Esto fue Hakuna ayer en Madrid. Miles de personas cantando por y para Dios. Ni un solo incidente, muchísima educación, gente bien vestida, todo olía genial, familias con hijos, seminaristas y todo tipo de personas reunidas para alabar a Jesús. Algunos le llaman a esto “grupo de ultracatólicos”. Yo le llamo ser normal y devolverle la esperanza a un mundo que ha sido pervertido precisamente por la ausencia de este tipo de movimientos.
Fui guardando la ropita de bebé que se le quedaba pequeña a Álex y se la di a la tía de Aarón. Ella me ha regalado por Reyes esta colcha hecha con esa ropa.
Psicología y psiquiatría van a ser las profesiones top del futuro, los que estéis a tiempo estudiad, el mundo ya es más distópico que un episodio de Black Mirror.
Sé del deseíto que hay por encontrar arte católico. La batalla cultural y todo eso. Queridos míos - Obispos incluidos - les desvelo: ese arte ya existe. Búsquenlo, aunque no brille con los destellos del siglo, o no tenga ese "olor a coche recién comprado".
Entiendo su repulsa o indiferencia a hacer bandera de un arte como el que les digo - muchas veces, políticamente incorrecto - al dirigirse a este generación.
Lo que no entiendo es que, en cambio, sí hagamos bandera de estos caleidoscopios artístico-religiosos e invitemos a los fieles a considerarlo llamándolo "católico" y poniéndolo como ejemplo. (Ojito a la etimología de "caleidoscopio". No es en vano la elección de esta palabra).
A ver, nenes, si vais a acordaros de San Juan Pablo II, aplicaos también esto:
«Entre todos los crímenes que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave y deplorable» (EV 58).
Como sacerdote, no sé cómo expresar la tristeza por mis hermanos sacerdotes que hacen inverosímil e insoportable su predicación por su conducta.
No hablo de fariseísmo, simplemente. No hablo del escándalo. Hablo de un mal silencioso y corrosivo: la falta absoluta de fe, oración y discernimiento de los tiempos. Hablo de la falta de fidelidad al propio ministerio.
Hablo del deliberado abandono de la justicia de Dios en sus vidas al tiempo que, paradójicamente, lo predican obstinadamente en homilías y pláticas. Me hace pensar que, para ellos, el Antiguo Testamento debe ser algo parecido a Las Crónicas de Narnia: instructivo, pero ficticio. Inspirador, pero imaginario. Como si allí se revelara que Dios es justo simplemente para que yo sea justo a mi manera y no me desanime cuando peco. "Yo, yo, yo, yo..."
Dios sigue obrando. Y ellos, con su particular visión de la justicia y el pecado - fábula pura, por cierto - son impedimento para el suave munus eclesial. Son todo palabras y refranes para con los demás, para no ser sorprendidos por el silencio. Como "hay que predicar", hablan. Como "hay que dar razones de nuestra fe", hablan. Pero ya hay respuesta antes de la pregunta. Ya hay homilía antes de tomarle el pulso al rebaño. Inventan el rostro del prójimo y a ese asisten: al prójimo ficticio. No pocas veces son ellos mismos el destinatario de sus atenciones.
Pero si descuidan la fe, ¿cómo no van a descuidar también el derecho que pide ese mismo Dios al que no escuchan? Y, si no escuchan, ¿cómo atenderán al grito del pobre que pide justicia? "Una sima grita a otra sima".
Si hubieran leído el Antiguo Testamento con fe, sabrían que Dios no abandona su heredad, aunque sí lo hagan los pastores y los reyes. Ante su obstinación por no escuchar, a Dios "no le queda más remedio" que cegarles con su poder y providencia para restituir el derecho y la justicia, por medio de la purificación y la llamada a la penitencia.
Estamos viviendo "tragedias y escándalos", uno detrás de otro. Sufro por estos hermanos que - ahora sí - tienen el corazón lleno de confusión. "Las cosas no tendrían que haber sido así" - dicen. Ahora sí hablan proféticamente, pero desesperanzados. De verdad que no sé si alguna vez se pararon a intentar entender la voz de Dios en los Profetas mayores.
Si abrieran los ojos, verían a los más humildes y pequeños llenarse de júbilo - ahora sí - por la omnipotencia de Dios, que les cubrió y ahogó, como el mar Rojo ahogó a los capitanes de Egipto. El pueblo fiel, en la orilla, mientras tanto, se alegra por la fuerza de Dios. Como en el Magnificat.
Porque para ser humilde no hay que encogerse como una oruga y poner cara triste, sino alegrarse siempre de la Justicia de Dios y, consecuentemente, no ser óbice de esta justicia divina en favor de mis hermanos.
Y, para el que tenga algún ministerio en favor de sus hermanos, que lo cumpla con fidelidad. Y os recuerdo, sacerdotes que me leéis: también la lectura meditada y humilde de la Palabra de Dios y la solicitud por los hermanos a la luz del Evangelio y los signos de los tiempos son un ministerio que nos ha sido encomendado en nuestro Diaconado. No lo olvidéis.
Atención los que olvidáis a Dios.
‼️El Papa León XIV descarta ordenar diaconisas y que los homosexuales se puedan casar por la Iglesia.
En una entrevista ha rechazado que cambie la doctrina de la Iglesia Católica y afirma que la “familia es padre, madre e hijos”.
Me gustan mucho algunas intuiciones de @AbeldeJesusYT . Quizá no estoy de acuerdo con todas, pero sí reconozco que algunas son muy agudas.
Ya lo habéis compartido muchos, pero, en este vídeo deja algunos balones botando muy bien colocados 👇
https://t.co/T44LLahyXR