Señor mío. La batalla ha sido larga, y el desgaste se nota, pero también se nota que no he sido destruido. Cada golpe que el enemigo lanzó, Tú lo convertiste en formación. Cada lágrima que derramé, Tú la recogiste como semilla de algo nuevo. No permitas que mi corazón se endurezca por la decepción, ni que mi fe se apague por el cansancio. Aviva en mí el fuego de Tu Espíritu y recuérdame que mi historia no termina en la prueba. Estoy siendo preparado, moldeado y refinado para algo más grande. Que ningún rugido del infierno me haga olvidar quién está conmigo. Tú eres mi escudo, mi torre, mi roca firme. Hoy no seré víctima del caos, sino testigo de Tu poder.
En el nombre de Jesús, amén.
#danielhabif
Amado Dios, no quiero vivir un solo día más movido por la rutina o por el ego. No fui creado para sobrevivir, sino para manifestar Tu gloria. Hoy me dispongo a caminar de acuerdo a Tu propósito eterno. Si hay algo en mí que aún no se ha rendido a Ti, tráelo a la luz. Si mis planes compiten con los Tuyos, derríbalos. Y si mi corazón se ha distraído, llámalo de regreso. Hazme sensible a Tu voz, disciplinado en Tu Palabra y valiente para obedecer sin condiciones. No quiero construir fuera de Ti, ni correr hacia puertas que no abriste. Que mi tiempo, mis dones y mis palabras estén alineados con Tu reino. Reprende en mí todo orgullo, toda comparación, toda ambición vacía. Hoy me rindo al diseño que pensaste para mí antes de que naciera. En Ti lo tengo todo, fuera de Ti no tengo nada. Inquebrantable soy en Tu nombre. Amén.
A Carlos Manzo, el que no bajó la mirada
No lo mataron a él,
nos mataron a todos un poco.
A los que todavía creemos que servir al pueblo
no debería costarte la vida.
A Carlos lo alcanzó la noche
pero un hombre que camina derecho
no muere: se multiplica en la rabia de los que quedan.
Hoy México no duerme,
porque el miedo se nos volvió vecino,
porque el suelo ya no distingue
la sangre del sudor.
Y cada padre que mira a su hijo
piensa en el día que el país
deje de comerse a sus mejores hombres.
Carlos, no eras santo ni soldado,
eras uno de los nuestros:
un hombre que soñó con limpiar el lodo
y terminó tragado por él.
Pero te juro, hermano,
que mientras haya un mexicano
que se niegue a acostumbrarse,
tu nombre seguirá marchando.
No hay consuelo en la justicia tardía,
ni en las flores sobre un cuerpo valiente.
Solo queda el grito,
el puño,
la promesa:
no dejaremos que tu muerte se vuelva estadística,
ni que tu memoria se oxide en los titulares.
México es el país que entierra a sus valientes
Otra vez mi patria amanece de rodillas.
Otra vez la violencia se traga a un hombre bueno.
hay muertes que no se apagan:
arden en la conciencia de un pueblo cansado.
Hoy su sombrero vacío pesa más que una montaña.
Su hijo mirará al cielo y preguntará por qué.
Y nadie sabrá responderle
sin sentir vergüenza.
Porque no puede haber patria
si los hombres buenos no vuelven a casa.
Un país que entierra a sus valientes
acaba cavando su propia tumba.
Que el cielo te reciba con la luz
que aquí te negaron.
Y que los que quedamos
aprendamos, por fin,
a no quedarnos callados.
Descansa, Carlos,
en el lugar donde no llegan las balas.
Aquí seguiremos los vivos,
intentando merecer el suelo
que hombres como tú defendieron sin miedo.
#danielhabif