Entiendo el enojo, la decepción y hasta la vergüenza que genera casi unánimemente el presidente de la nación. Cuando el peronismo gobernó bien y le dio un buen pasar a la gente, hubo quienes se encargaron de convencerlos de que eran chorros y corruptos. Entonces eligieron “el cambio”; en todo su derecho, la ciudadanía elige y así lo hizo. El cambio era Macri. Lejos de cambiar, todo empeoró. Volvió el peronismo e hizo un mal gobierno; motivo suficiente para ir por un cambio nuevamente, más profundo aún. A casi tres años vista, nuevamente todo empeoró más todavía (y el fondo del túnel nunca llega). Los que militaron la frase “cualquiera menos el peronismo” y recorrieron la tele y los medios militando el anti peronismo, ahora están decepcionados, sorprendidos y avergonzados de un personaje que vive en Narnia, teoriza sobre realidades que no existen y encima insulta a mansalva, es un mal educado, un ordinario, y encima un inútil. Qué buzón te vendieron para que odies tanto a gente que te hacía vivir mejor? O que para que no vuelvan sigas dispuesto a fingir indiferencia ante semejante barbarie? Hoy, con el diario del lunes, los que odiabas se fueron, no están más. La más odiada está presa, ahí la tenés, donde querías. Y? Por casa como andamos?
Senadores de mierda hijos de re mil puta, cobran 12 palos para vender el futuro del país. Mercenarios, traidores, enemigos de la patria! Nos van a hacer salir con esta lluvia y vamos a salir igual por que los argentinos no somos ustedes, zombies cogidos por el primer mundo.
Celebridades. Este es el descargo correcto: “No soy inmune a la propaganda! Pido disculpas por haber sido tan ignorante de creer que un país pobre de Sudamérica es más villano que las grandes potencias del primer mundo construidas sobre la sangre de otros pueblos.”
Terminó tu paso por la vida pública.
Terminó tu paso por la política.
Terminó tu paso por los medios.
Y terminó, también, cualquier posibilidad de volver a pararte frente a un micrófono o una cámara sin que la memoria te pase factura.
Decís que renunciás por responsabilidad. Que lo hacés para cuidar al Presidente y al Gobierno.
Cada uno creerá la explicación que quiera.
Yo me quedo con un hecho mucho más simple: tu salida llega cuando las investigaciones sobre tu patrimonio y el nivel de vida que exhibís ya pesan demasiado sobre el Gobierno y las explicaciones dejaron de alcanzar.
Y te soy sincero.
No siento la más mínima lástima.
Porque durante demasiado tiempo confundiste el poder con el derecho a humillar.
Venías de los medios. Conocías el oficio. Sabías perfectamente cuál era el rol del periodismo.
Sin embargo, apenas llegaste a un cargo público, elegiste el desprecio.
Como vocero interrumpías preguntas. Descalificabas. Ridiculizabas. Tratabas a quienes preguntaban como si fueran una molestia y no ciudadanos ejerciendo su derecho a pedir explicaciones a través de la prensa.
No fue un exabrupto.
Fue una forma de ejercer el poder.
Creíste que la soberbia era inteligencia.
Que la prepotencia era autoridad.
Que humillar era gobernar.
Hasta llegaste a proponer un botón para silenciar preguntas incómodas, como si el problema fuera quien preguntaba y no quien debía responder.
Y hoy descubrís la verdad más vieja de la política.
El poder no hace grande a nadie.
El poder solamente revela quién sos.
Podrás renunciar.
Podrás esconderte.
Podrás volver a empezar donde quieras.
Pero hay una cárcel sin rejas y una condena sin jueces.
La de vivir sabiendo que el recuerdo que dejaste de vos será siempre más grande que cualquier cargo que alguna vez ocupaste.
Y esa, @madorni, es la única condena que dura toda la vida.
Fin