Las sociedades se enferman y mueren por la acumulación de la riqueza en pocas manos.
Por eso la importancia de una reforma fiscal progresiva. En México y en el mundo.
Desde que nací, viví en Argentina una decena de crisis económicas y políticas. A vuelo de pájaro: 73, 76, 77, 82, 83, 86, 87, 89-90, 2000-01. No he sido el único: mi país de origen es un electrocardiograma institucional. Entre 1930 y 2001, hubo 28 presidentes —uno cada 2.5 años. Trece de ellos, de facto. Seis golpes de Estado en menos de medio siglo, un quinto del siglo bajo gobiernos militares.
He visto crisis inflacionarias, hiperinflacionarias. Recesiones. He visto una guerra a los 12 años, insurrecciones de milicos a los 15 y 16; juntas militares juzgadas por crímenes mayores antes de los 18. Una hiperinflación cuando todavía no tenía veinte. Cinco presidentes en una semana a mis treinta. Give and take, apenas un tercio de mi vida fue estable en Argentina.
Mi familia era de clase media del interior del interior. Casa, auto, la librería, una juguetería, algo más. Y nos fue como a muchos: la casa, el auto, la librería, la juguetería, todo desapareció con el tiempo. Todo. Una crisis tras otra. Mis viejos se levantaron cada vez. Una y otra vez. Putearon por arriba y por abajo, se limpiaron las raspaduras —y volvieron a empezar. Se reinventaron. Sus amigos igual.
Claro, no estamos solos. Cientos de sociedades antes, durante y después de nuestra propia existencia han pasado por eso. No tengo (ni es posible usar la) imaginación para comprender qué pasa por la cabeza, qué sé yo, de un ucranianos. No puedo dimensionar subjetivamente la vida de venezolanos, nicas, cubanos o salvadoreños. Miro a Estados Unidos en el espejo retrovisor: todo esto lo vi, de un modo u otro.
Claro, uno se relaciona con la vida ajena, pero sólo vive la experiencia propia. Y de algún modo puedo proyectar mis años y los de mi familia en los de miles de familias argentinas. Ahí sí entiendo.
Yo no sé si hay un gen competitivo (lo dudo), pero sé que, desde chico, he vivido, crecido y he sido criado para competir. Solo y en grupo. Y he entendido que, cuando es en grupo, para ganar, hay que tirar todos para el mismo lado. Suena a frase de póster Pagsa, pero es algo que he vivido desde siempre.
Los argentinos somos un desastre como sociedad económica, pero no somos nada malos como sociedad política. Y mucho menos como sociedad civil. Sabemos armar equipos. Sabemos caer y sabemos levantarnos.
Y eso es lo que está en estos cien años (y más) de historia. Un aprendizaje. No idealizo un país que es un desastre: respeto que, gracias a la resiliencia de su gente, no se ha ido a pique más veces y más profundamente. Y perdimos y perderemos. Y nos dolerá y putearemos. Pero sé que, cuando tenemos oportunidades de ser mejores, podemos serlo.
Nunca den a un argentino por muerto. Nunca den a los argentinos por muertos. ¿Estamos locos? No, pero sabemos sobrevivir en el desquicio.
Como corresponde, mañana pensaré otra cosa.
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Hay tanto dinero en este mundo pero repartido en tan pocas manos, y nosotros peleando entre profesionistas, obreros y campesinos cuando nos encontramos más cerca de lo que creemos. Unidad para construir un mundo mejor carajo!
La gran mayoría del mundo es la clase trabajadora.
Tenemos que pasar de la maldita resilencia a la indignación.
Lo que hizo y no hizo el gobierno de la CDMX es para volverse locos.
Obras inconclusas, mal hechas, dinero opaco, nulos protocolos en los festejos y nulo respeto por la sabiduría en torno a la urbanidad.
Desgobierno.
Disculpen por mi pensamiento de izquierda pero creo que el agua embotellada es un error social que debemos de remediar. El agua es un bien público y no un asunto comercial.
El agua es un derecho humano.
@Rukis10 El señor Larrea y Slim aman tu comentario. Para tener un estado fuerte no podemos tener a ultra ricos que ganen lo que 30 millones ganan en toda su vida. Gastar mejor no está peleado en cobrar más impuestos a los ultra millonarios.
@Rukis10 Para tener gran educación pública debemos cobrar más impuestos. Lamento lo de tu conocido. Cuando hay millones celebrando pasan muchas cosas. Algunas muy buenas algunas muy malas. Abrazos .
Estados Unidos hizo de Venezuela un protectorado.
Y, sin embargo, a este momento ningún mensaje público del Departamento de Estado sobre el terremoto o cómo van a ayudar.
Un imperio sinvergüenza.