@fernavillarroel Jajajajajaaj eres un vulgar y oportunista remedo de humorista. Espero que en las urnas el pueblo guayaquileño te entierre y no vuelvas más a unas elecciones.
Esta carta es, sobre todo, un intento desesperado de controlar la narrativa cuando el país ya no le cree al gobierno.
Noboa no escribe como presidente rindiendo cuentas. Y ahí está el primer problema: mientras millones de ecuatorianos viven apagones, desempleo, miedo, hospitales vacíos y crisis económica, él decide hablar de trolls, carros de lujo y persecución personal.
El tono completo de la carta transmite desconexión con la realidad del país.
Dice que “no existe un problema de generación eléctrica”, cuando Ecuador vive meses de apagones devastadores, pérdidas económicas millonarias y familias enteras afectadas. Intentar negar la crisis energética después de 14 horas sin luz, es vergonzoso.
Sobre Progen, intenta reducir un escándalo nacional a un problema de “culpables individuales”, cuando la gran pregunta sigue intacta:
¿cómo un gobierno que prometió eficiencia terminó pagando millones por equipos cuestionados mientras el país colapsaba energéticamente?
Y luego está el discurso más peligroso: el enemigo abstracto.
“Mafias”.
“Los mismos de siempre”.
“Troll centers”.
“El pasado”.
Toda la carta gira alrededor de construir enemigos para evitar asumir responsabilidades. No explica resultados concretos, no presenta cifras verificables, no reconoce errores.
Y quizá el fragmento más desconectado es el de los carros.
Mientras la mayoría de ecuatorianos apenas pueden sostener la canasta básica, el presidente dedica varios párrafos a justificar autos de lujo. Aunque intente humanizarlo hablando de su padre, el mensaje termina siendo brutalmente elitista en medio de una crisis social.
Pero el cierre es lo más peligroso:
“Manténganse curiosos y críticos, pero no caigan en el juego del pasado”.
Es decir: sean críticos, pero no conmigo.
Cuestionen, pero solo a quienes yo señale.
Eso no es una invitación democrática; es una forma de deslegitimar toda oposición.
La carta no transmite fortaleza.
Transmite desgaste.
Porque cuando un presidente necesita escribir dos páginas defendiendo carros, títulos, trolls y ataques personales, mientras el país exige respuestas sobre seguridad, empleo, salud y electricidad, queda claro que el gobierno perdió el control del relato y lastimosamente el control del país.