P1C1: Después de varios años viviendo en otras casas y recorriendo otros barrios del Sur de Cali, terminamos regresando a la misma casa donde habíamos vivido en los años noventa.
Era una casa grande, nuestra todavía, y ahí estábamos otra vez. El tiempo había pasado, pero seguían siendo los mismos espacios donde habíamos crecido, donde mi hermana alborotaba la casa con sus amigas y donde mi hermano y yo nos creíamos los reyes del humor.
Claro que una cosa era la casa y otra muy distinta el barrio. Habían pasado los años, muchas cosas habían cambiado y Durley ya ni siquiera vivía por ahí.
Y nosotros, francamente, tampoco estábamos preguntando por ella.
El preludio de este desastre comienza en Cali, a mediados de los años noventa.
Yo vivía con mis papás, mi hermano y mi hermana menor, en una casa de barrio, en el sur de la ciudad.
Eran otros tiempos. No había internet, celulares ni redes sociales. Uno salía del colegio, jugaba en la calle y, cuando se aburría, se inventaba alguna pendejada para pasar el rato.
Mi hermanita tenía muchas amigas que frecuentaban nuestra casa. Entre ellas había una que, por una razón bastante particular, terminó llamando especialmente nuestra atención.
Se llamaba Durley Popó.
El nombre sonaba como si alguien se lo hubiera inventado para hacer un chiste en X (Antes twitter), pero no. Así se llamaba.
Tenía un bozo bastante visible y, para dos adolescentes como mi hermano y yo, aquello fue suficiente para bautizarla inmediatamente:
"La Bigotuda".
Durante un tiempo, eso fue todo lo que Durley Popó significó para nosotros: Una de las amigas de mi hermana, una niña del barrio y el blanco ocasional de nuestras burlas adolescentes.
Nada más.
En aquel momento, ninguno de nosotros podía imaginar que muchos años después volveríamos a encontrarnos.
Y mucho menos que aquella niña que entraba a nuestra casa como una amiga más de mi hermana terminaría convirtiéndose en uno de los personajes más memorables de nuestras vidas.
Pero esa, justamente, es la HISTORIA.