En la Ciudad, el espacio público se respeta y no hay lugar para los vivos.
Usar permisos falsos para apropiarse de lugares reservados a personas con discapacidad es una vergüenza.
Estos abusos se terminan. Las reglas se cumplen.
Inversión, tecnología y profesionales de excelencia. La salud pública porteña está a la altura de los mejores privados.
Y con una decisión clara: primero, los porteños.