🚨DENUNCIA CIUDADANA 🚨
En la colonia bosques del rio Soyapango andan nuevamente unos sujetos la líder de esa pandilla se llama Valeria Martínez con el hermano llamado William que es menor de edad junto a otros sujetos menores de edad.
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“NO LES DEN DE COMER Y QUE SUFRAN COMO SUS VÍCTIMAS”
MANIFIESTA ABUELITA DESPUÉS QUE SU PROPIO SOBRINO LE CORTÓ LAS MANOS POR NO PAGAR LA EXTOSIÓN Y BUKELE DESATA LA FURIA AL CONOCER ESTE CASO
Era una tía noble, humilde, dedicada a su familia y a su pequeño negocio. Pero sus propios sobrinos, infectados por el poder y la crueldad de las pandillas, le cortaron las manos porque no pudo pagar una extorsión. Le quitaron lo que usaba para trabajar, para cocinar, para abrazar y es por eso que Bukele no les tiene compasión. ¿Qué opina?
#Bukele #ElSalvador #Noticias #Viral
@Fran_Casaretto_ ¿Perdona?
La justicia, con perspectiva de género, hizo que el menor fuera a casa de su madre (que lo abandonó cuando tenía un año), el niño rogaba y lloraba para que no lo separasen de su padre.
El padre está destrozado.
Aquí lo puedes comprobar.
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En Barcelona, España, unos padres pierden la custodia de sus dos hijas menores por no poder pagar deudas y quedarse sin hogar. El Estado pasa a ser “protector” de ambas niñas hasta que sean mayores de 18 años.
Las recluyen en un centro de protección público donde una de ellas, entonces de 13 años, es violada por varios menores extranjeros en múltiples ocasiones.
Ella cae en depresión y, cuando sale de allí, decide saltar de un quinto piso para quitarse la vida. Sin embargo, falla y queda paralizada de la cintura para abajo, con dolores insoportables y una depresión tremenda.
Decide entonces solicitar la eutanasia (muerte asistida) al Estado, pero sus padres, en especial su papá, inician querellas para que los tribunales desestimen su caso.
Sin embargo, el Estado que le falló alejándola de sus padres, el mismo que la recluyó con menores extranjeros de otro sexo y no la protegió de las agresiones sexuales que vivió, el que no encerró a uno solo de sus victimarios y el que no la apoyó con tratamientos médicos ni físicos para evitar su sufrimiento posterior, decide entonces aprobar su muerte asistida.
No la están ayudando. No están siendo compasivos. Están borrando pruebas de su negligencia.
La eutanasia es un derecho, sí. Pero la vida digna y la justicia, también. Noelia Castillo no la tuvo.
En unas horas, el Estado, aprovechándose de su vulnerabilidad, le quitará la vida.
En 2010, Mayim Bialik cruzó la puerta de un estudio en los Warner Bros. con una intención muy distinta a la que la mayoría imaginaría.
No quería volver a ser estrella.
No buscaba titulares.
No soñaba con alfombras rojas.
Necesitaba seguro médico.
Quince años antes había sido conocida por su papel en Blossom, pero cuando la serie terminó en 1995, no luchó por mantenerse en Hollywood. Hizo lo contrario: se fue.
Se matriculó en la University of California, Los Angeles y se sumergió en la neurociencia. Estudió con rigor, publicó investigaciones y en 2007 completó su doctorado con una tesis sobre trastornos obsesivo-compulsivos en adolescentes con síndrome de Prader-Willi.
No era “una actriz que estudió ciencias”.
Era una científica real.
Pero la academia, con su exigencia constante y horarios interminables, empezó a chocar con algo más profundo: su deseo de estar presente para sus hijos. Cuando nació su segundo hijo, entendió que el ritmo universitario la obligaría a ausentarse justo donde más quería permanecer.
Y entonces apareció la palabra que en Estados Unidos pesa más que cualquier sueño profesional: cobertura médica.
Su seguro estaba a punto de expirar.
—Necesito algunos papeles —bromeó medio en serio—. Aunque sean pequeños.
Pensó que actuar sería una solución temporal. “Los actores casi nunca trabajan”, dijo con ironía años después. Si lograba algunos contratos bajo el sindicato de actores, obtendría cobertura sanitaria para su familia.
Así empezó.
Pequeñas apariciones en Curb Your Enthusiasm.
Luego en Bones.
Más tarde en The Secret Life of the American Teenager.
Trabajo a trabajo, no buscaba reconocimiento. Buscaba estabilidad médica.
Hasta que llegó una llamada inesperada.
Una audición para The Big Bang Theory.
No había visto la serie. No conocía bien al personaje principal. Buscó en internet a Jim Parsons y vio apenas unos segundos de clips.
Eso fue todo su “estudio”.
El equipo buscaba una versión femenina de Sheldon. Una mente brillante. Peculiar. Incómodamente lógica.
Mayim entró en la sala con la tranquilidad de quien ha defendido una tesis doctoral ante un tribunal académico.
—Sé exactamente lo que están buscando —dijo.
Y lo supo.
Desde el primer segundo.
Pero hubo un detalle que terminó de inclinar la balanza. Cuando el creador Chuck Lorre descubrió que ella era doctora en neurociencia de verdad, quedó fascinado.
No tendría que fingir la inteligencia.
Podía habitarla.
Lo que comenzó como una aparición breve se convirtió en nueve temporadas como Amy Farrah Fowler. Nominaciones al Emmy. Reconocimiento mundial. Y en la temporada final, casi medio millón de dólares por episodio.
Pero lo que más le importaba no estaba en los premios.
Estaba en la cláusula del contrato: seguro médico completo del sindicato.
Mayim no volvió por nostalgia.
Volvió porque era madre.
Y porque cuando el sistema no garantiza seguridad básica, las madres encuentran la forma de crearla.
Reflexión final
A veces creemos que las grandes historias nacen del deseo de fama o ambición. Pero algunas de las trayectorias más poderosas comienzan en la necesidad. La historia de Mayim Bialik no es un “regreso triunfal”. Es el encuentro entre preparación y urgencia. Es el talento que no se oxida aunque cambie de escenario. Es la demostración de que cuando el conocimiento, la disciplina y el amor por la familia se alinean, incluso una audición por seguro médico puede transformarse en un fenómeno mundial.
No fue suerte.
Fue estar lista cuando la vida la llamó.
En agosto de 2020, @tkelce firmó una extensión de contrato multimillonaria con los Chiefs: 57.25 millones de dólares. El mundo entero esperó el clásico: la mansión de lujo, los autos deportivos, el yate brillante bajo el sol. Pero al día siguiente, Travis hizo algo que nadie esperaba… y que a muchos nos dejó con el corazón apretado de emoción.
Compró un viejo taller de escapes abandonado en Troost Avenue, una calle donde la vida a veces pesa más que las promesas. No era un capricho. Era un compromiso. Con su propia fundación **Eighty-Seven & Running**, invirtió cientos de miles de su bolsillo y lo transformó, junto a **Operation Breakthrough**, en el **Ignition Lab**: un refugio para adolescentes de 14 a 18 años que crecieron en barrios donde las oportunidades parecen un lujo inalcanzable.
Allí, donde antes solo había ruido de motores viejos, hoy hay impresoras 3D zumbando, drones volando, computadoras programando el futuro, estaciones de música creando beats, y hasta autos clásicos que estos chicos reconstruyen con sus propias manos —algunos convertidos en eléctricos, porque el mañana también puede ser sostenible.
Más de 1,000 jóvenes han pasado por esas puertas desde 2020. Jóvenes como A’hmya Gee, que encontró su voz y su camino. Como Javion Mahone, quien recibió boletos para el Super Bowl LIX como premio por su esfuerzo y terminó su programa con la cabeza en alto. Chicos que nunca habían tocado una herramienta profesional, que nunca imaginaron que alguien como Travis Kelce los vería de verdad… y les diría: “Tú también perteneces aquí. Tus sueños cuentan”.
Travis lo ha dicho con los ojos brillantes:
“Los chicos no pueden concentrarse si no se sienten seguros. No pueden imaginar una carrera de la que nunca han oído hablar ni aprender una habilidad que nadie les ha enseñado”.
Y él decidió enseñarles. No con discursos. Con acciones. Con un edificio renovado, mentores reales, certificaciones que abren puertas, pasantías en empresas grandes, y sobre todo, con la certeza de que alguien cree en ellos.
En 2025 ganó otra vez el Nationwide Charity Challenge, trayendo $35,000 más al Lab. En diciembre regaló sonrisas en Navidad con su hermano Jason. Y sigue ahí, porque para él esto no es caridad: es justicia. Es devolver lo que la vida le dio, multiplicado por el talento que siempre estuvo en esos barrios, esperando solo una chispa.
Hoy, en 2026, el Ignition Lab sigue encendido. Sigue cambiando vidas. Sigue demostrando que el verdadero éxito no se mide en millones en el banco, sino en cuántos corazones logras encender.
Gracias, Travis.
Por recordarnos que cuando usas tu luz para iluminar a otros, el mundo entero brilla un poco más.
Y a cada joven que cruza esa puerta:
Ustedes no son “de barrio”. Son el futuro.
Y ese futuro ya está en marcha.
❤️🏈
#TravisKelce #IgnitionLab #EightySevenAndRunning #OperationBreakthrough #KansasCity #EducationChangesEverythin
En 1942 le quitaron todo. El abrigo. El nombre. El trabajo de su vida. Hasta su manuscrito, cosido en el forro de la chaqueta, fue arrojado al fuego. Le afeitaron la cabeza, le tatuaron un número: 119.104. Creyeron que así habían borrado al hombre.
Estaban catastróficamente equivocados.
Habían despojado a Viktor Frankl de todo lo externo. Pero al hacerlo, lo empujaron hacia el único territorio que ningún guardia podía invadir: su libertad interior.
Meses antes, en Viena, tenía una visa para Estados Unidos. Seguridad. Futuro. Vida. Pero la visa no incluía a sus padres. Frente a un fragmento de mármol rescatado de una sinagoga destruida —“Honra a tu padre y a tu madre”— tomó la decisión que marcaría su destino: se quedó.
Theresienstadt. Auschwitz. Dachau. Hambre, frío, humillación. Sin embargo, como psiquiatra, observó algo inquietante: no morían primero los más débiles, sino los que perdían el sentido. Cuando un prisionero fumaba su propio cigarrillo —moneda de cambio por un plato de sopa— estaba renunciando al mañana. Y el cuerpo lo seguía.
Frankl comprendió que quien tiene un porqué puede soportar casi cualquier cómo.
Así comenzó su rebelión silenciosa. Reescribió mentalmente el libro que habían quemado. Se imaginó dando conferencias futuras. Habló en su mente con su esposa Tilly sin saber si seguía viva. Se aferró al amor como ancla invisible. Y empezó a preguntar a otros prisioneros: “¿Qué te espera?”. Una hija. Un libro por terminar. Una razón.
En 1945 fue liberado. Pesaba poco más de 40 kilos. Y entonces supo la verdad: su esposa, sus padres, su hermano… todos habían muerto.
Podía haberse rendido.
En cambio, escribió. En nueve días reconstruyó su obra. No para la fama, sino para dar testimonio. Ese libro, El hombre en busca de sentido, recorrería el mundo y devolvería esperanza a millones.
Frankl demostró algo que incomoda y libera al mismo tiempo: pueden quitarnos casi todo, pero no la actitud con la que enfrentamos lo inevitable.
No somos lo que nos ocurre.
Somos lo que elegimos hacer con lo que nos ocurre.
#crecimientopersonal #resiliencia #proposito #actitud #liderazgo #consciencia
@rbundioTCS
Saludos desde San Miguel.
Ese era penal para Zacatecoluca.
Te saluda mi suegro Jorge Alemán, no se pierde partido por el canal tradición en deportes.
Empezamos el día:
En el nombre del Padre, y
del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea Tu Nombre;
venga a nosotros Tu Reino;
hágase Tu Voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Amén.
Dios te salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo;
bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Gloria al Padre,
y al Hijo, y al Espíritu Santo;
como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
FE y más FE.
Buenos días.
Dios los bendiga y María Santísima los cubra con su manto celestial.
LUIS ENRIQUE: “Cuando cobré mi primer sueldo como futbolista, fueron 165,000 pesetas. Me emocioné demasiado porque yo venía de ganar solo 20,000 en el Sporting Atlético… y de repente me sentí rico.”
Pero lo primero que hice no fue comprarme ropa ni una moto. Lo primero que hice fue darle el dinero a mi madre y a mi padre. Ya hacía tiempo que notaba lo difícil que era para ellos pagar los intereses del piso. Y ese momento, en el que pude ayudarles, fue una de las mayores satisfacciones de mi vida.
Mis padres fueron y siguen siendo el mayor ejemplo que tengo de lo que significa luchar, trabajar y sacrificarse por una familia. Aquel gesto fue mi manera de devolverles, aunque fuera un poco, todo lo que ellos hicieron por mí desde que era niño."
#pedrinmatita1