Pobre de Andrés.
López Obrador se convirtió en la peor versión de sí mismo, bien dicen que el poder es como un monstruo corruptor que desnuda al verdadero hombre.
El reciente ataque a Maria Amparo Casar, muestra al presidente como lo que realmente es: pequeño, rencoroso, con más sed de vendettas que de justicias, aldeano e ignorante por convicción de la cruda realidad de su gobierno.
Ya no es novedad que hoy el presidente atacó, de nuevo, a los medios de comunicación, hoy más parejo, contra todos, ya no le importan mucho las especificaciones, da igual si son periódicos, radios, televisoras o algún tuitero o youtuber, el mensaje es claro: Quien no lama sus suelas es el enemigo a ultranza, quién no está con él, esta contra él.
Pobre del presidente cuando vuelva a ser, simplemente Andrés, cuando el eco de sus mañaneras no resuene más allá de sus recuerdos.
Pobre de Andrés, que pasará a la historia como el colérico, el intolerante, el déspota y el fanatizador.
Pobre de Andrés, condenado a rumiar los fracasos cuando pudo bañarse en las mieles de la concordia.
Pobre de Andrés, que terminó como uno de los peores cuando todo lo tuvo para ser el mejor.
Y ya solo le faltan 147 días para volver a enfrentarse a sí mismo.