La bomba atómica de hoy:
García Ortiz tramitó una denuncia contra la jueza del 'hermanísimo' como planeó Leire en su agenda
El fiscal general movió en persona el escrito contra Biedma 48 horas después de que imputase a David Sánchez. La cloaca se le quejó porque una subordinada suya había rechazado un primer intento
https://t.co/6u4TInREYP
@VTorresAlonso Pues yo no veo tanta diferencia, si acaso el pelito 😂😂
Y esos que se ríen, a ver valientes poned las vuestras. Y no hace falta que sean de hace 20 años, no solo 10.
¡Venga! 😂😂😂
Ojo, hacedle caso que sobre lo de destruir personas habla un experto.
Para los milenials. La de la foto es Irene Villa. El 17 de octubre de 1991 los
amigos de Arnaldo le arrancaron las piernas y tres dedos de una mano. A su madre una pierna y un brazo.
Maldito malnacido.
@Anonymous_TA@Gregori35533530 Pues así es 👇
Detenido por agresión sexual a una menor con autismo en el aseo de una pizzería en Dénia https://t.co/r6kWjtVoqC
Se equivoca la gente cuando piensa en Sánchez como un Moriarty. No. Sánchez tiene, es verdad, la intención torcida y hasta el gusto por el mal propio de la némesis de Sherlock Holmes, pero carece de su inteligencia, de esa mente omnisciente suya capaz de controlarlo y activarlo todo. A Sánchez, más bien, hay que entenderlo como un Deus ex machina, como un ser cuya voluntad de poder ha engendrado un mecanismo externo que, impulsado por el combustible de su total carencia de escrúpulos, es capaz de funcionar al margen de su creador y producir los incentivos (corrupción, basura, fango, cloaca...) necesarios para funcionar y perpetuarse.
El problema de Sánchez no es que sea un estratega genial. Su gran peligro, el gran peligro que supone para nuestra democracia, es que ha conseguido construir un sistema en el que siempre hay premio para la obediencia y castigo para la discrepancia, un sistema mafioso sustentado en la complicidad y aventado por la cómplice omertá de perfiles muy semejantes al del presidente, de personajes oscuros ajenos a toda moral y despiadados ante la perspectiva de cualquier límite.
El mecanismo ya ha adquirido inercia propia. No necesita una inteligencia excepcional para mantenerse en marcha. Le basta con la lógica elemental y orgánica de la supervivencia. Como un virus que ha aprendido a replicarse, el sistema sanchista avanza buscando nuevos huéspedes, nuevas alianzas y espacios donde asentarse. No distingue entre convicciones (de las que carece) ni asume lealtades (a las que desprecia): su guía es la pura utilidad.
Por todo ello incurren en una simplificación muy peligrosa quienes reducen el fenómeno del sanchismo a la figura concreta de Pedro Sánchez. Las democracias, que no surgen por el milagroso hálito de un héroe carismático, tampoco suelen morir asesinadas por grandes villanos. Se debilitan, poco a poco, cuando demasiadas personas concluyen que es más rentable callar y obedecer ante los crímenes que denunciarlos. No, Sánchez no es Moriarty. Moriarty, en todo caso, son el PSOE y sus votantes.