Es un adiós,
esto de ahora.
Ya el mundo
no será igual.
No estáis en él.
Que el Dios de la historia
nos dé memoria
para saber recordar
vuestra huella.
Que el Dios de la vida
nos dé gratitud
para saber
celebrar vuestros pasos.
Que el Dios de la esperanza
nos dé consuelo
en este tiempo de llanto.
Que el Dios de la fe
os acoja en su Resurrección
donde volveremos a encontrarnos.
@jmolaizola
Me llena de alegría regresar al continente en el que he vivido tantos momentos de mi vida. Que este viaje sea una ocasión para abrir nuestros corazones los unos a los otros, fortalecer nuestra comunión como hermanos y hermanas, y renovar nuestro compromiso de anunciar el Evangelio con alegría. #Uruguay #Argentina #Perú
La tierra tiembla en distintos rincones del mundo y, con ella, tantas vidas. Personas que se van, familias que lo pierden todo, hogares llenos de recuerdos y futuros que desaparecen en apenas unos segundos.
Venezuela, Colombia, Indonesia, Granada… nombres distintos para un mismo dolor. Ojalá nunca olvidemos que, bajo nuestros pies, no existen fronteras. Somos la misma humanidad, frágil y pasajera. Cuando la tierra tiemble para uno, que el mundo entero sepa abrazarlo. Que cada tragedia nos recuerde que habitamos la misma casa. Seamos un solo mundo cuando más nos necesitamos 🙏
URUGUAY GANÓ UN FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLCLORE EN TURQUÍA
El grupo de danza Tierra Adentro obtuvo el primer puesto en el Festival Internacional de Danzas Folclóricas de Yalova, en Turquía. La delegación uruguaya compitió con elencos de Europa, Asia y África.
La presentación duró siete minutos y llevó un año de preparación. Incluyó danza y música en vivo, con Catherine Vergnes, Piero Vittori, Horacio Arbiza, Santiago Soares de Lima y Mauricio Cabillón, entre otros.
(+) en Montevideo Portal: https://t.co/ZKOAgWbzVa
Video: Tierra Adentro - Uruguay
¿SABES SI SON DIGNOS?
¿Sabes si son dignos?
Esa fue la pregunta.
La dignidad requerida
no era prestigio, autoridad,
distinción o prevalencia.
No era la fortaleza
de los invulnerables
ni la presunción
de los soberbios.
No era la seguridad
de los perfectos.
Aquel interrogante
envolvía otros más hondos.
¿Aman a Cristo?
¿Han experimentado la misericordia?
¿Comprenden quién es su prójimo?
¿Serán capaces de tomar en serio a Dios?
¿Conocen sus propios límites?
¿Sabrán ser discípulos?
¿Permanecerán cuando llegue la tormenta?
¿Llegará a ser su vida eucaristía?
La respuesta fue un sí
que tenía tanto de confianza
como de apuesta.
Era un ojalá,
un con tu gracia,
un están en camino.
Respondieron por ellos
quienes los conocían.
Hoy la respuesta, más humilde, la da el tiempo,
oro y plata de historias fecundas.
¿Sabes si son dignos?
Lo han intentado.
Han amado, sentido, vibrado, servido.
Han llevado la Palabra por bandera.
Se han gastado.
Llevan dentro cicatrices
y alguna herida abierta.
Han estado en el desierto y el Tabor
y aquí siguen en camino tras sus huellas.
Han sido hijo pródigo,
hermano mayor
y padre que abraza.
Han lavado con su llanto algún cansancio.
Han escrito con sus dedos en la arena.
En su interior aún pelean
un fariseo y un publicano,
el trabajador de la primera hora
y el obrero de la última.
¿Sabes si son dignos?
La respuesta es hoy distinta.
Tú, Señor, nos haces dignos
confiando tu tesoro a nuestro barro.
(Al cumplirse hoy 25 años de ordenación . Se agradece una oración)
Si en la Celebración eucarística Cristo se entrega como alimento, la procesión dice que Él no permanece encerrado en el templo, sino que sale a nuestro encuentro. Él es el Dios cercano que camina con su pueblo, el Señor de la historia, consuelo de los débiles, luz para las familias, esperanza para los enfermos, paz para quien sufre.
La Iglesia Católica celebra hoy la Solemnidad del Corpus Christi, una de las festividades más importantes del calendario litúrgico, dedicada a honrar públicamente la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. En muchos países la celebración se traslada al domingo posterior a la Solemnidad de la Santísima Trinidad, permitiendo una mayor participación de los fieles en las celebraciones y procesiones eucarísticas.
El origen de esta solemnidad se remonta al siglo XIII, cuando un sacerdote llamado Pedro de Praga, que atravesaba dudas sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía, fue testigo de un milagro mientras celebraba Misa en Bolsena, Italia. Según la tradición, una hostia consagrada comenzó a derramar sangre sobre el corporal, hecho que fue reconocido por el Papa Urbano IV como un signo para fortalecer la fe de los cristianos en el Sacramento.
A raíz de este acontecimiento, Urbano IV instituyó la fiesta del Corpus Christi para toda la Iglesia mediante la bula Transiturus de Hoc Mundo. Además, encargó a Santo Tomás de Aquino la elaboración de los textos litúrgicos y los himnos propios de la celebración, entre ellos el Tantum Ergo y el Lauda Sion, que continúan formando parte de la tradición eucarística de la Iglesia.
La solemnidad recuerda las palabras de Jesús en el Evangelio de San Juan: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. Por ello, el Corpus Christi se convierte en una ocasión especial para renovar la fe en la Eucaristía, centro de la vida cristiana, y para dar testimonio público de adoración, gratitud y amor a Cristo presente en el Santísimo Sacramento.
La misión que os confío es precisamente ésta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que los demás hicieran con ellas. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo. Cultivando este compromiso, mirad a los Apóstoles, a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad. Ésta, queridos jóvenes, es la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. Muchas gracias.
Que la religiosidad que anima este país no sea un museo que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy, que nos enseñe a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, que nos enseñe la gratitud del amor que se hace don para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo, para que aprendamos que Dios es presencia real y que nosotros también estamos llamados a estar presentes en los desafíos de esta sociedad, comprometidos con el bien común...
(Papa León XIV en la homilía en Cibeles)