Meses pidiendo reunión y el borrador para colaborar y mejorar y ahora nos llega de rebote este sinsentido mucho peor que el anterior!! 😡
#LeySIperoNOasí#DIÁLOGO#LíneasRojas
Contiene omisiones y retrocesos que NO vamos a aceptar!!!
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✅️ Abrir nuestras bases para que nos conozcáis mejor, resulta muy gratificante. Aquí os dejamos la visita de alumnos del I.E.S. San José, de Cortegana, al Cedefo de Galaroza.
▶️ Como siempre, la práctica con el helicóptero, descargas incluidas, resultó lo más llamativo.
Querían montar el show habitual para sus 20 segundos en el Telediario, pero se olvidaron de que estaban en el Parlamento Europeo.
“Esto no es un circo, es una comisión parlamentaria”.
No se lo pierdan:
"Es que no necesito sanidad pública porque mi seguro privado de 50€..."
Tu seguro de 300€ al mes que llevas pagando 45 años te tira a la puta calle porque no es rentable pagar un tratamiento para el cáncer de 5200€ al mes.
Quién lo cubre?
La sanidad pública.
Mientras exista.
ASALTAR LOS CIELOS: UN SOCIALISTA LLAMADO MARTIN LUTHER KING
Es imposible transitar hacia una sociedad equitativa y solidaria si desconocemos las raíces de los problemas. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se ha gastado más de mil billones de dólares en su industria militar. La guerra es el motor de la economía. Crea empleo y riqueza, especialmente para una minoría. Se suele olvidar que las guerras no acontecen tan solo en el campo de batalla. Se lucha por los recursos y por los mercados, empleando indistintamente misiles y operaciones financieras que aumentan la riqueza de unos países a costa de otros. En 1969, Chomsky ya advertía que “si el sistema industrial y comercial no se coloca bajo alguna clase de control democrático popular, la democracia política será una burla y el poder estatal continuará sirviendo para fines inhumanos”.
Martin Luther King, que transformó su lucha contra la segregación racial en lucha contra la pobreza, apuntando la necesidad de “un socialismo democrático”. Luther King denunció los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad cometidos por Estados Unidos en Vietnam, afirmando que su país se había colocado en “el lado malo de la historia”. Elogió la reforma agraria de Vietnam del Norte, deploró que el napalm y las bombas norteamericanas hubieran acabado con la vida de un millón de vietnamitas, “especialmente niños”, criticó el apoyo a los terratenientes de América Latina y abogó a favor de los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo, si bien apuntó que la rebeldía del Che era “una aventura romántica”, con escasas posibilidades de éxito, particularmente a largo plazo. A finales de 1967, planteó una nueva marcha sobre Washington, pero esta vez compuesta por “un ejército mutirracial de pobres” que emplearían las tácticas de la desobediencia civil no violenta hasta que el Congreso firmara una “Declaración de los Derechos Humanos del Pobre”. La revista Time y The Washington Post le acusaron de hacer demagogia y el Reader’s Digest habló de “incitación a la insurrección”. El 4 de abril de 1968 un francotirador puso fin a su vida. Se acusó del crimen a James Earl Ray, un delincuente común de poca monta, pero las investigaciones posteriores apuntan hacia una conspiración del gobierno. Antes de morir, Luther King afirmó: “Estoy convencido de que si queremos ubicarnos en el lado correcto de la revolución mundial, tenemos que emprender, como nación, un revolución radical de valores que pronto nos llevará a cuestionar la justicia y el equilibrio de muchas de nuestras políticas del pasado y del presente. Una verdadera revolución de valores nos llevará a mirar con preocupación el enorme contraste entre la pobreza y la riqueza. Nos enfrentamos a una cuestión prioritaria y cuya resolución no deberíamos demorar. Hoy todavía nos queda una opción: la co-existencia no-violenta o la violenta aniquilación de todos”.
Sin movilización social y movimientos ciudadanos, las nuevas generaciones vivirán bajo el modelo de la Europa Neoliberal, una triste copia de la sociedad norteamericana, donde la pobreza y la desigualdad son realidades cotidianas que afectan a grandes sectores de la población. La resignación nunca es una alternativa. El amor siempre genera esperanza. Y esa es la fuerza de las revoluciones, su capacidad de amar y encender la llama de la utopía. Luchar por un mundo mejor no es una ingenuidad. Creer en un mañana ético es lo que nos salva y nos dignifica, lo que nos humaniza y nos acerca al otro, lo que nos permite realizarnos a la vez como individuos y como comunidad, como sujetos y como pueblo. Hay que asaltar los cielos, sí, pero necesitamos escaleras, grúas y andamios para hacerlo de forma ordenada y sin violencia. Si no construimos algo firme y sólido, nuestros sueños acabarán en el patio trasero de la historia, convertidos en cachivaches inservibles.
Rafael Narbona
Ayer eclosionaron 20 #tortugas bobas + una que murió.
Las 50 ya están atendidas en el Centro de Gestión del Medio Marino Andaluz de Algeciras 🎥hasta que se proceda a la suelta con el peso y dimensiones adecuados.
Esta noche se exumará el nido si no salen los 9 huevos que quedan.
@larazon_es@guardiacivil Infórmese bien antes de emitir una noticia. Rigor profesional es lo que está faltando desde hace mucho tiempo en determinados medios... algunos no por incompetencia... más bien de manera muy interesada. El dispositivo ha sido exclusivo de los Agentes de Medio Ambiente andaluces.
IGNACIO ELLACURÍA
Nadie tiene derecho a lo superfluo hasta que todos dispongan de lo esencial
Ignacio Ellacuría es el nombre de varios centros educativos de nuestro país, pero la mayoría de sus estudiantes ignoran todo sobre él. “Quien salva una vida salva al mundo”, afirma el Talmud. Es decir, nos salva a todos, reconciliándonos con nuestra propia condición de hombres, mostrando que en nuestra naturaleza existe la indiferencia hacia el dolor ajeno, pero también la solidaridad y la compasión. Al igual que otros líderes políticos o religiosos asesinados por defender la paz, Ellacuría es una referencia irrenunciable para los que no han perdido la esperanza en la posibilidad de un mundo más justo. Su muerte no es un argumento para el desaliento, sino un testimonio del espíritu utópico, que no se resigna ante el actual desorden mundial. El sufrimiento de Sudán, Gaza o Ucrania exige una respuesta que desborde los acontecimientos, superando el fatalismo que niega un futuro a los pueblos estrangulados por la historia. Ellacuría, Nelson Mandela o Luther King han trascendido sus respectivas luchas políticas, acreditando que las transformaciones sociales no son quimeras irrealizables, sino realidades que justifican el optimismo más insensato.
En los años ochenta, la guerra sucia en América Central alcanzó unos niveles inauditos de crueldad, superando los crímenes de las dictaduras del Cono Sur. En Guatemala, el temor a que la extrema pobreza de población maya (casi la mitad los habitantes del país centroamericano) abasteciera las filas de la guerrilla marxista desató una terrorífica política de masacres. La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala investigó los hechos. Se estimó que se habían realizado más de seiscientas matanzas entre 1978 y 1983, incluyendo el asalto a la Embajada Española en 1980, con treinta y siete muertos. El obispo Juan Gerardi fue asesinado en 1998, dos días después de entregar un informe meticuloso y exhaustivo sobre la represión. El caso de El Salvador no es muy diferente. Las sucesivas juntas militares que ocuparon el poder en esos años emplearon la misma política de guerra sucia. El batallón Atlacatl, entrenado por consejeros militares norteamericanos, exterminó en diciembre de 1981 a los pobladores de El Mozote, sin discriminar entre hombres y mujeres, niños o ancianos. En 1989, un pelotón de Atlacatl asesinaría a Elba Ramos y su hija Celina, de quince años, junto a seis jesuitas de la Universidad Centroamericana de San Salvador. Seis jesuitas identificados con la “teología de la liberación”, que entiende el cristianismo como opción preferencial por los pobres. Reprobados por Roma y acusados de marxistas, los jesuitas habían trabajado activamente a favor de la paz y la justicia social. Entre las víctimas se hallaba Ignacio Ellacuría, pero sería incoherente mencionarle en primer lugar, ignorando el infortunio de Elba y Celina, asesinadas por la fatalidad de trabajar en el campus universitario. También jesuita, Jon Sobrino se libró de la muerte por hallarse en Tailandia, sustituyendo al teólogo brasileño Leonardo Boff. Sobrino siempre ha reservado un lugar principal para Elba y Celina. Al evocar ese trágico día, enfatiza que sus compañeros sabían el riesgo al que se exponían, pero Elba y Celina encarnaban una vez más la indefensión de los pobres. Sus nombres representan a las víctimas anónimas que transitan inadvertidas por los márgenes de la historia. Son el rostro de una humanidad sin rostro, humillada y ultrajada, despreciada y olvidada por los países desarrollados, cada vez más despreocupados por su suerte.
Ignacio Ellacuría ingresó en los jesuitas en 1947. Licenciado en Filosofía y Teología, estudió en Innsbruck (Austria) con Karl Rahner y realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Xavier Zubiri, convirtiéndose en su heredero intelectual. Su afinidad con el padre Arrupe, general de los jesuitas, le ayudó a comprender muy pronto la tragedia de El Salvador. Profesor y más tarde rector de la UCA, publica en la revista de Estudios Centro Americanos “A sus órdenes, mi capital”, acusando a la oligarquía terrateniente de boicotear las iniciativas para realizar una reforma agraria. El artículo despertó la indignación de la derecha salvadoreña, que comenzó una campaña de amenazas y atentados contra la UCA, acusada de ofrecer sus instalaciones a la subversión marxista. Pese a sus grandes cualidades intelectuales, Ellacuría ya había mostrado mayor preocupación por lo social que por lo académico. Esa vocación adquiriría un giro dramático con el asesinato del sacerdote Rutilio Grande, el 12 de marzo de 1977. Amigo personal de Óscar Romero, Rutilio había participado en la organización de las Comunidades Eclesiales de Base y, ante la represión financiada por los terratenientes contra la población indígena, había manifestado en un célebre sermón que “muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras [de El Salvador]. Sólo nos llegarán las cubiertas, porque todas las páginas son subversivas. Si Jesús intentara cruzar la frontera, le acusarían de agitador, forastero, judío y lo volverían a crucificar”. A las pocas semanas, Rutilio Grande sería asesinado. Óscar Romero, arzobispo de San Salvador y amigo personal de Rutilo, sufrió una enorme conmoción interior, cuestionándose su posición como pastor del pueblo salvadoreño. Inició una campaña contra la pobreza y la violencia de los escuadrones de la muerte, reconociendo el derecho del pueblo a organizarse para protestar pacíficamente.
Durante la famosa homilía del domingo 23 de mayo de 1980, Romero se dirigió al ejército salvadoreño pidiendo el fin de las matanzas: “Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla [...] La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. [...] En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión!”. Al día siguiente, un francotirador le asesinó mientras oficiaba misa, escogiendo por su valor simbólico el momento de la eucaristía.
De acuerdo con el testimonio de Jon Sobrino, Ellacuría consideró que con monseñor Romero Cristo había pasado por El Salvador. Desde su muerte, comenzó una frenética actividad de mediador para conseguir la reconciliación nacional, lo cual le atrajo con idéntica fuerza adhesiones y repulsas. Acusado de simpatizar con el marxismo, Ellacuría aclaró que el marxismo había contribuido a destruir escandalosas injusticias sociales, pero con métodos que habían desembocado en regímenes dictatoriales. “La trágica deficiencia del comunismo -escribió- es su incapacidad de establecer un ideal permanente y digno de vida humana”. Sin embargo, Ellacuría mantuvo la convicción del teólogo protestante Jürgen Moltmann sobre la necesaria convergencia de socialismo y cristianismo en un marco democrático. No parece casual que un ejemplar del Dios crucificado, obra fundamental de Moltmann, apareciera salpicado de sangre en el escenario del asesinato de los jesuitas de la UCA.
Jon Sobrino recuerda que Ellacuría, parco y austero, describió en más de una ocasión a Jesús de Nazaret como “un gran hombre”. Sobrino destaca que el propósito de Ellacuría era humanizar la historia, buscando la justicia en el presente y no en el más allá. Al mismo tiempo, subrayaba la necesidad de mantener vivo el espíritu utópico, de recordar el nombre de las víctimas sin nombre, abocadas al olvido por haber crecido y muerto en la pobreza. Apenas hay museos ni monumentos para honrar su memoria. Son la letra pequeña de la Historia, que casi les escatima la condición humana.
La utopía de Ellacuría se llamaba “cultura de la pobreza”. La cultura de la pobreza rechaza la acumulación de capital, de bienes superfluos, de objetos innecesarios, sin reparar en que a la mayor parte de la humanidad le falta precisamente lo esencial: agua potable, comida, infraestructuras, sanidad, educación. Ellacuría repetía: "Nadie tiene derecho a lo superfluo hasta que todos dispongan de lo esencial". La cultura de la pobreza se rebela contra las necesidades artificiales surgidas de una economía de consumo, donde el ser humano sólo es una variable con un valor relativo. Escribe Ellacuría: “Se desprecian otros modelos culturales menos desarrollados en algunos aspectos, pero sin duda más plenamente humanos”. Y Jon Sobrino añade: “Fuera de los pobres no hay salvación”. Los pobres no son un lastre, sino la reserva de esperanza de la humanidad.
Sin la perspectiva utópica y de progreso, carece de sentido la acción política. Los asesinos no pueden tener la última palabra, afirma Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz. La presencia de las víctimas es más luminosa, más verdadera, más esclarecedora que la de sus verdugos. La infamia no tiene futuro, sólo pasado o un presente en descomposición. Los pueblos crucificados muestran el verdadero rostro de un mundo acostumbrando a 24.000 muertos diarios por desnutrición. Ese es el rostro que hizo visible la muerte de Ellacuría, jesuita, intelectual brillante, aficionado al fútbol y el juego de frontón, hombre reservado, reacio a los sentimentalismos, más preocupado por el sufrimiento que por el pecado, entregado a la causa de que las víctimas se hagan visibles y adquieran una voz que nos dignifique a todos, partidario de humanizar la historia con la esperanza, “la esperanza contra toda esperanza”. Al igual que Sobrino y Leonardo Boff, Ellacuría consideraba una “obscenidad metafísica” que la mitad de la riqueza del planeta se hallara concentrada en dos centenares de personas. Sin ninguna clase de fascinación morbosa por el martirio, Ellacuría sabía que la muerte le acechaba en una época en que la derecha latinoamericana lanzó el lema: “haga patria, mate a un cura”. Es imposible saber qué pasó por su cabeza mientras permanecía en el suelo esperando las balas, pero no es improbable que recordara las palabras de Óscar Romero: “Me alegro, hermanos, de que nuestra Iglesia sea perseguida, precisamente por su opción preferencial por los pobres y por tratar de encarnarse en el interés de los pobres... Sería triste que en una patria donde se está asesinando tan horrorosamente no contáramos entre las víctimas también a los sacerdotes. Son el testimonio de una Iglesia encarnada en los problemas del pueblo”.
Rafael Narbona
🟥 Nuestro mapa de ÍNDICE de RIESGO #IIFF previsto para hoy se asemeja a la tomatina de Buñol, que, por cierto, tendrá lugar el próximo día 30.
📢 Los colores intensos advierten del riesgo EXTREMO o MUY ALTO 🔥 y la necesidad de extremar la precaución.
Buenos días.