#Cultura | La IEDI Bellavista celebra su VIII Encuentro de Saberes Ancestrales con los abuelos como protagonistas
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Otra vez una tragedia. Y otra vez: “falló la escuela”.
No.
Basta de pedirle todo a la escuela.
La violencia, el abandono, la falta de límites y de cuidado no nacen en el aula.
Los docentes sostienen lo que pueden, todos los días. No pueden reemplazar a la familia ni a la sociedad.
Si un chico llega armado, el problema empezó mucho antes.
Háganse cargo los adultos.
Porque seguir culpando a la escuela es la forma más cómoda de no asumir nada.
Dejen de culpar a los docentes y háganse cargo de sus hijos. Sáquenles las pantallas y métanlos en deportes. Mírenlos a la cara. Oblíguelos a cenar en familia. Pregúntenles cómo están, qué hicieron, si tienen tarea. Revisen sus cuadernos. Llévenlos al pediatra y al psicólogo.
Acostúmbrate a ocupar toda la cama al dormir, a volver a la hora que tú quieras a casa, a no dar explicaciones, a ver tus programas favoritos, a salir con amigos, a viajar cuando lo desees. Acostúmbrate al olor del café por las mañanas, a quedarte en casa solo porque no tienes ganas de salir. Acostúmbrate a ti, a tus cosas, a tu vida, a la soledad y sobre todo, a no esperar nada de nadie.
MIÉRCOLES 11 DE MARZO: Ten fe, mantente firme y sigue caminando con confianza. Dios está ordenando cada paso de tu vida y en el momento perfecto verás abrirse puertas que nadie podrá cerrar. Muy pronto mirarás hacia atrás y entenderás que cada lucha tenía un propósito, y agradecerás no haberte rendido.
Prepárate, porque Dios está soltando sobre tu vida un tiempo de favor, abundancia y cosecha. Lo que sembraste con lágrimas lo recogerás con alegría. Tu tiempo de bendición ha llegado. AMÉN 🙏
Hace cinco años perdí a mi único hijo. Tenía 19 años y salió de la casa una mañana normal, con los audífonos puestos. Me pidió plata para el bus, me dio un beso rápido y me dijo que regresaba temprano. Nunca volvió. Esa misma noche me llamaron del hospital. Hubo un accident3.
Después de eso, mi vida quedó partida en dos. Dejé de celebrar fechas, dejé de ir a ciertos lugares, dejé de cocinar algunas cosas que a él le gustaban. Su cuarto se quedó igual durante años. Nadie entiende lo que es perder a un hijo hasta que le pasa. No es solo la ausencia; es la sensación constante de que el mundo siguió funcionando cuando el tuyo se detuvo.
Hoy, cinco años después, salí a hacer una diligencia sencilla. Nada especial. Caminaba por una calle que no frecuento… y cuando lo vi. A dos metros de distancia. Era un joven de espaldas, pero algo en su forma de caminar me hizo detenerme. Cuando se giró, sentí que se me aflojaron las piernas. Era idéntico a mi hijo. La misma estatura, el mismo rostro, la misma forma de mirar. Por un segundo, mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza.
Tuve unas ganas inmensas de acercarme. De decir su nombre. De abrazarlo. De tocarle la cara para comprobar que estaba vivo. Sentí cómo se me llenaron los ojos de lágrimas, cómo me temblaban las manos. Pero me quedé quieta. Entendí que no era él. Que mi hijo no había vuelto. Que este joven tenía su propia vida, su propia historia, su propia madre.
Lo observé en silencio. Vi cómo hablaba por teléfono, cómo se reía, cómo ajustaba la mochila en su hombro. Cada gesto era un golp3 suave, pero constante. No quise invadir su espacio. No quise asustarlo. No quise cargarlo con un dolor que no le pertenecía. Me limité a mirarlo, desde donde estaba, como quien mira un recuerdo que camina.
Cuando se fue, no lo seguí. Me quedé ahí unos minutos más, respirando hondo, tratando de recomponerme. No sentí rabia. No sentí frustración. Sentí algo extraño, parecido a la paz. Como si la vida, por un instante, me hubiera permitido volver a verlo.
Volví a casa despacio. Lloré, sí. Pero no como otras veces. Lloré agradecida. Agradecida por haberlo tenido, aunque fuera poco tiempo. Agradecida por haberlo visto reflejado en otro rostro. Agradecida porque, de alguna forma inexplicable, sentí que Dios me dio otra oportunidad de mirarlo sin que doliera tanto.
Mi hijo sigue en el cielo. Yo sigo aquí. Y hoy entendí que el amor que le tengo no se fue con él. Sigue apareciendo, incluso donde menos lo espero.
La globalización de la indiferencia, que denunció el Papa Francisco, parece haberse transformado hoy en una globalización de la impotencia. Somos más conscientes de la injusticia y el dolor inocente, pero corremos el riesgo de quedarnos quietos, vencidos por la sensación de que no podemos hacer nada. Y no es así: la historia es salvada por los humildes, los justos, los mártires, en quienes resplandece el bien y la auténtica humanidad resiste y se renueva.
@cielo_rusinque Q locura escuchar tanta estupidez de una periodista...Por favor, los medios en manos de quien o quienes están...El odio hacia un gobernante los tiene enloquecidos y hablando sandeces a toda hora..
🚞🏎️El presidente @petrogustavo anunció que las concesiones viales que terminen su contrato, serán administradas por el Gobierno y así bajarán el costo de los peajes.
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@CarlosPinedoC Alcalde @CarlosPinedo, lo de la Essmar es atentatorio frente a la tranquilidad q exige una comunidad...Hay q acabar con esa intervención...Allí sólo hay burocracia y dinero q no se sabe en q se invierte o para donde se va
@essmar_esp@Superservicios Por qué mejor no invierten en instalar medidores para no cobrar promedios que terminan jodido Endo al usuario, cuando ni siquiera hay agua...Payasos