Las cábalas deberían contar como un tipo de toc porque cómo puede ser que estemos convencidos de que porque nos sentamos cruzados de piernas 11 tipos del otro lado del mundo van a perder un partido de fútbol. Pensamiento mágico de manual.
Qué cosa lo del prode. Porque no te deja ver en paz un partido. Te hace querer que Alemania o Brasil hagan un gol. O que no les hagan un gol. Te odio prode. Pero no te puedo dejar de jugar *llora*.
La fantasía del “no le debo nada a nadie” suele presentarse como si necesitar a alguien fuera una debilidad o una deuda de la que habría que desprenderse. Pero nadie se hace a sí mismo.
Llegamos al mundo dependiendo de otros y, de muchas maneras, seguimos haciéndolo toda la vida. Aprendemos gracias a otros, amamos a otros, sufrimos por otros. Incluso aquello que sentimos más íntimo y más propio está hecho de palabras que recibimos, de encuentros que nos marcaron, de cuidados, pérdidas y vínculos. Por eso, poco de lo que somos es exclusivamente individual. Hay presencias visibles e invisibles sosteniendo nuestra historia.
La autonomía no consiste en negar la dependencia. Consiste en reconocerla sin quedar atrapados en ella. Porque no hay existencia humana fuera del vínculo.