Esta madrugada ha muerto Franco Baresi. Tenía 66 años y llevaba meses luchando en silencio, como había hecho toda su vida.
Nació en Travagliato, en la provincia de Brescia, hijo de campesinos. A los doce años perdió a su madre. A los diecisiete ya entrenaba con el primer equipo del Milan. Lo llamaban "Piscinin", el pequeño en milanés, porque era el más joven de todos. Nadie imaginaba que ese chico menudo iba a convertirse en el mejor defensa de la historia del club y uno de los mejores que ha dado el fútbol.
Jugó 716 partidos con la camiseta rossonera. No se fue nunca. Cuando el Milan bajó a Segunda División en 1980 por un escándalo de amaño de partidos, Baresi se quedó. Pudo marcharse. No lo hizo. Eso definió quién era antes de que ningún trofeo lo definiera.
Lo que vino después es historia que los aficionados al fútbol llevan décadas recitando de memoria: seis Scudetti, tres Copas de Europa, dos Copas Intercontinentales. El Mundial con Italia en 1982. El subcampeonato del mundo en 1994, cuando falló el penalti decisivo en la final contra Brasil siendo capitán, después de haber jugado el torneo con una rodilla operada hacía tres semanas. La imagen de Baresi mirando al suelo después de aquel penalti es una de las más honestas que ha dejado el fútbol: la de un hombre que lo dio todo y aun así no fue suficiente.
Cuando se retiró en 1997, el Milan retiró el dorsal 6 para siempre. Pelé lo incluyó en su lista de los 125 mejores futbolistas vivos. En enero de 2026, en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, Baresi y Beppe Bergomi portaron juntos la antorcha olímpica en San Siro mientras Andrea Bocelli cantaba "Nessun dorma". Fue su última gran aparición pública.
Esta mañana el Milan ha escrito: "Hemos perdido un latido de nuestro corazón."
Descansa en paz, Franco Baresi.
Quisiéramos pensar que no es cierto ni posible que se venda la Copa del Mundo.
Ilusos, también solíamos pensar que el futbol consiste en dos mitades divididas por un entretiempo (y no en cuatro cuartos), o que el descanso no podía variar duración según la relevancia del partido, o que las sanciones por tarjeta roja no eran negociables según el poder del mandatario que lo solicitara, o que el acceso y estadía a los países anfitriones para jugadores y árbitros estaban garantizados al conceder una sede.
Dado que todo lo anterior fue posible cambiarlo, sí, la UEFA tiene razones para estar preocupada y no dudar que sean capaces de eso y de más.
Aquí lo que no podía informarles el pasado sábado.
Esto fue lo que le pasó a @Claudiashein a su llegada al Kimpton en NY.
Eso fue lo más trascendente de su visita a USA. Justo lo que no se vio.
#UnderMyWriting#UMW
Voy a decir un facto:
Si no es por la intervención de la dictadura en 1978.
Si no es por la mano de un tramposo que además se dopaba para jugar.
Si no es por los penales regalados en Qatar.
Si no es por el bochornoso atraco a Colombia en la Copa América 2024.
Argentina sería una selección cualquiera. Sin épica, sin “aguante” y sin esa historia de “grandeza” que llevan décadas intentando vender.
Todo el mundo ahora lo sabe.
Ayer Argentina no solo perdió una Copa del Mundo. Esas se disputan en 4 años. Perdió el prestigio. Porque una final la puede perder cualquiera; lo que un equipo grande no puede perder es la clase para aceptar cuando fue superado.
Ufffff qué joya el montaje que hizo la BBC para despedir el Mundial 2026, es imposible no llorar de felicidad por todo lo que se vivió en esta copa del mundo🥹❤️
El mejor Mundial de la historia✨ https://t.co/0iZMAjtIqH
Fuera del resultado. Paredes debe ser seriamente sancionado. Un tipo con 32 años ahorcando a Eric García y luego pegándole hasta el piso a Gavi. Terrible.