Messi, QUE NO LE DA ENTREVISTAS A NADIE, le abrió las puertas de su casa a dos medios puntuales.
En uno lo trataron de fascista por asistir a un evento de Trump.
En el otro inventaron que el padre se había muerto (todavía sin consecuencias)
Sigan así, muchachos. Es por ahí.
El último capítulo de una historia hermosísima.
No fue fácil, hubo que soportar destratos, golpes y frustraciones, pero aquí estamos.
Si hay algo de lo que todos estamos seguros, es que valió la pena estar de este lado, del lado Messi de la vida.