En conclusión, Resident Evil Requiem es una carta de amor a los fans de toda la vida y una puerta de entrada perfecta para nuevos jugadores. Tensión, carisma y excelente diseño jugable.
Nota: 9'5/10.
Por su parte, las secciones de Leon satisfacen a los fans de la era moderna de la acción táctica. Gestión del clásico maletín, mejoras de armas mecánicas cuerpo a cuerpo brutales con su hacha y contraataques. El contraste entre ambos personajes empasta genial.
¿Lo mejor? No solo ofrece una campaña sólida e intensa, sino que al terminarla desbloqueas extras muy suculentos como el modo "Leon Must Die Forever", ideal para los que buscan un reto desmedido.
El diseño de niveles con Grace recupera la claustrofobia de los mejores survival horror. Además, la inclusión de habitaciones completamente oscuras donde es imposible interactuar o ver nada si no llevas una fuente de luz cambia por completo la exploración.
El acierto total de Capcom esta vez ha sido la libertad de perspectiva. Puedes alternar entre primera y tercera persona en cualquier momento de la partida. ¿Te marea la primera persona o prefieres pasarlo mal de cerca? Lo configuras a tu gusto con un solo botón.
La historia nos devuelve a la raíces con el regreso espiritual a Raccoon City y plantea una estructura dual brillante:
Grace Ashcroft: Pura tensión, investigación, escasez de recursos y terror agobiante.
Leon S. Kennedy: Acción más directa, veterano y con un ritmo frenético.
Acabo de terminar Resident Evil Requiem y qué manera de celebrar los 30 años de la saga. Capcom ha cogido lo mejor del terror clásico, le ha sumado un apartado técnico de infarto con el RE Engine y nos trae una de las entregas más redondas de los últimos años.
Aunque no se llevaron el primer premio, "El cielo de Cádiz" se ganó el cariño eterno de la afición. Es de esas comparsas que, más de 25 años después, se siguen escuchando en reuniones y se estudian como manual de cómo cantarle a Cádiz con elegancia.
Tino Tovar ya venía pisando fuerte, pero con "El cielo de Cádiz" dio un golpe sobre la mesa histórico. Aquella comparsa consiguió el 2° premio en el COAC, en una pugna inolvidable con "Los Piratas" de Martínez Ares.
Un grupo afinadisimo, compacto y con una sensibilidad brutal. Se notaba que cada copla iba cantada desde las entrañas. La potencia justa y necesaria para transmitir emoción pura en cada pase.
Esta agrupación dejó claro que el humor blanco, inteligente y con un tipo muy bien trabajado no necesita artificios. "Los comboys d'a pejeta" se quedaron para siempre en la memoria colectiva de los aficionados como una joya de los 80.
El popurrí, un auténtico no parar de golpes. Contaban sus "aventuras" por el desierto, los duelos al sol y su visión de la vida moderna a través de los ojos de unos vaqueros un tanto perdidos en la provincia de Cádiz.