Guardó silencio ante su despliegue de palabras, dando un sorbo al café. Sin mucha ceremonia, deja escapar una carcajada sonora en respuesta a su insistencia, dejando la taza a un lado.
⸻Johnny, Johnny... Aunque que domines el giro es algo que me encantaría ver, tengo otras
—No sé por qué lo dices.
Aprovecha esos segundos de pausa para admirar el corcho, dándole un par de vueltas para inspeccionarlo.
—Es lo que intento. Parecía que lo tenía, pero siempre se me acaba escapando. ¡No pienso decepcionarte, eso que lo tengas bien claro!
Como si le >
músculos se relajasen y tuviera una oportunidad para cambiar las tornas, tumbandolo contra el suelo, con un brazo en su cuello.
⸻¡Dio! ¿¡Tienes el ojo!?
Se sopló un mechón del cabello, abrumado.
Empezaba a entender lo que tenía delante, más o menos, pero que a resumidas cuentas no destilaba nada bueno. Sentir la viperina en su tez le estremeció para mal, instando a alcanzar una de sus bolas de acero y colocar la rotación contra el cuello del rubio; esto haría que sus
Trataba de mantener la compostura pese a que la sudoración y la adrenalina era un gran obstáculo para sus instintos más primarios.
Era lo que más le atraía y de repente el aroma de la sangre entró por sus fosas nasales, incluso cuando solo tenía previsto rasgarle la ropa, las —
⸻Eres insoportable.
Niega con la cabeza antes de darle un buen sorbo a la petaca de agua.
⸻Te veo muy metido en el corcho, ¿algún progreso? Dominar el giro es cuestión de voluntad... Y creo que puedes hacerlo. Vaya, para que ahora me decepciones, tío. Ni se te ocurra.
—Pues mucho no escucharás por esa oreja, porque no he dicho nada de eso. Además, se te caen los pendientes de esos agujeros que tienes.
Le señala de nuevo con el índice, aunque acaba suspirando. Lanza el corcho al aire antes de atraparlo de nuevo, sin apartarle la mirada al >
camiseta, sino rasgar dermis indiscriminadamente.
⸻¿¡Qué coño quieres!? ¡Quita...!
Necesitaba alcanzar una de sus bolas de acero—pero no podía prescindir de una de sus manos.
Ha podido verlo y es que es inevitable sentir la adrenalina recorrerle como un sarpullido en la zona donde el aliento choca contra su piel.
Gruñe, intentando hacer más fuerza de la debida, para mantener distancias—pero los arañazos llegan no solo a arrancarle resquicios de
Su fuerza ahora le permitió inclinarse hacia el contrario pese a que lo sostenía de los hombros.
Pasó su nariz por el cuello ajeno, olfateándolo mientras su garganta producía sonidos del bramido típico de un cocodrilo. Se notaba por su fila de dientes que era más dinosaurio —