Mi jefe me pidió que trabajara el fin de semana.
“Es algo pequeño”, dijo.
Siempre es algo pequeño.
Le recordé que llevaba tres meses sin un solo día libre.
Se encogió de hombros.
“Si quieres crecer aquí, tienes que demostrar compromiso.”
El viernes, a las 10 p.m., todavía estaba en la oficina.
Mis compañeros se habían ido hacía horas.
Él pasó por mi escritorio.
“Sabía que podía contar contigo.”
Sonreí.
No dije nada.
El sábado llegué a las 7 a.m.
Trabajé sin parar.
Entregué el proyecto antes del mediodía.
Le envié un mensaje: “Listo.”
Me respondió con un pulgar arriba.
A las 12:07 p.m., le envié otro correo.
Asunto: Renuncia.
Había aceptado otra oferta hacía semanas.
Me querían por mi talento, no por mi resistencia al abuso.
Mi jefe me llamó diez veces.
No contesté.
Elegí dejar de demostrar mi valor a quien solo sabía medirlo en horas extra.
El crecimiento nunca fue quedarme.
Fue irme.
JEFE: Empezabas el martes libre, ¿verdad?
GENERACIÓN Z: Sí, vuelo esa misma mañana.
JEFE: Genial. Llevarás tu portátil y tu móvil, ¿verdad?
GENERACIÓN Z: ¿Mi portátil del trabajo?
JEFE: Sí.
GENERACIÓN Z: No, se quedará en casa. No trabajaré ningún día mientras esté de vacaciones.
Kaká: “Hice todo lo posible por salvar mi matrimonio, pero aprendí algo: no puedes obligar a alguien a quedarse si ya ha decidido irse.
“En 2015, mi esposa me dijo que ya no quería estar casada. Me aferré a la idea de luchar, de demostrarle que podíamos recuperar lo que teníamos. Leí un libro que proponía un reto de 40 días para reconquistar a tu pareja; lo hice dos veces. Regalos, cartas, sorpresas inesperadas… pero al final, ella solo repetía: 'Ya no lo quiero'.
“Fue un golpe durísimo. Como cristiano, el divorcio no estaba en mis planes. La Biblia dice que el matrimonio es para siempre, pero ¿qué haces cuando la otra persona ya no quiere continuar? Luché hasta el final, hasta que comprendí algo fundamental: el amor no se puede forzar. El amor es una decisión diaria. Y si alguien deja de elegirte, tienes que aprender a dejarlo ir”.
@MakinitaSilva En el salón de la Batifama, del lejano Transilvanya
no hay un vampiro igual al Conde PÁTULAAAA
él no muerde ni hace mal
y se espanta hasta de un vegetal
pero es un buen amigo el gran Pátulaaa
Si no encuentras diversión
aquí esta la solución
sólo tienes que llamar a…
Pátulaaaa
“Ningún político merece que lo defiendas con uñas y dientes.
Entiendelo de una vez por todas: no te conoce, no eres su amigo, no le importas”
Facundo Cabral