A las plañideras que hoy lloran porque a Aldama le han reducido la condena, les recomiendo esta explicación de Bolaños cuando pasó lo mismo con el concejal del PP que colaboró con la Gürtel.
Erais muy jóvenes, pero fue hace 2 años.
Enlazádselo a vuestro progre llorón favorito.
Me entristece, aunque no me sorprende, cuánta gente no ha entendido mi post de esta mañana sobre la “política sin romance”. España es un país de letras, sin tradición de análisis ni formal ni cuantitativo.
Lo explico de otra manera.
Uno: si con Zapatero el PSOE hubiera tenido más diputados en Castilla y León que en Cataluña, el Archivo se habría quedado en Salamanca.
Dos: si el PP hubiera tenido más diputados en Cataluña que en Castilla y León, Aznar lo habría trasladado a Cataluña.
La idea es sencilla: las decisiones políticas responden, ante todo, a intereses electorales. Las justificaciones son eso, justificaciones. El motivo es claro. Quien ignora esos intereses no llega a liderar su partido, y un partido que obvia esos intereses no forma gobierno.
Nos gusta creer que votamos de forma desinteresada e idealista. No es así. Ni en España ni en ninguno de los casi 200 estados del mundo. Como un demócrata no puede llegar a la Casa Blanca sin ganar Michigan, en Estados Unidos no te puedes comprar un BYD. Es exactamente lo mismo que el Archivo de Salamanca.
Por eso mi análisis no justifica en ningún momento recortar el poder de los votantes catalanes. Los catalanes eligen a sus diputados, y es lógico que estos defiendan lo que consideran sus intereses. Es más, Cataluña está infrarrepresentada en el Congreso, así que ni siquiera cabe alegar que pese más de lo que le correspondería en cualquier sistema sensato.
Mi post solo señala una cosa: sin entender que el camino del PSOE hacia el gobierno pasa por Cataluña, no se entiende la política española. Los muchos que me han insultado, atribuyéndome intenciones aviesas, delatan sus propias ansiedades más que cualquier otra cosa.
Mi análisis tampoco predice que, con una Cataluña independiente, la derecha gobernaría siempre en España. La posición de los partidos es endógena. Sin Cataluña, los partidos de las 16 comunidades restantes se reubicarían en el espectro ideológico y, en ese nuevo escenario, la derecha no tendría por qué ganar. Ese razonamiento no vale para la situación actual, porque al PSOE le sale más barato entenderse con Junts y ERC que reposicionarse en el resto de España.
Y no, lo siento: reformar la ley electoral no cambiará nada. La realidad, guste o no, es esta. Primero, en 2023, el bloque territorial (ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG, CC, UPN, CUP, NC y Teruel Existe) obtuvo el 7,9% de los votos y el 8,0% de los escaños. Está, pues, en su nivel de representación casi exacto, aunque con grandes desigualdades internas: la CUP, con casi el doble de votos que UPN, se queda fuera del Congreso, mientras que la formación navarra logra un escaño.
Segundo, PSOE y Sumar obtuvieron el 44,0% de los votos y el 43,4% de los escaños, de nuevo, casi a su nivel de representación exacto.
Tercero, el único bloque sobrerrepresentado es la derecha nacional (PP y Vox): el 48,6% de los escaños con el 44,5% de los votos.
El 99% de quienes proponen reformar la ley electoral para recortar el poder nacionalista está diciendo, en realidad, lo siguiente: que el 51,9% de los españoles que votó al bloque territorial o al de izquierdas no puede gobernar, pese a poder pactar entre sí, y que debe ceder el gobierno al 44,5% de la derecha mediante algún artilugio electoral. Artilugios que, además, fracasarían en el 99% de los casos, porque es facilísimo sortearlos con partidos instrumentales.
Esto no solo es injusto. A largo plazo, además, sería contraproducente.
El problema del nacionalismo catalán está, en lo esencial, resuelto. Lo ha matado la inmigración masiva (a la que yo me he opuesto por otros motivos). Los “nuevos catalanes” no hablarán catalán fuera de la escuela, por más miles de millones que la Generalitat gaste en lo contrario, ni se sentirán nacionalistas y, por tanto, muy pocos votarán a ERC y casi ninguno a Junts. De hecho, en términos electorales, el nacionalismo catalán atraviesa su peor momento desde 1907.
Y, casi más importante, esa misma inmigración ha creado AC, que crecerá en los próximos años absorbiendo el voto nacionalista, y con la que el PSOE/PSC no podrá pactar jamás.
Pero hay algo más de fondo. Quienes piden reformar la ley electoral ofrecen la típica solución castiza: en lugar de afrontar el problema real, que el PP es un partido de inútiles incapaz de elegir líderes y construir una hegemonía electoral, prefieren el apaño legislativo. La ironía es redonda: la derecha nacional es mediocre porque sus votantes, al exigir cambiar una ley electoral que ya les favorece, demuestran su propia mediocridad intelectual.
La política siempre es sin romance.
Adjunto una conferencia mía en la que explico todo esto en detalle.
https://t.co/d4XaTCWx2t
En X, he insistido repetidas veces en que la política española desde 2000 solo se puede entender como la consecuencia de que el PSOE se percata de que, sin el voto nacionalista y cuasinacionalista de Cataluña, del País Vasco y de Navarra, no puede gobernar en España. Simplemente, no hay base demográfica para formar una mayoría electoral de izquierdas sin este voto.
El certificado de nacimiento es del 13 de noviembre de 2003, cuando Zapatero prometió en el Palau Sant Jordi que “apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”.
Ayer, en la segunda parte de unas muy interesantes memorias, César Antonio Molina
https://t.co/TsDVkCfpzN
ilustra esta realidad electoral mejor que nadie (quizás sin percatarse de ello completamente).
Molina narra la discusión con Zapatero sobre el futuro de los papeles del Archivo de la Guerra Civil de la ciudad de Salamanca:
“Le expliqué al presidente todo el asunto reiteradas veces y le recordé la importancia universal de Salamanca y que no era justa esta humillación que se extendía a toda Castilla y León, precisamente de donde él era originario. Llamó a una secretaria y le dijo que buscara el número de diputados socialistas que aportaba esta comunidad autónoma y que los comparara con los de Cataluña. Poco después, regresó con la respuesta en papel. La contribución catalana era abrumadora con respecto a la castellana. El presidente me pasó los papeles y con una extrema frialdad y malestar me dijo: «Aquí tienes la respuesta. ¿Algo más?».”
A uno le puede parecer fenomenal lo que se hizo con el archivo, le puede parecer mal o le puede dejar indiferente. No entro en ello y es irrelevante para este post (aunque seguro que muchos lectores insistirán en dejar comentarios al respecto porque son incapaces de pensar de manera abstracta y olvidarse de los detalles concretos).
Lo que esta discusión demuestra es “la política sin romance”: detrás de las grandes declaraciones y principios, siempre, siempre, siempre hay un cálculo electoral, seas del PSOE, del PP, de Vox o de cómo se llame Sumar esa semana.
@Apapell Toni ve jueces franquistas en Francia, Suiza y EEUU.
Toni olvida que ningún otro Presidente ha sido perseguido por 5 delitos que incluyen el tráfico ilegal de petróleo y oro, sumado al blanqueo de capitales y de narcodictaduras.
No seas tan sectario y lameculos como Toni
JUAN CARLOS. El funcionario del SEPE expedientado por trabajar habla claro.
Le denunció un compañero de la oficina porque les ponía en un compromiso atendiendo a tantas personas. El ratio de los demás quedaba en ridículo.
Atendía a personas que llegaban sin cita porque los locutorios de pakistanís conseguían todas las citas con bots y luego no revendían todas, había días donde en un día llegaban 2 o 3 personas con cita y el resto de funcionarios no atendían a nadie. Juan Carlos atendía a cualquiera durante su jornada
https://t.co/ylhtmqvUzD
El País publica hoy que Europa se adentra en una arquitectura centrada en el control: vallas, muros, devoluciones y vigilancia externalizada. Lo llama trumpización. Yo lo llamaría algo más sencillo: llegar tarde a la realidad. Schengen fue diseñado para europeos que quitaban fronteras entre países con Estados, salarios y normas parecidas. No fue diseñado para que redes de tráfico humano, mafias y gobiernos irresponsables decidieran quién entra en Europa. Durante años la élite europea trató cualquier control migratorio como una vergüenza moral. Mientras tanto los barrios cambiaban, los salarios bajos sufrían, los servicios públicos se saturaban y la seguridad se deterioraba. Ahora los mismos gobiernos que daban sermones levantan controles y pagan a terceros países para hacer fuera lo que no se atrevieron a defender dentro. Una frontera no es odio. Es una línea administrativa sin la cual no hay contrato social. Si cualquiera puede entrar, quedarse y luego exigir derechos financiados por contribuyentes que no votaron esa política, la democracia se vacía. Europa está descubriendo, demasiado tarde, que un país que no controla sus fronteras acaba perdiendo el control de su política.
EEUU ya empezó a tocar un tema tabú: las remesas. Desde 2026 aplica un impuesto federal del 1% a ciertas transferencias al exterior hechas con efectivo, giros o cheques de caja. España debería ir más lejos: quien trabaja y gana su dinero que haga lo que quiera; pero quien recibe dinero público de los españoles, por ejemplo el IMV, no debería poder sacarlo de la economía española. Las ayudas son para vivir aquí, no para financiar economías fuera.
La economía política del caso Leire va mucho más allá del epifenómeno de los pagos ilegales a la “fontanera” del PSOE.
La evidencia apunta a que se montó una estructura, casi con seguridad desde Moncloa, para subvertir los pilares del Estado de derecho y preservar el poder de Pedro Sánchez. Es, desde el caso GAL, el escándalo más grave de nuestra democracia.
Este socavamiento, sin embargo, forma parte de un patrón más amplio: el desmantelamiento del Estado en el que el PSOE se embarcó el 13 de noviembre de 2003, cuando Zapatero prometió en el Palau Sant Jordi que “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña”.
La realidad electoral española, cada vez más clara, es que el PSOE solo puede gobernar con los votos del nacionalismo (o cuasinacionalismo) de Cataluña, País Vasco y Navarra. Sin los escaños de estas tres comunidades, la derecha nacional habría tenido mayoría absoluta en todas las elecciones desde 1996 hasta 2023, salvo en 2004.
Pero para lograr esos votos, el PSOE tiene que comprometerse con el desmantelamiento del Estado, ya sea de forma directa (la reforma de la financiación autonómica) o indirecta (el control partidista de las instituciones). De ahí a intentar destruir la UCO solo hay un paso, y se da a la primera tentación.
Por tanto, el PSOE solo elegirá como secretario general a alguien como Zapatero o Sánchez, a quienes el Estado trae al fresco. No son accidentes: son la respuesta estructural del sistema. No hay “PSOE bueno”, porque un “PSOE bueno” no puede gobernar y la mayoría de sus militantes no tienen vocación de suicidio político. Para suicidarse, es mucho más rápido apuntarse a Podemos.
Enfrente solo hay un PP sin la menor visión de futuro (la reciente visita de Feijóo a Cataluña demuestra, por enésima vez, que el PP no tiene plan para nada) y un Vox con un Santiago Abascal que no da más de sí (que Vox ronde el 18%-20% en las encuestas, dada la situación actual, debería leerse como un fracaso).
El problema es que no veo salida en el marco actual. Tras la crisis del euro surgieron dos proyectos de reforma: C’s y Podemos. Los votantes rechazaron ambos. Sí, los dos partidos cometieron errores tácticos y de liderazgo, pero, a fin de cuentas, el votante mediano prefirió lo malo conocido (PSOE y PP) a lo malo por conocer (C’s y Podemos). El votante mediano no quiere que nada cambie porque vive del Estado, de forma directa (pensiones, empleo público) o indirecta (transferencias varias, regulaciones).
Creo que todo esto saltará por los aires en algún momento hacia 2030, año arriba o año abajo. Pero no descarto que sigamos, en su lugar, un camino de declive irreversible. Con una fecundidad de 1,1 hijos por mujer y la inmigración que tenemos, quizá en 2080 la España que conocemos desde 1492 ya no exista.
Y si usted, lector, me pregunta qué se puede hacer: no solo no lo sé, sino que dudo que pudiera arreglar nada aunque yo fuera el que tomara las decisiones.
@edugaresp@sforstefano La paradoja de los hermanos Garzón va camino de ser ley. El tío pone el número de contratos, no la oferta de vivienda y se queda tan pancho.
@esemikelbb2@AntonioMaestre No hay más ciego que el que no quiere ver. O está cegado por la ideología. A los españoles nos iría mucho mejor si tirásemos el carnet de militante a la basura y empezásemos a exigir a los políticos, a todos, no solo a los de nuestro bando.
"The Nordicists should explain to us why the Nords have not created in their places of origin any civilization on the level of Greece, Rome or the Spanish Empire."
- Benito Mussolini, 1934
Es vergonzoso ser español cuando uno comprueba lo que ya sospecha desde hace tiempo: un antiguo presidente del gobierno involucrado en casos de corrupción sistemática junto a dictaduras crueles. Que más adelante un juez pueda determinar que la evidencia está probada más allá de toda duda razonable (un criterio muy estricto) es muy diferente de la clara acumulación de evidencia que ya tenemos sobre la mesa.
Pero si esto fuera un caso aislado de corrupción, la vergüenza podría sobrellevarse. Lo preocupante es que forma parte de un patrón sistemático. Zapatero fue presidente del gobierno bajo Juan Carlos I, quien tuvo que abdicar por casos de corrupción intolerables (corrupción que, por otra parte, ha sido constante e invariable en la dinastía Borbón en España desde la regencia de María Cristina de Borbón).
Y a Zapatero le sucedió Rajoy, sí, el Rajoy de “Luis, sé fuerte”. IU y su espacio (como se llame esa semana) tampoco se han librado de estos problemas cuando han tenido pequeños resortes de poder. Moral Santín es el caso más claro.
Y en Cataluña vimos que la antigua CiU y la familia Pujol eran una mafia. El único sitio donde el sistema no ha generado escándalos vergonzosos es el País Vasco, aunque uno sospecha que es más bien consecuencia de la ausencia práctica de libertad de expresión que de su ausencia real.
En otras palabras: los españoles hemos visto cómo la Monarquía, el PSOE, el PP, IU y los grandes partidos nacionalistas han vulnerado de manera sistemática todo tipo de normas éticas y penales.
Mientras tanto, los salarios están estancados, la vivienda está por las nubes, la seguridad social está en una situación límite y la prosperidad actual es un espejismo empujado por una inmigración no sostenible que solo traerá problemas profundos a largo plazo (la figura de @SantiCalvo_Eco lo dice todo).
Quizás sea el momento de aceptar que esto no se arregla cambiando a quien gobierna, sino cambiando las reglas que hacen que casi dé igual quién lo haga.