🎟 Ticket for sale for the Spain - Cape
Verde World Cup match
📅 Date: 06-15-2026
🏟 Stadium: Mercedes-Benz Stadium
(Atlanta, USA)
Section 335
📩 DM if you're interested.
🎟 Vendo entrada para el España - Cabo Verde 🇪🇸🇨🇻
📅 Fecha: 15-06-2026
🏟 Estadio: Mercedes-Benz Stadium (Atlanta, USA)
Sector 335
DM si estás interesado.
Me gustaría hacer un llamado a la reflexión sobre la situación emocional en el tenis actual.
No es una crítica ni un juicio hacia los y las tenistas profesionales; por el contrario, admiro muchísimo el nivel que tienen, cómo le pegan y con la destreza que lo hacen...
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📅 Date: 06-15-2026
🏟 Stadium: Mercedes-Benz Stadium
(Atlanta, USA)
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📅 Fecha: 15-06-2026
🏟 Estadio: Mercedes-Benz Stadium (Atlanta, USA)
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Con 39 años.
Luego de 5 horas.
Contra un chico 20 años menor.
Dejó absolutamente todo lo que tenía y no le alcanzó, pero para nosotros eso no importa.
Novak Djokovic DIGNIFICA el tenis.
Hoy Rafa Jódar ha jugado contra Jannik Sinner, el número 1 del mundo, en cuartos del Madrid Open. Ha perdido 6-2, 7-6. Tiene 19 años.
Y lo que ha pasado en ese segundo set merece ser contado.
Jódar tuvo 7 bolas de break. Siete oportunidades de romper el servicio del mejor tenista del mundo. Sinner sacó un winner en cada una. No falló Jódar. Respondió Sinner. Diferencia importante.
El tie-break se lo llevó Sinner 7-0. Así acaba un partido contra el número 1 cuando tienes 19 años, llevas 3 meses de profesional y estás jugando en la Caja Mágica con Raúl González mirándote desde la grada.
Pero lo que me tiene pegado a esta historia no es el resultado. Es una imagen.
La imagen de su padre. Solo. En el banquillo. Sin nadie más. Una fila entera de asientos vacíos a los lados.
Mientras otros tenistas viajan con séquitos de entrenadores, preparadores físicos, psicólogos, nutricionistas, mánagers y analistas de datos, Rafa Jódar senior se sienta ahí solo. Él lo entrena. Él lo gestiona. Él planifica las sesiones. Él decide cada paso de la carrera.
Y cuando llega a casa, corrige exámenes. Porque es profesor de Educación Física en un instituto de Leganés.
Rafa Jódar hijo creció en Arroyo Culebro, un barrio humilde de Leganés. Entre parques y bloques de pisos. Ni academia de élite ni patrocinadores desde niño. Se formó en el Club de Tenis Chamartín y se fue a jugar a la universidad de Virginia. En enero estaba en el puesto 166 del ranking ATP.
Hoy es el número 34 del mundo. En tres meses. A 7 puntos de ser cabeza de serie en Roland Garros.
Lo que ha hecho en esos tres meses no es normal. Ganó el ATP 250 de Marrakech — el sexto español en ganar un torneo ATP con menos de 20 años, junto a Nadal, Alcaraz, Moyá, Ferrero y Robredo. Semifinales en el ATP 500 de Barcelona. En Madrid eliminó a De Miñaur, número 8 del mundo, y a Joao Fonseca.
Si ves vídeos suyos en Australia en enero y lo ves hoy, parece que han pasado 18 meses. No tres.
Y todo esto con su padre solo en el banquillo.
"Es mi entrenador desde niño, mi mánager. Somos uno. Yo siempre miro al box y solo está él. Y así es muy fácil."
El padre es quien le baja los humos. Quien le recuerda cada día que sigue siendo el mismo chaval de Leganés. "Que no me crea nadie que no soy."
Cuando Sinner terminó el partido, escribió en la cámara: "What a player." En rueda de prensa dijo: "España siempre ha tenido jugadores increíbles. Ahora tienen uno más."
El número 1 del mundo diciendo eso de un chaval de 19 años de Arroyo Culebro al que entrena su padre, un profesor de instituto.
Asusta pensar dónde puede llegar cuando se rodee de más profesionales. Pero algo me dice que su padre seguirá ahí. Solo. En esa fila vacía. Siendo lo único que Rafa necesita mirar cuando el partido se complica.
Hay historias que merecen ser contadas. Esta es una de ellas. Cuento más así en mi newsletter diaria gratuita 👉 https://t.co/OKv2ONco0a
Este es un domingo diferente. Por primera vez en casi 40 años no tengo ese gusanillo, esa inquietud, esa ilusión al pensar en el partido que me toca jugar. Al borde de los 51, lo dejo. Me retiro. Unos 30 años después de la primera vez que me lo sugirieron en casa, por cierto.
Al colgar los guantes se va también lo poco del niño que todavía vivía en mi. Se acabó esa liturgia de preparar la bolsa, los guantes (con los de Aqua siempre por si acaso), las botas, 2 o 3 camisetas de colores diferentes por si acaso coinciden con el rival, espinilleras, medias, vendas y el Bálsamo del Tigre por si alguien está tocado. Se acaba el olor a linimento del vestuario, las bromas, las consignas, los ánimos y las advertencias sobre ese extremo rapidísimo que nos mató en la primera vuelta.
No volverá esa indescriptible sensación al pisar el campo, el aroma y textura de esa tierra dura, del barro y el agua de las áreas pequeñas, el olor a césped natural o el caucho que se te mete bajo las medias pese a la perfección del estado de ese césped artificial de última generación recién cambiado.
Ya no habrá más paradas, blocajes, despejes y gritos de “mía”, ya no oirán mis consignas, blasfemias, felicitaciones y ánimos. Tampoco habrá más cantadas, despejes mal orientados, blocajes fallidos, salidas en falso ni errores al medir un balón en profundizar y quedarme.
Se terminan los abrazos en los goles y al terminar un partido ganado. Las risas en las duchas tras el partido, los comentarios jocosos y las cervezas del tercer tiempo.
Ya no volveré en el coche a casa dándole vueltas a las jugadas en que pude hacerlo mejor, ni las heridas en las rodillas que se te pegan al pantalón toda la semana hasta que se vuelven a abrir al domingo siguiente, los raspones que ni los calentadores pudieron evitar, las articulaciones doloridas, ese Mikasa FT-5 tatuado en los muslos, brazo o pecho, esa sensación de que eres futbolista. No profesional aunque te pudieras pagar algunas cosillas en la universidad, sino futbolista vocacional, amateur, el de verdad. El que ama el fútbol sobre (casi) todas las cosas.
Eso que desde este domingo ya no volveré a ser.
Gracias fútbol por todo lo que me has dado. Indirectamente me diste el trabajo con el que me ganó la vida, muchos amigos que fui encontrando por las áreas e incluso por haberme permitido encontrar a la mujer de mi vida tras un cúmulo de circunstancias que sin ti, nunca hubieran podido ocurrir. Espero que estés orgulloso de mí, de haberte honrado lo mejor que supe, con mis defectos y mis virtudes como persona y como portero.
Los domingos ya no serán nunca iguales. Empieza una nueva vida. Peor, seguro.