Lleva décadas sobrevalorada la UNAM. El lema de la "máxima casa de estudios" es mitología que nadie puede cuestionar. Nos cuesta 54 mil MDP al año y el 80% se va en nómina. Una fábrica de obradorismo, porros y títulos plagiados. Imposible el ascenso de este régimen sin ella.
¿Saben por qué Felipe Calderón puede ir tranquilamente a desayunar a un restaurante?
Porque muchos mexicanos de bien le guardan respeto e incluso gratitud por la valentía que tuvo para enfrentar al crimen organizado con todo el poder del Estado. Porque en 2006 evitó la llegada de López Obrador al poder y porque, aun pudiendo vivir cómodamente y alejado de la vida pública, sigue dispuesto a dar la batalla por el país.
En cambio, la familia López no puede asomar la cara sin ser increpada, abucheada o insultada.
Quizá Felipe Calderón y AMLO sean los dos políticos más mediáticos de la historia de México, pero entre ambos siempre ha existido un mundo de diferencia. Empezando por lo más importante: uno es una buena persona; el otro, la encarnación del mal convertida en político.