respeto a alguien que escribe en letras libres. Su pensamiento me ha generado muchas dudas en mi propio pensamiento y por eso le agradezco.
Claro que México como es hoy no existiría sin la "conquista", tampoco sin los fenicios, sin los olmecas, sin el big bang y sin la mamá de cada uno de los que dicen esa pend3jada.
Decía O´Gorman (parafraseo) "están bien idiotas los que dicen la obvia obviedad de que sin Cristóbal colón los pumas no estarían en la gran final".
Camaradas, les pido por favor que difundan este video.
Encarcelaron de manera arbitraria a Carlos Darío en Aguascalientes, y todo por protestar respecto a la visita de Ayuso.
También a los camaradas españoles les pedimos difundir para presionar a las autoridades. Por cierto, muchos líderes y activistas están siendo encarcelados por las autoridades, y muchos están tratando de demeritar a la gente que hace protestas.
El video es de la camarada @carlaescoffie.
Israel is wiping out village after village in South Lebanon.
Villages older than entire modern states.
Villages that survived centuries of history.
Not military targets.
Civilian homes.
Civilian infrastructure.
Civilian life.
This is what they call a “ceasefire.”
Hay países que nacen de una firma. Otros, de una bala. Nosotros nacimos de una violación y luego aprendimos a celebrarla con mariachi, a recitarla con orgullo en los libros de texto, a disfrazarla de romance bajo la sombra patriótica del mestizaje. Nos contaron el cuento de los dos abuelos —el español barbudo y la india silenciosa— como si la historia de América hubiera sido un bolero y no una carnicería. Pero basta raspar un poco la pintura del mito para que salga el olor: sudor, sangre, pólvora, fiebre.
El cuerpo de las mujeres indígenas fue la primera frontera conquistada. Ahí se fundó la patria. No en los congresos ni en las constituciones, sino en la relación sexual forzada, en el miedo, en la obediencia aprendida a golpes. Rita Segato lo dice con la serenidad brutal de quien conoce el mecanismo del poder: "el vencedor escribe su soberanía sobre el cuerpo vencido". Y uno lee eso y siente que toda nuestra genealogía cruje como una casa vieja.
Después vinieron las castas, las encomiendas, los santos, los látigos. Vinieron también los escribanos del Imperio, esos funcionarios del olvido que tenían la costumbre de llamar “civilización” a cualquier forma eficiente de exterminio. Las Relaciones de Chalco, los testimonios recogidos por Sahagún, las voces quebradas de Tlatelolco: todos cuentan la misma película de horror, pero sin música heroica de fondo. Los españoles mataban sin piedad. Los indígenas aprendían a sobrevivir entre cadáveres y epidemias. Y mientras tanto, siglos después, todavía hay quienes insisten en llamar a eso “encuentro de dos mundos”, como si dos mundos pudieran encontrarse de verdad cuando uno llega montado a caballo y el otro corre, huye descalzo.
Matthew Restall desmontó esa postal turística con paciencia de relojero. La conquista no fue un diálogo: fue una guerra desigual sostenida por alianzas desesperadas, enfermedades y violencia organizada. Nada accidental. Nada romántico. El mestizaje, antes de convertirse en propaganda sentimental del siglo XX, fue una maquinaria de blanqueamiento. Una escalera en la que cada quien aprendía cuánto valía según el color de su piel y la cercanía de su apellido a Europa. Después, Vasconcelos vino a perfumar la herida con un perfume filosófico y le llamó “raza cósmica”. Qué elegancia para nombrar el desmembramiento.
Miguel León-Portilla tuvo, al menos, la decencia de escuchar a los derrotados. En "El reverso de la conquista" uno oye llorar a los vencidos. No metafóricamente: llorar de verdad. Los informantes de Tlatelolco describen la matanza del Templo Mayor al mismo tiempo que describen el fin de su tiempo. Y lo fue. Porque hay derrotas militares y hay fracturas ontológicas. Después de la conquista, el mundo indígena no perdió solamente territorios: perdió la continuidad de su respiración.
Walter Benjamin escribió que todo documento de cultura es también un documento de barbarie. Basta caminar por cualquier centro histórico de América Latina para entenderlo. Las catedrales coloniales brillan hermosas, sí, pero debajo de cada piedra hay otra piedra rota. Debajo del altar duerme un templo demolido. Debajo del oro barroco hay indígenas muriendo hambre, mendigando.
Por eso molesta tanto la memoria. Porque recordar es una forma de indisciplina. El relato hispanista ignora la pobreza, tolera la corrupción, calla la violencia; lo que no tolera es que alguien mencione el origen. Entonces aparece el viejo reflejo virreinal: el que recuerda es resentido, exagerado, malagradecido. Nos piden cortesía colonial. Nos exigen agradecer la lengua que vino acompañada de cadenas. Como si la educación consistiera en sonreír mientras te borran.
Octavio Paz entendió algo terrible: el mexicano sospecha de sí mismo porque nació de una fractura. El hijo de la Chingada carga una vergüenza heredada, una especie de orfandad espiritual que atraviesa generaciones. Pero tampoco se trata de convertir el dolor en religión. No somos mártires profesionales ni turistas del sufrimiento.
Mientras en Paris los franceses celebraban la derrota del nazismo, el 8 de mayo de 1945, el colonialismo francés se comportaba como Hitler en Argelia, matando a más de 45.000 argelinos en las ciudades de Setif, Guelma y Kherrata.
Aquel día los argelinos salieron a a las calles a celebrar la derrota de Hitler movilizados por los propios franceses, los manifestantes entre gritos de alegria y libertad por la caida del Tercer Reich, ondearon banderas argelinas por las calles para recordar a Francia su promesa de dar la independencia a Argelia... y la respuesta de Francia fue abrir fuego contra la multitud.
Un joven argelino llamado Bouzid Saâl fue el primer manifestante asesinado simplemente por ondear la bandera argelina, lo que encendió la rabia popular que enfrentó la ocupación colonial francesa.
El general francés Raymond Duval, ante las protestas anti-colonialistas, aquel 8 de mayo ordenó "disparar a todo aquel que lleve una bandera argelina", aplicando una masiva represión a gran escala, persiguiendo y masacrando a todo aquel argelino que pidiera independencia.
Las fuerzas de ocupación francesas mataron a 45.000 personas desde el 8 de mayo hasta el 26 de junio de 1945, lo que empezó con una celebración contra el fascismo acabó siendo una masacre fascista del colonialismo.
Hasta el día de hoy, no ha habido una disculpa estatal formal de Francia a Argelia por las masacres de Setif, Guelma y Kherrata.
@AlessandraRdlv Seguro en su cabecita, chiquita - chiquitita, estas publicaciones suenan muy bien. Esperemos que aquella señora abominable Ayuso siga mendigando apoyo en México y le den algo de moronitas a la pobre. La misma que aplaude genocidios, los presentes y los del pasado.