@eltiurrutia@CamilusAugustus Eso no lo decidió carlos calero sino la señora en su vida, no sabemos que le sucedió, no sabemos.
Por lo menos trabaja como toda persona honrrada y no está en las calles o en las drogas etc
@KotoBloodwell@tobonvillada Esos ñerbo-quinteristas la tienen muy fácil, el modus operandi de esas lacras es solo pedir pedir y pedir, exigir y exigir, Pero ellos nunca dan nada ni exponen los procesos.
Aliados a los bandidos.
Hay personas que nacen y ya son enemigos de la naturaleza, desfavorecidos, por eso destilan resentimiento.
(Tuiteaba esto mientras observaba una lesbiana macho expulsando odio)
@richsoftyouknow Es lo correcto, que tiene de raro?
Primero yo, no te enteras, es igual para ellos y no es aporofobia precisamente, tu condesendenciaia solo sirve de texto.
@Adict96@tearslow Si tuviera verificado que dirías
Quizás te toco una situación dura por eso piensas así, Pero no tengo duda que también tendrías una empleada doméstica de tener una gran mansión.
@PaisaArrecho2@tearslow Lo que muestra es una fking señora que a trabajado todo el tiempo con una misma familia, no se podía inventar un "argumento" mejor?
Quizás ella no tenía otras competencias y se acomodo a ese empleo.
Hizo más por la sociedad que much@s que caen en otras condiciones.
@elinstigador001@betico_azul@danitocrc Cuál es el problema de chuparsela a unos o a otros?
Si se la chupas a los comunistas eres negro y resentido.
Si se la chupas a los gringos eres play y generas resentimiento en los negros.
@Orientaldelsur1@Carlosmcepeda@Apu_elrojo Y ud se lo cree 🤣
Quien hizo ese "estudio"? $$$
Los votantes de Trump son hombres blancos con raciocinio que se identifican con Trump,cree UD que van a preferir votar por la kamala Harris? si te ponen un uruguayo o un argento q te llama provincia no vas a votar por el argento.
Para la Izquierda...
Si mejoras tu situación económica, eres un traidor de clase.
Si te gusta tu trabajo, eres un traidor de clase.
Si tu jefe te cae bien, eres un traidor de clase.
Si prefieres emprender antes que protestar, eres un traidor de clase.
Si te alegras porque tu negocio vende bien, eres un traidor de clase.
Si quieres que tu empleador gane dinero para que pueda seguir empleándote, eres un traidor de clase.
Si compras en el supermercado, eres un traidor de clase.
Si provienes de una familia humilde y logras comprarte una casa, eres un traidor de clase.
Si tienes un amigo rico y no lo consideras moralmente inferior, eres un traidor de clase.
🧐 Y lo más esquizofrénico es que ningún marxista puede darte una definición universal de clase social.
Como antiguo militante del marxismo, quisiera que me permitan contarles algo que considero importante: mi etapa como marxista fue, sin duda, tiempo perdido.
Perdí años de mi vida militando por ideas que prometían cambiar el mundo y que, al final, no cambiaron absolutamente nada. De hecho, lo empeoraron todo.
Marchas, campañas, donaciones, activismo, propaganda. Siempre buscando alguna excusa fantasiosa para sacrificar mi tiempo, dinero y energía.
¿Y para qué?
Para terminar agotado, con menos recursos y con los mismos problemas de siempre.
También hice campaña por políticos de Izquierda que prometían cambiar las cosas. Les dí mi confianza y apoyo incondicional.
Y una y otra vez me estafaron, junto a toda una generación de izquierdistas ingenuos.
Pero el costo más grande no fue económico.
Fueron las amistades que perdí.
Porque la Izquierda consiguió algo verdaderamente monstruoso: hacer que mire a mis propios amigos como enemigos.
Colegas de años pasaron a convertirse en “traidores de clase” simplemente porque discrepaban conmigo.
Una camaradería construida durante años terminaba de un día para otro por una simple discusión sobre política.
Y lo peor es que terminaba creyendo que romper una amistad por política no era algo disfuncional, sino un acto de coherencia.
Qué estupidez.
Algo similar ocurrió con mi familia.
Personas que habían estado conmigo toda la vida podían convertirse, bajo esta lógica enferma, en personas por las que perdía todo respeto.
A personas cercanas que tuvieran cualquier tipo de éxito o dinero, las llegué a juzgar como “explotadoras y privilegiadas”.
Cuánta ignorancia.
Llegué a mirar con odio a personas que nunca me hicieron daño, simplemente porque la ideología me enseñó que eran gente sin “conciencia de clase”.
Y ahí entendí el verdadero peligro.
Cuando me dí cuenta de que estaba sacrificando relaciones reales por fantasías enfermas que el marxismo había implantado en mi mente.
La Izquierda me hizo creer que estaba luchando por la humanidad mientras desperdiciaba mi vida.
En lugar de buscar formas de servir a mi prójimo, buscaba justificaciones para menospreciarlo.
Me autoengañaba diciéndome que estaba colaborando a construir un mundo mejor, cuando en realidad solo deterioraba el mío.
Ese fue el tiempo perdido.
Hoy miro hacia atrás y no siento nostalgia.
Siento alivio.
Porque felizmente esa etapa terminó.
La época oscura quedó atrás.
Y si algo aprendí de ella es que el marxismo no solo destruye países, también te destruye por dentro, destruye tu alma.
Eduquen a sus hijos para que no repitan estos errores, que no sigan el camino de la indecencia marxista y no desperdicien porciones importantes de su vida por una ideología criminal que lo único que hace es extirpar tiempo, dinero y moral.