La evolución de las paradojas sociales:
El comportamiento humano está lleno de paradojas sociales. Mostramos humildad para demostrar que somos mejores que los demás, desafiamos las normas para que nos elogien, donamos de forma anónima para recibir crédito por no buscar crédito, y buscamos estatus fingiendo que no nos importa el estatus. Estas acciones son, en realidad, señales interpersonales diseñadas para transmitir una imagen positiva (virtud, autenticidad, superioridad) mientras se oculta, tanto al emisor como al receptor, que se está enviando una señal.
Estas paradojas surgen de la interacción entre dos habilidades mentales. Por un lado, leemos indicios: observamos el comportamiento de los demás y sacamos conclusiones sobre cómo son. Por otro lado, pensamos en lo que los demás piensan sobre nosotros. Cuando alguien hace algo para parecer bueno o importante, los demás pueden detectar que lo está haciendo precisamente con esa intención. En ese momento, la señal positiva se vuelve negativa: en vez de parecer generoso o humilde, parece vanidoso o interesado.
Por eso las señales de estatus y virtud deben ser encubiertas. Tenemos que parecer desinteresados, auténticos o humildes precisamente para ganar el reconocimiento que buscamos, y lo hacemos de forma tan automática que ni nosotros mismos somos conscientes de que estamos enviando una señal. Así, el estatus y la virtud solo se consiguen cuando nadie (ni siquiera nosotros) reconoce abiertamente que se está jugando a conseguirlos.
Por qué gran parte de las ciencias sociales no son realmente ciencia:
Lorenzo Warby sostiene aquí que gran parte de las “ciencias sociales” no son realmente ciencia porque no aceptan la restricción fundamental de que todo lo social es emergente de lo biológico. Al no ser consilientes (coherentes) con las estructuras más básicas de la realidad (la biología evolutiva y la antropología evolutiva), se convierten en pseudo-ciencias que usan métodos científicos superficiales pero rechazan o ignoran los hallazgos previos sobre la naturaleza humana.
Gran parte del pensamiento social sigue siendo pre-darwiniano o abiertamente anti-darwiniano. No incorpora que los seres humanos somos producto de la evolución biológica y que lo social está mediado por lo genético. El moralismo igualitario dominante refuerza este rechazo al tratar cualquier diferencia de resultados entre grupos como prueba automática de opresión externa, en lugar de considerar la variación real en la distribución de rasgos genéticos e individuales. Esa variación, impulsada por efectos fundadores, deriva genética y diferencias culturales, es estadísticamente significativa y no puede ignorarse sin falsear el análisis.
Las fallas se manifiestan con claridad en varias disciplinas. La sociología y la antropología cultural suelen caer en el marco marxista y sus derivados, como la Teoría Crítica, que son profundamente incompatibles con la biología evolutiva y terminan promoviendo activismo ideológico en lugar de conocimiento. La economía convencional comete errores aún más costosos al tratar a las personas como partículas intercambiables, priorizar la eficiencia sobre la resiliencia y las transacciones mensurables sobre las conexiones humanas. Esto produce análisis deficientes de la inmigración masiva, que ignoran riesgos históricos de fractura social e incluso guerra civil, así como las diferencias de rasgos y capital social que los inmigrantes aportan. Al elevar el PIB y las transacciones por encima del florecimiento humano real, estas aproximaciones empobrecen la comprensión de lo que realmente sostiene una sociedad.
En definitiva, al rechazar la consiliencia con la biología, estas disciplinas no solo dejan de ser ciencia, sino que desvían recursos intelectuales y generan políticas que hacen a las sociedades occidentales operativamente más frágiles.
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La IA sin frenos puede convertir a los alumnos en dependientes:
Un equipo de investigadores quiso comprobar si el uso de la inteligencia artificial (como ChatGPT) ayuda de verdad a aprender matemáticas en el instituto o si, por el contrario, tiene efectos secundarios negativos. Para ello hicieron un experimento muy grande y riguroso en un instituto real con casi mil estudiantes de secundaria.
Dividieron a los alumnos en tres grupos y les pusieron problemas de matemáticas:
-Un grupo resolvió los ejercicios sin ninguna ayuda de IA (como siempre se ha hecho).
-Otro grupo tuvo acceso libre a una IA normal tipo ChatGPT (llamada “GPT Base”), que podía darles las respuestas completas.
-El tercer grupo usó una versión especial de IA (“GPT Tutor”) diseñada con “guardrails” o frenos: en vez de dar la solución directa, daba pistas, preguntas guiadas y explicaciones para que el alumno pensara por sí mismo.
¿Qué pasó mientras tenían la IA? Puds los resultados fueron espectaculares. Los que usaron la IA normal mejoraron un 48 % sus notas, y los que usaron la versión con guardaraíles mejoraron un 127 %. Es decir, la IA ayuda mucho cuando la tienes a mano.
Pero la cosa no paró ahí. Después, los investigadores quitaron el acceso a la IA a todos y les pusieron nuevos exámenes para ver qué habían aprendido realmente. Los alumnos que nunca habían usado IA sacaron las notas normales. Los que habían usado la IA con guardaraíles también lo hicieron bastante bien. Pero los que habían tenido acceso libre y sin límites a la IA normal sacaron un 17 % menos de nota que el grupo que nunca la había usado
¿Por qué ocurrió esto? Se cree que los estudiantes se acostumbraron a usar la IA como una “muleta”, es decir, copiaban las respuestas sin esforzarse mucho en entender. Cuando luego tenían que resolver los problemas solos, les faltaba práctica real y comprensión profunda. La IA sin controles les había hecho dependientes.
La conclusión del estudio sería que la inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero si se da acceso total y sin límites a los alumnos durante el aprendizaje, puede dañar su capacidad de aprender a largo plazo. La clave está en diseñar bien cómo se usa (con límites inteligentes que obliguen a pensar). Sin esos frenos, lo que parece una gran ayuda se convierte en un perjuicio para la educación.
@pitiklinov Una sensación similar tuve con la lectura de su libro _La hipótesis de la felicidad_, en el que un capítulo titulado "La divinidad con o sin Dios" parecía un poco fuera de lugar
"El mejor consejo que puedo dar para lidiar con un psicópata es huir"
“-¿A qué achaca que (la psicopatía) sea más frecuente en hombres que en mujeres?
La naturaleza es extraña, ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué hay más hombres daltónicos que mujeres daltónicas? Quién sabe, realmente. Tengo una teoría personal, no probada: en las relaciones de pareja, si el hombre es el psicópata, la mujer tiende a comentarlo con sus amigas y su familia, a hablar de que se siente engañada. Para la mujer es más natural hablar de ello, y eso saca más a la luz el comportamiento psicopático de los hombres. Sin embargo, aunque hoy no sea muy popular hablar de diferencias entre hombres y mujeres, existen diferencias neurobiológicas. Y es mucho más infrecuente que un hombre que sufre un comportamiento psicopático por parte de su pareja hable de ello con sus amigos o su familia: normalmente se siente mal y se queda callado.
-Las estadísticas hablan de un 75% de hombres psicópatas frente a un 25% de mujeres. ¿Coincide con esa proporción?
Personalmente creo que está más cerca del 50-50. Es como la economía sumergida: muy difícil de estimar precisamente porque está oculta. Hay una cantidad inestimable de mujeres psicópatas que normalmente no conocemos, justo porque los hombres se sienten incapaces de hablar de ello y de decir que se sienten engañados, manipulados o maltratados.”
-“¿Eso incluye a los líderes mundiales?
Estoy convencido al 100% de que el mundo está dirigido por psicópatas. Suena dramático, pero lo es: no hay más que ver cómo ha ido el mundo, las cosas tan terribles que ha hecho el ser humano a lo largo de la historia. Estas personas tienen una agenda oculta para dominar el mundo, y esto no es solo Hitler, Stalin o Mao: está en todas las organizaciones, porque ahí está el poder.”
“-¿Y nos podría dar al menos un nombre de psicópata de manual?
No es solo personajes ultrafamosos como Hitler, Stalin, Mao o Pol Pot, que hicieron cosas horrendas. Yo diría que el psicópata más famoso ni siquiera es una persona real: es James Bond. Es encantador, ingenioso, guapo... esos son todos los rasgos del psicópata. Lo que pasa es que está de nuestro lado, del mundo industrializado, y por eso nos gusta, pero es un psicópata de libro.”
“-Entonces, ¿cuál es el mejor consejo en esos casos?
El mejor consejo que puedo dar para lidiar con un psicópata es huir. ¿Es fácil? No. Pero hay que tener en cuenta que el psicópata no va a cambiar, es imposible: no es una enfermedad mental, es un trastorno de la personalidad. Es como empeñarse en que un daltónico vea todos los colores: por mucho que te empeñes, no va a ocurrir, es físicamente imposible.
-¿Y si huir significa renunciar a tu propia vida tal y como la conocías, incluso al trabajo de tus sueños?
Ante esos comportamientos tóxicos hay que actuar rápidamente, no hay que esperar. Conozco a personas que, para huir de un psicópata, han cambiado de país, de trabajo, incluso el que parecía el trabajo de sus sueños. Muchas veces me dicen: "¿Cómo voy a dejar este trabajo, si es el trabajo de mis sueños?". Y yo les digo: "¿Es el trabajo de tus sueños conviviendo cada día con un jefe que es psicópata? Huye". La vida es demasiado corta para lidiar con este tipo de personas. Y, además, el trastorno de estrés postraumático es un agujero en el que se entra, pero no se sabe cuándo ni cómo se sale. Suena dramático, pero creo que no hay otra forma.”
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Moralidad Estratégica: Las personas usan la moral como herramienta para defender sus intereses personales, pero lo hacen enmarcándolo siempre como principios cooperativos universales (y a menudo se lo creen).
La moral va de someter los intereses y egoísmo individuales al bien común. La teoría mas aceptada actualmente es que la moral es un instrumento para la cooperación. Según esta visión, cuando juzgamos algo como moral o inmoral, lo hacemos porque percibimos que afecta la cooperación social. Sin embargo, las personas usan los principios morales cooperativos al servicio de su propio interés y a eso los autores lo llaman “moralidad estratégica”. Muchas veces las personas no siempre son conscientes de este uso estratégico. Experimentan genuinamente sus posiciones como principios morales -es decir, lo visten todo de cooperacion-, pero estas posiciones están calibradas (a menudo de forma implícita) según lo que les conviene egoístamente.
Según su modelo, las personas perciben de forma implícita qué posturas morales les benefician o les perjudican según sus circunstancias vitales (lo que denominan “oportunidades morales”). Por ejemplo, una persona con una estrategia de vida orientada a relaciones estables tenderá a ver con peores ojos el aborto o las relaciones sexuales casuales, mientras que alguien con una estrategia más orientada al corto plazo puede percibir estas mismas cuestiones de otra manera.
Un aspecto importante es que las personas rara vez justifican sus posiciones apelando abiertamente a su interés propio. En su lugar, “visten” sus opiniones con argumentos de principios generales y cooperativos. Un ejemplo claro es el debate sobre el aborto. Por ejemplo, alguien que se opone principalmente porque considera que facilita el sexo sin consecuencias puede terminar justificando su postura diciendo que “un feto es un ser humano y terminar su vida es un asesinato”. Aunque la primera motivación sea más cercana a su interés real, la segunda resulta mucho más efectiva socialmente.
Los autores también señalan que existe un límite a esta estrategia: no se puede defender cualquier posición por muy interesada que sea. Para que una postura sea tomada en serio como moral, debe poder justificarse de forma mínimamente plausible dentro de la gramática cooperativa. Si no es posible, la posición se percibe rápidamente como puro egoísmo y pierde credibilidad.
El artículo revisa evidencia de este patrón en varios ámbitos, como las actitudes morales relacionadas con el sexo y las relaciones de pareja, las opiniones sobre redistribución económica, o la forma en que juzgamos el carácter moral de otras personas según nos convenga o no tenerlas como aliados.
Finalmente, los autores defienden que la moralidad estratégica no compite con las teorías que destacan la función cooperativa de la moral, sino que las complementa. La moralidad puede cumplir una función social cooperativa importante y, al mismo tiempo, ser utilizada de forma estratégica por los individuos. Entenderla desde estas dos perspectivas permite explicar mejor por qué las personas discrepan tanto en cuestiones morales y por qué sus posiciones suelen ajustarse, en mayor o menor medida, a lo que les conviene según su situación vital.
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Los antidepresivos son analgésicos para el dolor mental:
En este artículo, el psiquiatra y evolucionista Randolph Nesse propone una forma muy clara y útil de entender los antidepresivos: no son medicamentos que “curan” una enfermedad cerebral, sino analgésicos para el dolor mental.
Así como la aspirina o el paracetamol no curan la causa de un dolor de cabeza o de muelas, sino que bloquean el mecanismo del dolor, los antidepresivos reducen el dolor emocional (la baja profunda del ánimo, la desesperanza, la rumiación, etc.) sin necesariamente arreglar la causa subyacente.
Nesse argumenta que la depresión suele ser una respuesta normal pero exagerada del cerebro (como la tos o la fiebre), diseñada por la evolución para protegernos: nos obliga a parar, retirarnos y evitar situaciones dañinas. El problema es que, al igual que un dolor crónico, esta respuesta puede volverse desproporcionada y paralizante. Los antidepresivos actúan bloqueando parte de ese mecanismo de dolor emocional, igual que un analgésico.
Por tanto, tratar el dolor mental con medicamentos es tan legítimo como tratar el dolor físico. Pero es fundamental buscar las causas vitales (problemas de relación, objetivos frustrados, pérdidas, etc.) además de medicar.
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¿Y si no son los teléfonos? Un psicólogo evolucionista desafía a Haidt sobre la crisis mental de los niños:
Este artículo de The Atlantic presenta el enfrentamiento entre dos influyentes psicólogos: Peter Gray y Jonathan Haidt sobre el tema de los efectos perjudiciales de los móviles y las redes en la salud mental de los jóvenes. Gray, de 82 años, defensor de la teoría evolutiva del juego libre y autor de Free to Learn, sostiene que la verdadera causa de la crisis de salud mental en niños y adolescentes no son los smartphones ni las redes sociales, sino la pérdida progresiva de autonomía y juego no estructurado que comenzó hace décadas, mucho antes de los teléfonos. Para él, los niños necesitan explorar el mundo (incluido el digital) de forma independiente para desarrollar resiliencia, resolver problemas y gestionar emociones. Gray critica duramente el libro de Haidt The Anxious Generation, al que considera “antiético” porque promueve restringir aún más la libertad de los niños quitándoles los dispositivos, en lugar de devolverles autonomía. Esto a pesar de que Haidt ha citado su trabajo y está de acuerdo con él en lo referente al mundo “físico”.
Gray argumenta que la verdadera responsable es la sobreprotección y la escolarización intensiva (como el Common Core en EE.UU. desde 2010), que aumentó el estrés escolar drásticamente. Señala que los videojuegos y el internet temprano (años 90-2010) incluso mejoraron la salud mental al dar a los niños un espacio propio de juego y competencia. Para Gray, prohibir redes sociales a menores de 16 años viola derechos humanos y sigue la misma lógica fallida que antes limitaba el juego físico.
El artículo muestra el debate: Haidt mantiene que las redes sociales y los teléfonos son el factor principal de la “reconfiguración” del cerebro infantil y la epidemia de ansiedad/depresión. Gray, por su parte, prepara un libro de respuesta (Restoring Childhood) para septiembre de 2026. La autora deja claro que ambos tienen evidencias y que el consenso científico es mixto e inconcluso, pero Gray representa una voz contraria que gana terreno entre quienes rechazan la “pánico moral” sobre la tecnología.
Os pongo un párrafo donde Gray aplica la filosofía de que los niños necesitan juego libre también al mundo virtual, el principal punto de fricción con Haidt:
“Solo recientemente Gray ha ampliado su idea de una forma que no resulta tan popular. La necesidad de los niños de tener juego y exploración no estructurados (guiados por algunas reglas de seguridad y sentido común) no se limita solo a solares vacíos, parques urbanos o patios de las afueras, dice él, sino que también se aplica a otros entornos. Ahora se extiende a los espacios salvajes de internet. «Para crecer bien, los niños tienen que poder jugar en el mundo en el que están creciendo», me dijo cuando hablamos en su casa a finales del invierno. Los niños deben ser libres para jugar sin la supervisión de sus padres, insiste Gray, incluso cuando están en línea.”
“Hay una diferencia importante entre quien cree tener razón y quien cree representar el Bien con mayúsculas. El primero todavía puede discutir. El segundo suele considerar que discutir es una pérdida de tiempo. Si alguien discrepa, el problema no está en el argumento, sino en la calidad moral del interlocutor. Y una vez que uno empieza a clasificar a las personas en lugar de examinar las ideas, el viaje de vuelta se vuelve sorprendentemente largo.
Quizá por eso las sociedades más saludables no son las que producen más personas convencidas de su virtud, sino las que consiguen que incluso las mejores intenciones pasen por controles exhaustivos. Nadie se ofende porque revisen las cuentas de un banco. Al contrario, nos tranquiliza. Sin embargo, cuando alguien propone someter a examen una causa noble, una campaña solidaria o una política presentada como incuestionablemente justa, enseguida aparece quien interpreta la pregunta como una traición. Es una reacción curiosa. Si una idea es realmente buena, debería sobrevivir sin demasiados problemas a unas cuantas preguntas difíciles.”
https://t.co/qKdrlWEUEY
Estas declaraciones de la Ministra de Igualdad, Ana Redondo, son un ejemplo de misandria y sexismo contra los hombres.
Llamar “especies radicalmente distintas” a hombres y mujeres, aparte de falso científicamente, es una forma de degradar al grupo masculino. Implica una idea de inferioridad, decir que hay que “ayudar a evolucionar” a los hombres implica que están en un escalón inferior al de las mujeres en lo social, emocional y moral. Es exactamente el mismo mecanismo que el sexismo tradicional contra las mujeres, pero invertido: “las mujeres somos más avanzadas, los hombres necesitan ser corregidos y mejorados”.
Son claramente un ejemplo de prejuicio basado en el sexo. Atribuye características negativas generales a todos los hombres (emocionalmente inmaduros, anclados en privilegios, negadores de sentimientos y debilidad). No habla de comportamientos individuales, sino del “género masculino” como un colectivo defectuoso.
Por otro lado, implican un doble rasero evidente: Si un político dijera que las mujeres son una especie distinta y hay que ayudarlas a evolucionar (porque están ancladas en estereotipos emocionales, victimismo, etc.), le caerían encima acusaciones de misoginia, cancelación y dimisión inmediata. Aquí es la ministra de Igualdad quien lo dice y la noticia se trata como algo normal.
Y hay que tener en cuenta el contexto de poder. No es una tuitera random la que dice esto. Es la titular del Ministerio de Igualdad del Gobierno de España. Cuando la persona que gestiona las políticas de “igualdad” habla así del 50 % de la población, no es una opinión inocente, es discurso institucional con carga ideológica.
Luego se extrañan de que los jóvenes no se identifiquen como feministas y culpan a la Manosfera. El feminismo institucional no tiene nada que ver, claro.
Esto es de guardar:
El verdadero propósito de la propaganda es demostrar poder y generar miedo
El verdadero propósito de la propaganda autoritaria no es tanto convencer o “lavar el cerebro” a la población, como se suele pensar. Según Rob Henderson, basándose en el trabajo del politólogo Haifeng Huang, los regímenes emiten mensajes absurdos, repetitivos y obviamente falsos porque su objetivo principal es recordar a los ciudadanos quién tiene el poder absoluto.
Al inundar las calles, la televisión, internet y todos los espacios públicos con la misma propaganda -aunque todo el mundo sepa que es mentira-, el régimen demuestra que dispone de recursos inmensos y de la capacidad de obligar a la sociedad a tragársela diariamente. Esta exhibición constante de fuerza actúa como una señal costosa: solo un gobierno muy poderoso puede permitirse gastar tanto dinero y esfuerzo en algo tan ineficaz para convencer, pero tan efectivo para intimidar.
De esta manera, la propaganda no busca que la gente crea sinceramente en el mensaje, sino que se sienta impotente y temerosa de disentir. Al ver que el régimen puede imponer absurdos sin que nadie pueda impedirlo, los ciudadanos aprenden a callar, a autocensurarse y a actuar “como si” apoyaran al poder. Así se reduce el riesgo de rebelión, se controla el discurso público y se mantiene el dominio. En definitiva, la propaganda autoritaria es más una herramienta de intimidación y exhibición de fuerza que de persuasión ideológica.
Algunos extractos:
«La propaganda busca infundir miedo en la gente, no lavarle el cerebro. El mensaje es: Puede que no creas en nuestros valores o actitudes a favor del régimen, pero nos aseguraremos de que estés demasiado asustado como para hacer algo al respecto.»
«Los regímenes autoritarios no necesariamente intentan convencerte de nada. Intentan recordarte su poder.»
«Incluso si todo el mundo sabe que lo que está viendo es una tontería, el hecho de que todo el mundo lo esté viendo significa que el régimen es lo suficientemente fuerte como para difundir basura.»
«En mi estudio de las sociedades comunistas llegué a la conclusión de que el propósito de la propaganda comunista no era persuadir ni convencer, ni tampoco informar, sino humillar; y por eso, cuanto menos se correspondiera con la realidad, mejor. Cuando la gente se ve obligada a permanecer en silencio mientras se le dicen las mentiras más evidentes, o peor aún, cuando se ve obligada a repetir ella misma esas mentiras, pierde para siempre su sentido de la probidad. Asentir a mentiras evidentes es cooperar con el mal y, en cierta medida, convertirse uno mismo en malvado. La capacidad de resistir cualquier cosa se erosiona así y hasta se destruye. Una sociedad de mentirosos emasculados es fácil de controlar.»
-Theodore Dalrymple
"La teoría ampliamente aceptada de la autodomesticación humana afirma que lo que hizo posible la civilización fue matar y expulsar a los hombres antisociales y violentos. En cierto sentido, «hacer cumplir la ley con dureza» (o «policía dura») es el fundamento de nuestra especie."
La Universidad tal y como la conocemos está acabada:
La universidad moderna, a la que Clark Kerr llamó “multiversidad” en los años 60, es un gran conglomerado que combina investigación científica, formación profesional, entrega de títulos, experiencia de madurez y creación de élites técnicas. Durante décadas funcionó como motor del progreso estadounidense, pero ese modelo ya está en crisis desde hace tiempo y la inteligencia artificial le ha dado el golpe final.
Los problemas acumulados son muchos: matrículas disparadas, deuda estudiantil masiva, profesores precarios en lugar de titulares, y un enfoque cada vez más vocacional que ha perdido el apoyo público. Ahora, con la IA, todo se acelera ya que los alumnos pueden generar ensayos en minutos y los alumnos disponen de tutores artificiales infinitamente pacientes. Las clases magistrales, los trabajos escritos y los títulos tradicionales pierden sentido porque la tecnología hace obsoletas las herramientas que unían todo el sistema.
Esto no es necesariamente una mala noticia ya que al desmontarse la multiversidad, se pueden separar sus funciones, es decir, la investigación de élite puede ir a otros sitios o la formación profesional puede volverse más eficiente. La educación real también puede volver a un modelo clásico, con tutorías, seminarios pequeños y atención personalizada.
El futuro estaría en enseñar lo que la IA no puede hacer bien: construir confianza, desarrollar gusto y estilo personal, fijar metas propias y aprender a pensar de forma crítica y autodisciplinada. La universidad puede recuperar su esencia formativa, centrada en relaciones humanas y en cultivar capacidades profundas que la máquina no sustituye.
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“Mi argumento fundamental es que los conceptos de enfermedad mental se han expandido de formas que pueden estar empeorando nuestra salud mental.”
Nick Haslam argumenta aquí que una parte importante del aumento en las quejas y diagnósticos de salud mental no se debe solo a que la gente esté peor, sino a que hemos ampliado mucho los conceptos de lo que significa tener un problema de salud mental.
Conceptos como ansiedad, trauma, depresión o trastorno se usan ahora para describir una gama mucho más amplia de experiencias. Antes se reservaban para casos más graves o específicos, pero con el tiempo han bajado el umbral y se aplican a situaciones más leves o cotidianas. Este fenómeno Haslam lo ha llamado “concept creep” o expansión de concepto y se debe principalmente a dos cosas. Por un lado, a una mayor sensibilidad cultural hacia cualquier tipo de daño o sufrimiento. Por otro, a la creciente influencia de la industria de la salud mental que difunde estos términos en escuelas, redes sociales y medios.
Como consecuencia, más personas interpretan su malestar normal como una enfermedad. Esto lleva a autodiagnósticos, adopción de identidades diagnósticas y un aumento en la búsqueda de tratamientos. Aunque en muchos casos ayuda a reconocer problemas reales y reducir el estigma, también puede tener efectos negativos como hacer que el malestar se sienta como más grave y duradero. También puede reducir la resiliencia natural de las personas y genera procesos que empeoran la salud mental de forma irónica.
Haslam no niega que existan dificultades reales ni que los tratamientos sean útiles. Simplemente señala que esta inflación de los conceptos contribuye a inflar las cifras de problemas de salud mental y puede estar empeorando la situación en lugar de mejorarla. Por eso propone que las políticas públicas tengan más cuidado con las campañas de concienciación para evitar la sobrepatologización de experiencias normales de la vida.
Por qué deberíamos dejar de hablar tanto de “salud mental”:
Este artículo de Ashley Frawley en Compact Magazine me ha parecido muy interesante. Básicamente, la autora argumenta que todas las campañas de “concienciación” y “hablar más” sobre salud mental no están mejorando las cosas, sino que las están empeorando: pathologizan experiencias normales, aumentan los autodiagnósticos y crean más demanda de servicios terapéuticos. Coincide con Haslam, al que cita, y del que acabo de poner un post. En lugar de curar, el exceso de discurso terapéutico fabrica más “enfermos”.
Pero un punto que me ha parecido destacable de este artículo es éste:
“Otra razón por la que los funcionarios gubernamentales prefieren centrarse en la salud mental es que sugiere que los problemas pueden resolverse sin abordar los conflictos sociales fundamentales. Por ejemplo, en su Enfoque Integral de la Salud Mental, la Unión Europea señala que ‘las tasas de suicidio entre los agricultores son un 20 % más altas que la media nacional en ciertos Estados miembros’. Este triste hecho es la razón por la que, continúa el informe, ‘se ofrecerá apoyo para fortalecer su resiliencia’. Uno podría perdonar que se olvide que, en toda Europa en 2023 y 2024, los agricultores llevaron tractores a las capitales para protestar contra políticas elaboradas por burócratas de la UE lejanos que impactaban directa y gravemente en sus medios de vida. El marco de la salud mental asegura que cuestiones como quién recibe qué y quién decide se saquen del ámbito de la política y se pongan en manos de tecnócratas. El mundo económico, que realmente gobierna la lógica de nuestras vidas, es para los tecnócratas; la vida mental es para el resto de nosotros.”
Es una crítica muy potente y precisa: el discurso de la “salud mental” funciona como una herramienta despolitizadora. En lugar de discutir políticas concretas (subvenciones, regulaciones, precios, burocracia, etc.) que afectan la vida de los agricultores u otros grupos, se reformula todo como un problema individual de “resiliencia”, “bienestar mental” o necesidad de apoyo psicológico.
Así se evita el conflicto político real y se traslada la responsabilidad al individuo o a intervenciones técnicas/psicológicas. Se eluden las causas sociales en trastornos como la depresión o el suicidio y se transmite el mensaje de que todo el problema está en la cabeza de las personas con trastornos mentales y hay que solucionarlo con medicamentos o con psicoterapia.
Es el mismo truco que se aplica al suicidio masculino continuamente: el problema del suicidio masculino está en la cabeza de los hombres que no saben pedir ayuda por esos estereotipos de que hay que ser duro y esas cosas. Y así nos evitamos hacer nada al respecto de la cantidad de factores sociales, políticos, económicos, relacionales, laborales, y en conjunto a las condiciones materiales que generan el sufrimiento que lleva a los hombres a considerar el suicidio.
No es verdad que los opuestos se atraen:
Un gran estudio realizado con más de 41.000 personas de 74 países demostró que los opuestos no se atraen en las relaciones de pareja. Lo que realmente importa depende del tipo de cualidad que miramos.
En rasgos positivos como la amabilidad y el atractivo físico, lo mejor es que veas a tu pareja como más amable y más atractiva que tú mismo. Cuanto mejor califiques a tu pareja en estas cualidades (y cuanto mejor te califiques tú también), más feliz y satisfecha será la relación. La amabilidad es el factor más importante de todos.
En cambio, en temas de valores, como la orientación política, lo que funciona es la similitud. Cuanto más parecidas sean las opiniones políticas de la pareja, mejor va la relación. Las grandes diferencias en estos temas suelen bajar la satisfacción.
Las diferencias entre hombres y mujeres son muy pequeñas. Lo que sí cambia mucho es el país y la cultura: en lugares más modernos, la amabilidad y el atractivo pesan más; en países menos desarrollados, importan más cosas como la clase social y la educación.
En resumen, los opuestos casi nunca ayudan. Para ser feliz en pareja es mejor buscar similitud en valores y ver al otro como alguien especialmente bueno en las cualidades positivas.
A los jefes narcisistas no les gusta el teletrabajo porque pierden poder y admiración:
Según los autores de este articulo del NYT, muchas empresas han obligado a los empleados a volver a la oficina a tiempo completo (un tercio en EE.UU.) a pesar de que los datos muestran que no aumenta la productividad. Los líderes justifican esta decisión con argumentos de colaboración, creatividad o cultura, pero la investigación revela que el verdadero motivo suele ser el ego y el narcisismo.
Los líderes más narcisistas (medido por rasgos como necesidad de poder, estatus, paquetes salariales exagerados, firmas grandes y fotos prominentes) ven el trabajo remoto como una amenaza a su autoridad. Les cuesta menos controlar, intimidar y recibir admiración cuando la gente está físicamente presente. En cambio, en Zoom se diluyen en una pantalla de cuadraditos, pierden el contacto visual dominante y reciben menos atención inmediata.
Los estudios de los autores (miles de ejecutivos y supervisores) muestran que el narcisismo es el rasgo que mejor predice la oposición al trabajo híbrido o remoto.
Según ellos, forzar la vuelta total a la oficina reduce la satisfacción, aumenta la rotación de talento y no mejora los resultados. El trabajo híbrido (1-2 días en oficina) es mejor para la mayoría ya que permite concentración en casa y colaboración presencial cuando es necesario.
La moral como instrumento de control social:
Aquí están hablando de la esclavitud pero no es de eso de lo que quiero hablar.
Me interesa mucho el mecanismo que describe Hicks de cómo se usa la moral como control social de la gente en general y de tus adversarios políticos en particular. Vamos con ello.
El mecanismo funciona así: Se elige un tema sensible y, en vez de debatir con datos, lógica y argumentos, se reformula tu crítica como una acusación moral grave contra ti. No te dicen “estás equivocado por esto y esto”, te dicen directamente que eres una mala persona.
Ejemplos del día a día:
-Criticas la ley de violencia de género porque se carga la presunción de inocencia y la igualdad ante la ley, y te contestan: “Entonces quieres que mueran mujeres”.
-Dices que un hombre biológico no es una mujer, o que no debe competir en deportes femeninos, y te contestan que “Eres transfóbico, quieres que se suiciden los trans, quieres borrarlos y haces discurso de odio”.
-Cuestionas alguna política feminista con datos (pongamos el 0,01 de denuncias falsas) y no te discuten los datos sino que te dicen que “Eres machista”.
-Cuestionas cualquier cosa relacionada con las vacunas, las mascarillas, la inmunidad natural, los pasaportes vacunales, las medidas de encierro durante la pandemia, lo que sea…y te contestan “Eres un mataabuelas y un antivacunas”
-Cuestionas algo relacionado con el cambio climático y te sueltan: “Eres un negacionista, quieres acabar con el planeta y con las generaciones futuras”
Este segundo debate deja de ser sobre hechos y se convierte en: “¿eres o no eres una mala persona?”.
Y esta es la jugada maestra que menciona Hicks: usan tu propia moralidad contra ti.
Saben que a ti sí te importa no hacer daño, ser justo y no ser visto como alguien malo. Esa sensibilidad es precisamente lo que atacan. Te generan culpa, vergüenza o tristeza, y eso te debilita. Una persona que se siente culpable o avergonzada es mucho más fácil de manipular, de hacer callar o de obligar a ceder.
Es un desarme psicológico previo. Ya no defiendes una idea… ahora estás defendiendo tu propia decencia. Y eso agota y desmoraliza. Yo lo llamo blindaje moral. Los distintos grupos blindan sus relatos con esta armadura y estas etiquetas morales en vez de con argumentos y datos.
La moralidad es una herramienta con una cara positiva (te hace buscar la verdad y ser mejor), pero los que me leéis sabéis que yo pienso que tiene también un lado oscuro y muchos peligros. Este que comentamos es uno de ellos: su uso como como arma de control social y cultural. Esta maquinaria psicológica que he descrito la vemos todo el rato.
Censura en la revista del Colegio de Psicólogos de Nueva Zelanda:
El Colegio de Psicólogos Clínicos de Nueva Zelanda (NZCCP) ha retirado un artículo que ya había sido revisado por pares y publicado en su propia revista. El artículo se titulaba: "Don’t Just Tell Me, Show Me How Science and Psychology Are Racist in New Zealand”.
¿Qué decía el artículo?
Que la psicología clínica debe seguir basándose en evidencia científica rigurosa, y que no se debe dar igual peso a “mátauranga Māori” (maneras de conocer tradicionales) si no demuestran ser efectivas para ayudar a los pacientes. Defendía que el modelo científico es el que mejor sirve a todos los clientes, incluidos los Māori.
¿Por qué lo borraron?
No por fraude, plagio, ni errores.
Lo retiraron porque el Consejo del NZCCP consideró que era “inconsistente con sus valores” y que “podía perpetuar el daño a los Māori”.
¿Quién escribió el artículo?
El artículo lo escribió la Dra. Arna Mitchell, una psicóloga clínica Māori, profundamente involucrada en su cultura, que ha trabajado con comunidades Māori y valora enormemente su identidad.
Así que una psicóloga Māori defendiendo la ciencia… es censurada para proteger a los Māori.
La ex-editora de la revista durante 11 años, Dra. Kumari Valentine, lo resumió perfectamente: esto no es una retractación normal. Es censura. Los desacuerdos académicos se resuelven con debate, no borrando artículos ya publicados. Esto marca un precedente muy peligroso ya que se priorizan “valores” e ideología por encima de la evidencia y la libertad académica.
Link al artículo completo (archivado):
https://t.co/mJc4dH5ywY
Link al post de Valentine:
https://t.co/XIhLB7hdnd