Hay sectores críticos que exigen soluciones urgentes, particularmente la electricidad y la emergencia social, después del desastre acumulado durante 27 años.
Bienvenido el BID y todo apoyo serio que contribuya a levantar a Venezuela. Ahora hacen falta proyectos concretos, recursos, ejecución rápida y resultados medibles. Venezuela no necesita más diagnósticos: necesita reconstrucción.
Cada vez que veas a alguien publicar este video, dale rt.
Que los estadounidenses no dejen de verlo, que los chavistas no lo olviden.
Que el mundo recuerde quién es la falsa y manipuladora Delcy Rodríguez.
#SetTheDate
@RobertoSmithP 2. Pero ojalá que el 1, fuera solo bochinche. Es sobretodo: Corrupción extrema y generalizada. Tan extrema que hasta el 03 de enero 2026 eramos un estado fallido sin esperanza. Hoy tenemos una ruta cierta, donde el pueblo aún está "ninguneado" por la clase politica corrupta.
🇻🇪 TERTSCH ANTICIPA UNA EXPOSICIÓN SOBRE LAS CRUELDADES ATRIBUIDAS A DELCY RODRÍGUEZ
El eurodiputado Hermann Tertsch anticipó que próximamente se conocerá una exposición sobre la trayectoria de Delcy Rodríguez y su hermano, en la que, según afirma, se detallarán hechos relacionados con la represión y abusos atribuidos a la cúpula venezolana.
Durante su etapa como vicepresidenta, Delcy Rodríguez estuvo al frente de una estructura de gobierno de la que dependía el SEBIN. Desde 2012, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional dependía formalmente de la Vicepresidencia.
Tertsch sostiene que la próxima exposición mostrará la dimensión de las acusaciones contra Rodríguez antes de su aparición ante la ONU.
@elhabito Soy ecuatoriano y vivo en Ecuador,y,la felicito x tantas lindas palabras q recuerdan la vida política d toda 1 heroina María Corina Machado. Viva Venezuela libre 🙏💪
@elhabito No son ojos aguados Elizabeth: es llanto benigno refrescando mi Alma y dando respiro y salida al dolor por Venezuela que no cesa.
Agradecida por mostrar a la Maria Corina que millones como tú esperamos.
No es el final sinó cuando ella vuelva y entonces...
Gracias gracias !
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥
Apuntes de una ciudadana del mundo sobre María Corina Machado, escritos sin encargo, sin redacción que los reclame y sin más permiso que el de la propia conciencia.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Quiero aclararlo antes que cualquier otra cosa, no por humildad fingida sino porque me parece que importa: no escribo para un periódico, no me paga una revista, no hay un canal detrás de estas líneas ni un editor esperándolas con la impaciencia del cierre. Toda mi tribuna son dos o tres cuentas en redes sociales con apenas unos cuantos seguidores, gente que me lee por cariño o por costumbre y que nunca me pidió que escribiera sobre esto. Tampoco me ampara esa coartada tan cómoda de las credenciales, esa que permite decir lo que uno piensa poniéndole encima el escudo de una institución para que el golpe no llegue directo al cuerpo. Escribo desde el único lugar desde el que cualquiera puede escribir cuando ya no soporta el silencio, que es el lugar sin techo, sin gremio y sin salario, ese punto de la intemperie donde una persona se queda a solas con una historia que la desvela y decide que va a contarla aunque nadie se la haya pedido. Si estas palabras vuelan y alguien las lee del otro lado del mundo, magnífico, que vuelen. Y si se quedan aquí, apagándose despacio como se apagan casi todas las cosas que escribimos de madrugada, también está bien, porque entonces habrán servido al menos para dejar constancia de que una mujer cualquiera, en un momento cualquiera de este siglo apresurado, se detuvo a mirar de frente lo que otra mujer estaba haciendo con su vida y no pudo quedarse callada.
Hay una idea instalada, casi un axioma de nuestra época, según la cual la política es un oficio de dentaduras impecables y promesas negociables, un teatro donde los papeles se reparten por conveniencia y se abandonan por lo mismo. Y después está esta señora venezolana, ingeniera industrial de formación, mujer de números y de proyectos financieros, que en 1992, cuando podía haber dedicado su cabeza privilegiada a multiplicar patrimonios ajenos y propios, abrió una casa para los niños que dormían en las aceras de Caracas. Pienso mucho en ese detalle, más de lo que quisiera. Pienso en la clase de persona que va caminando por su ciudad, ve un bulto pequeño durmiendo sobre un cartón en la entrada de un edificio y, en lugar de apurar el paso como hacemos todos, se detiene y decide que eso es inaceptable y que le corresponde a ella hacer algo. No lo escribo como dato de currículum: lo escribo porque ahí está la llave de todo lo demás, el primer indicio de una vocación que no consiste en tomar el poder sino en recoger con las manos lo que el poder deja tirado en la calle. Diez años después, cuando fundó Súmate para que la gente aprendiera a contar sus propios votos y a defenderlos mesa por mesa, estaba haciendo exactamente lo mismo a otra escala: recoger del suelo algo que también habían arrojado ahí, en este caso la idea escandalosamente simple de que un pueblo tiene derecho a saber cuántos son los suyos y hacia dónde quieren ir.
Por enseñar a contar votos la acusaron de traición a la patria. Hay que detenerse en esa frase, masticarla despacio hasta que duela, porque en ella está condensada toda la lógica de los regímenes que confunden el país con su propia biografía: se acusa de traicionar a la nación a quien pide que la nación hable. Después vinieron las otras humillaciones, administradas con esa paciencia burocrática que es la forma más cobarde de la crueldad, porque no deja moretones visibles y desgasta durante décadas sin que nadie tenga que ensuciarse las manos. La prohibición de salir del país sin condena que la sustentara. La inhabilitación por quince años firmada en una oficina, con sello y membrete, sobre un papel que ningún tribunal decente del mundo defendería en público sin sonrojarse. El escaño de diputada arrancado de un plumazo en 2014, después de que ella hubiera llegado a ese hemiciclo con la votación más alta que había recibido nadie en la historia del Parlamento venezolano, un detalle que sus enemigos prefieren no recordar y que explica por qué le tuvieron siempre tanto miedo. Y antes de todo eso, aquella escena que los venezolanos guardan en la memoria como se guarda un fósforo encendido en el hueco de la mano para que el viento no lo apague: una mujer de pie interrumpiendo el discurso interminable del hombre más poderoso del continente para decirle a la cara que expropiar es robar, y el hombre poderoso respondiéndole con aquella arrogancia que ya olía a mausoleo, que el águila no caza moscas, sin sospechar que acababa de regalarle a su adversaria la imagen fundacional de todo lo que vendría después.
Lo que más me conmueve de ella, sin embargo, no es ninguno de esos episodios de coraje espectacular, porque el coraje espectacular dura un minuto y sale bien en las fotografías. Lo que me desarma es la otra cosa, la que no fotografía nadie: la década entera recorriendo pueblos que no aparecen en los mapas, carreteras rotas, aldeas donde ya no quedaban ni luz, ni médicos, ni muchachos, porque todos se habían ido; plazas con veinte personas escuchándola bajo un sol que parte las piedras, y ella hablándoles con la misma intensidad con que hablaría ante un estadio, porque para ella esos veinte eran el país entero. Esa constancia sin público es la parte más dura de todas, ese trabajo de hormiga de sumar voluntades de una en una, de dos en dos, de diez en diez, sabiendo que la cosecha, si algún día llega, llegará tarde y quizá no llegue para quien la sembró. Por eso, cuando en octubre de 2023 más de dos millones de venezolanos desafiaron el miedo y le dieron más del noventa por ciento de los votos en una primaria que el régimen había declarado imposible, ese resultado no fue un milagro ni un fenómeno mediático: fue la factura de diez años de kilómetros, de gasolina negada, de hoteles que le cerraban la puerta, de dirigentes locales presos, de caravanas detenidas en alcabalas por hombres armados que tenían órdenes precisas de humillarla. La inhabilitaron enseguida, por supuesto, porque el sistema no supo hacer otra cosa, y ella respondió con seis palabras que deberían enseñarse en todas las escuelas de derecho constitucional del planeta: 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐡𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐭𝐚 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐞𝐛𝐥𝐨 𝐝𝐞 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚.
Después llegó 2024 y ocurrió aquello que todavía no sabemos nombrar del todo. Una mujer a la que le habían prohibido ser candidata cruzó el país de punta a punta con la camisa blanca y los jeans de siempre, encaramada en camionetas, levantada en hombros por gente que lloraba al verla sin entender bien por qué lloraba, haciendo campaña por otro hombre, Edmundo González Urrutia, en el gesto de desprendimiento político más limpio que ha dado América Latina en mucho tiempo. Y entonces sucedió lo verdaderamente extraordinario, que no fue ella sino lo que ella encendió: cientos de miles de venezolanos comunes, señoras de barrio, muchachos de liceo, jubilados con las rodillas destrozadas, se formaron durante meses para vigilar mesas electorales, aguantaron horas de pie sin comer, fotografiaron actas con teléfonos viejos, las escondieron en la ropa interior y en los zapatos y las sacaron a la luz del mundo mientras afuera los esperaban las camionetas sin placas. Un país entero convertido en notaría de sí mismo. Eso no lo organiza el carisma; eso lo organiza la confianza, que es la sustancia más difícil de fabricar que existe y la única que no se puede confiscar.
Y hay una cosa que no he podido quitarme de la cabeza desde que la vi: en esas plazas la gente no le pedía comida, que era lo que faltaba, ni medicinas, que era de lo que se estaban muriendo. Le pedían, con el teléfono en la mano y la pantalla encendida en la cara de un hijo que se fue hace seis años, que se los devolviera. No conozco otra campaña en el mundo donde la promesa central no fuera un empleo ni un subsidio, sino algo tan antiguo y tan pequeño como volver a sentar a una familia completa alrededor de la misma mesa; y no conozco a nadie más que haya entendido que ese, y no la presidencia, era el único cargo por el que valía la pena jugarse la vida.
Lo que siguió fue un año y medio de sótanos, de casas prestadas, de mudanzas nocturnas, de mensajes grabados en penumbra para sostenerle el ánimo a un pueblo desde un escondite cuya ubicación no conocía ni su propia familia. Una mujer de cincuenta y tantos años, madre de tres hijos, viviendo como una fugitiva en la tierra donde nació por el delito de haber ganado. En octubre de 2025 el Comité Noruego le dio el Premio Nobel de la Paz por su trabajo incansable en favor de los derechos democráticos del pueblo venezolano, y esa frase, tan sobria, tan escandinava, tan incapaz de contener lo que nombraba, sonó en Venezuela como suena el agua cuando se lleva demasiado tiempo con sed. Y cuando llegó el 10 de diciembre y el mundo miraba hacia el ayuntamiento de Oslo, ella no estaba ahí: estaba cruzando el mar en una lancha, o esperando en alguna pista, o pasando alcabalas con el corazón en la garganta, mientras su hija Ana Corina, de pie ante reyes y ministros, leía en voz alta las palabras que su madre había escrito a escondidas. Llegó de madrugada, casi un día tarde, agotada, y se asomó al balcón de un hotel donde decenas de venezolanos la esperaban en el frío de diciembre, y se puso la mano en el pecho y cantó el himno de un país al que no podía volver, mientras desde la calle le gritaban valiente, libertad, María, ayúdanos a volver. Yo he visto ese video más veces de las que me atrevo a confesar y todavía no consigo llegar al final sin que se me nuble la vista, y ya dejé de avergonzarme de eso.
Sería tentador cerrar aquí, con el balcón y el himno y las banderas en el frío de Oslo, porque ahí la historia queda redonda y consoladora. Pero esta mujer no peleó veinticinco años para terminar convertida en una fotografía admirable. El palacio se vació, y aun así lo que ella prometió no ha llegado, porque su apuesta jamás fue sacar a un hombre de un despacho sino conseguir que un pueblo se contara a sí mismo y que esa cuenta valiera, y eso no lo firma ninguna potencia extranjera en ningún hotel con aire acondicionado y traductores simultáneos. Eso lo hacen los venezolanos, con ella adentro. Por eso va a volver.
Y la están esperando de una forma que no cabe en ninguna encuesta. Hay gente que todavía guarda las copias de aquellas actas del 28 de julio en una carpeta plástica, dentro del escaparate, entre las partidas de nacimiento y los recibos viejos, no por nostalgia ni por archivo sentimental, sino porque nadie les ha dicho aún que ya pueden botarlas y porque intuyen que ese papel arrugado es el único título de propiedad que tienen sobre su propio país. Venezuela lleva demasiado tiempo aprendiendo a esperar, hasta convertir la espera en una disciplina y casi en un oficio, y ese pueblo que se entrenó durante años en la paciencia no piensa gastar el último tramo resignándose ahora que ella está apenas a un avión de distancia.
La espero yo también, sin tribuna, sin medio, sin nada que ofrecerle salvo estas páginas escritas de noche por puro desacato al silencio. La espero porque su historia dejó de pertenecerle hace rato y ahora nos hace falta a todos los que seguimos sospechando que la decencia es un proyecto viable y no una ingenuidad de gente mal informada.
Porque «hasta el final» nunca fue un eslogan salido del laboratorio de un asesor de imagen: fue un contrato firmado a dos manos, en plazas polvorientas de caseríos sin semáforo, entre una mujer que prometió no rendirse y un pueblo que le respondió con lo único que le quedaba, su palabra. Ella ya cumplió la suya, íntegra, sin descuentos, incluidos los dieciséis meses en que le tocó vivir escondida en la tierra donde nació. Falta la mitad nuestra, la de los que miramos, y es mucho más humilde que la suya: consiste apenas en no cansarnos, en no cambiar de tema, en no dejar que la costumbre consiga lo que no consiguieron las amenazas. Ella puso el cuerpo. Nosotros solo tenemos que poner la memoria.
Yo no me voy a cansar. Y el día que ella baje de ese avión sin lancha, sin alcabalas y sin la mano de nadie tapándole la cara, lo que va a retumbar en Venezuela no va a ser un aplauso: va a ser un país entero respondiendo a una promesa que nunca dejó de estar viva.
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥, 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚. 𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥.
Si alguien en Venezuela cree que Donald Trump decidió poner su carrera en riesgo con la Operation Absolute Resolve el 3 de enero, para "robarse unos barriles de petróleo" o para "saquear los ingresos de Venezuela" o para "mantener a Delcy para siempre", ....
... no está entendiendo bien.
El petróleo venezolano es PARTE FUNDAMENTAL de la estrategia de Seguridad Nacional de los EUA, para asegurar ser la primera potencia energética del planeta durante los próximos 100 años.
Los venezolanos tenemos que reflexionar y entender el significado que esto tiene para el futuro de nuestros hijos y nietos: ser el país más próspero del continente y uno de los más ricos del mundo, libre de socialismo y autoritarismo, y potencia energética mundial.
¿Estamos listos para asumir el reto o queremos regresar a los 27 años antes del 2 de enero?
EL CONTRAATAQUE Y ULTIMÁTUM DE LA DAMA DE HIERRO.
MARIA CORINA MACHADO TIENE EL BOTON ROJO PARA IMPLOSIONAR LA GRAN ESTAFA MILLONARIA EJECUTADA POR DONALD TRUMP Y MARCOS RUBIO CON EL PETRÓLEO VENEZOLANO.
ESTAMOS POR VER LA CARA REAL DE ESTE GRAN ROBO.
@RobertoSmithP Para la recuperación hay que tomar en cuenta al vzlno común ¿Como ese vzlno recibirá lo suyo por su condición de codueño de los recursos naturales? El quid del asunto se resuelve muy facilmente haciendo prevalecer el principio sagrado de la propiedad privada vs propiedad publica
Ladran los perros junto a ellos las hienas cobardes y traicioneras de la #ConjuraCivilMilitar de 1992-1998.
Estan activas y sedientas.
Todavía son fichas de los partidos con lealtad perruna
Se acercan con las sombras sigilosamente.
!!! cuidado el zarpazo se podría repetir ¡¡¡
Mentirosa y cínica! Yo soy profesora Titular a dedicación exclusiva y no cobro ese bono de responsabilidad académica. Fueron excluidos y discriminados los profesores jubilados en sus distintos escalafones y dedicación. Con la jubilación no se pierden derechos laborales.
Ese cansancio q sientes no es xq haces mucho,tal vez es xq no haces lo q te gusta. Ese cansancio puede venir de ocultar sentimientos de culpa,miedos o dolor...Tal vez viene de tratar de estar para todos,menos para ti mismo.Lo q es cierto, es q es un llamado de atención...
AHORA | George W. Bush rinde homenaje a María Corina Machado y hace público un retrato pintado por él en honor a la líder venezolana.
Un honor que muy pocos reciben.
#Venezuela#Libertad#Democracia
🇸🇻‼️ | Por los 205 años de la Independencia de El Salvador, Nayib Bukele dio un discurso notable ante una multitud y señaló: “Somos el país más seguro del hemisferio occidental y no es una exageración. Y dicen que se violan derechos humanos, pero no. Pusimos prioridad en los derechos de la gente honrada, sobre los derechos de los delincuentes. Es lo único que hicimos y muchos llaman violar derechos humanos. ¿Por qué quieren que nos maten y ver sangre? Basta de esa falsa democracia”.
Mañana voy a tener el honor de participar en el Venezuela Reawakening Summit en Houston, la capital mundial del petróleo.
Las personas que participan son los que mueven el petróleo en los Estados Unidos, la primera potencia mundial petrolera con 15 millones de barriles diarios. De eso, las Grandes manejan 3 millones y los Independientes manejan 12 millones en Texas, Oklahoma, Dakota y otros estados.
El punto de partida es simple: esas empresas son las que mueven el mundo del petróleo. Sin ellas, es muy difícil desarrollar el petróleo venezolano. Son ellos a quienes tenemos que convencer para que vengan a Venezuela a invertir sus recursos, su tecnología, sus maquinarias.
Los petroleros son gente especial, lo cual aprendí trabajando con el grupo de energía de McKinsey & Company, Inc. En los 80s: saben que el petróleo está en zonas complejas. Están acostumbrados a trabajar en lugares en guerra o con crisis importantes. Por lo tanto, más que hablar, hay que escuchar sus preocupaciones reales que los llevarían a invertir en Venezuela.
Ellos son los que mueven los barriles, los que controlan el sistema refinador más poderoso del planeta. Con quienes Venezuela tendría que aliarse estratégicamente para convertirse en la primera potencia petrolera del mundo