La denuncia contra Reborder ante el INADI (o como se llame ahora) es un delirio. No acusó al pueblo judío de incendiar la Patagonia; cuestionó, con ironía, que en lugar de abordar un tema tan delicado como lo es la destrucción de más de 50.000 hectáreas de bosques nativos, algunas voces lo hayan convertido en un conflicto entre judíos y antisemitas. No hace falta ser demasiado brillante para entenderlo dado que el léxico que maneja el comunicador ni siquiera es tan complejo.
Y sí, para quienes tenemos claro que el Templo es Cristo Jesús, resucitado al tercer día, el resto son paredes de piedra. Tres carajos nos importa si alguien se ofende.
Es preocupante la apatía de la sociedad frente a los documentos que prueban que una élite con gran influencia sobre todos nosotros se reunía a planificar cómo hacernos pija mientras violaban pibitas y comían bebés.
El mundo está, oficialmente, en su pico de retraso mental.