Renata la puta profesional se la pasa mamando vergas enormes y aguantando que le metan por el culo a los clientes solo por billete, fingiendo placer mientras piensa “que se acabe rápido”.
Sale harta al bar, un güey la invita a un trío y ella le parte la madre de un bofetón.
Ahí aparece Elisa, la güera jovencita, que se le pega por lástima.
La lluvia las deja juntas, se desnudan, se chupan las tetas, se comen el coño a lengüetazos y terminan metiéndose un pepino bien grueso hasta el fondo, una a la otra, chorreando y gritando como putas en celo.
Viven juntas unas semanas, pero la lana de putear no alcanza.
Elisa se pone de malas y Renata regresa a la calle.
Un cliente enfermo la lleva al monte, la amarra, la cubre de lodo y le mete la verga por donde quiere.
Ella le roba el dinero y la troca… y se la lleva la policía.
En el bote lo único que la mantiene viva son las visitas de Elisa, que le sigue comiendo la pepa y dejándola temblando.
Puta, pepino, coño chorreado y amor de cárcel. Así de sucio.
Fanny, putita virgen de 21, se compra un porno de negrotes y jovencitas en la sex shop.
Se va a su cuarto, se abre las piernas y se mete los dedos hasta el fondo viendo vergas enormes, se corre chorreando como perra en celo.
La criada encuentra el casete y se lo da al papá.
El viejo la agarra a cinturonazos en el culo y las nalgas: “¡Hasta que te cases no te cojen!”.
En una fiesta se le sube la calentura, baila pegada a Paco y siente la verga dura rozándole el coño.
Se lo lleva al motel y se deja empalamar: le abre las piernas, le mete la verga hasta el fondo, se la coje rico y le llena el coño de leche.
El papá se entera, la arrastra a casa y otra vez a cinturonazos.
Meses después Loreto la convence de irse a una cabaña con dos weyes.
Fanny se escapa de noche, Rubén le mete mano en el carro, le chupa las tetas y le mete los dedos en el coño.
En la cabaña se la folllan como puta: le chupan las bubis, le abren las piernas y le meten la verga hasta que grita.
Mientras tanto ve a Loreto recibiendo verga y se pone más mojada.
Se la cojen varias veces hasta que amanecen.
El carro se descompone, llegan tarde y el papá la corre de la casa: “¡Lárgate, puta!”.
Ahora vive sola, se coje a quien quiere… pero extraña al viejo que ya no le contesta el teléfono.
Othon, un campesino pobre de Zacatecas, se cogía rico a su mujer Micaela todos los días aunque no tuvieran ni pa’ un buey nuevo.
Se fueron a trabajar con la patrona rica Doña Marina… y esa puta madura de tetas enormes y nalgas de infarto lo volvió loco.
Se le desnudaba a propósito, le enseñaba las chichis y el culo, hasta que un día lo metió a su cuarto, le bajó los calzones y se la comió el coño como animal.
Othon se la empaló hasta que le reventó la leche adentro mientras ella gritaba como perra.
Se la seguían cogiendo a escondidas de la esposa hasta que Mica se dio cuenta y casi lo mata de celos.
Al final el wey eligió a su mujer, regresaron al rancho… pero nunca olvidó lo rico que se sentía meterle la verga a esa patrona bien puta.
Eugenia era una puta virgen de 25 años que le dolía un huevo cuando le metían la verga.
Su amiga Consuelo, bien putona y con novio, le ofreció prestárselo pa que la desvirgara.
Lino se la intentó romper a empujones, le echó el lechazo en la panocha, se la chupó y nada… seguía doliéndole como la chingada.
Hasta que la muy zorra se dio cuenta de que era lesbiana de closet.
Se inventó que los doctores le dijeron que se la metieran con un consolador y le rogó a Consuelo que se lo pusiera.
La muy buena se lo metió y le partió el quinto sin que le doliera ni un poquito.
Eugenia se vino como una perra en celo, se le mojó toda la raja y se quedó enganchada de la concha de su amiga.
Consuelo nunca se enteró de que acababa de follarse a una lesbi por primera vez… y Eugenia juró que de ahí en adelante solo iba a coger con mujeres.
Brisia y Liliana se chupan el coño desde niñas y a los 20 ya se follan como putas en celo: lengua hasta el fondo, dedos en el culo y chorros por todos lados.
Germán, el hermano de Brisia, las espiaba con la verga dura y un día no aguantó: les entró al cuarto con la polla en la mano queriendo meterla.
Las zorras lo mandaron a la chingada… hasta que el cabrón le llevó un consolador a Liliana, la convenció de probar verga de verdad y ella le chupó la polla hasta que le salió la leche.
Después el pendejo fingió suicidarse con una pistola de plástico para que Liliana se la abriera.
La muy puta se dejó partir el coño en el carro, le sacó hasta el alma y se vino gritando.
Cuando se lo contó a Brisia, la lesbiana se puso celosa de la verga y organizó un trío: ella chupando tetas mientras Germán se la metía hasta los huevos a Liliana.
Al final la “inseparable” terminó diciendo: “la verga no me gusta… ¡me encantaaa!”.
Brisia se fue llorando y dejó a su amiga enganchada al pito.
Elvia es una lesbi bien enferma que solo se le moja el coño con mujeres que les guste la verga.
Se pone bigote, se faja las tetas, se pone traje y se hace pasar por “Ernesto” pa’ cazar hembras heterosexuales.
Primero se coge a dos putas en un hotel: las hace frotarse los culos, les mete los dedos en el ojete y hasta les pide que se echen pedos.
Cuando una le saca “la verga”… ¡es un puto pepino! Le bajan los pantalones y se llevan el susto de su vida: tiene panocha peluda.
Casi la matan a putazos.
Después se enamora de Sara, una güera bien cachonda de una tienda de ropa.
La enamora de a poquito, le come la concha, le lame el culo, le chupa los pezones… hasta que la güera le pide la verga.
Elvia se le sube encima con la panocha todavía vestida, se la frota rico y cuando se descubre… Sara se pone histérica, la manda a la chingada y le grita que es una sádica de mierda.
Al final Elvia se rinde, se quita el disfraz, se agarra unas chelas y se va a un bar de tortilleras.
Moraleja: no mames con las hetero, mejor coge con las de tu especie