Un día estás entre juegos y bromas con alguien, y al otro recibes la llamada que te frena el corazón. Esa persona ya no está en este mundo.
Te traga un silencio helado en el pecho. La vida nos recuerda que las personas son de paso y el tiempo de lo efímero y breve que es todo.
Le llamamos "crisis" a cualquier evento que nos obliga a actualizar la perspectiva. La verdadera tragedia no es que la vida se mueva, sino insistir en responder al presente usando el mapa del pasado.
Lo que destruye la paz no es la transformación en sí, sino la energía que gastas intentando sostener los cimientos de algo que ya colapsó. La madurez no es evitar la marejada, es aprender a mudar de piel sin romperte.
Confundimos ambición con hiperproductividad. Nos llenamos el día de tareas vacías solo para que el silencio no nos obligue a preguntarnos si nos gusta la vida que llevamos.
De niños el tiempo no se medía, se habitaba. De adultos lo convertimos en un cronómetro de pendientes. El tiempo no se acelera porque envejecemos, sino porque dejamos de estar presentes en él.
Sentarse en una banca a ver el atardecer sin la urgencia de revisar el teléfono ni la culpa de no estar produciendo nada es la rebelión más humana contra esta época.
@_Vanetorrealba Si nos ponemos antropológicos esto es causa directa de un procesó gradual de aculturación que ha tenido una influencia directa en las generaciones más jóvenes.