Uruguay invirtió durante años para producir energía y depender menos del petróleo.
Ahora que la movilidad eléctrica empieza a consolidarse, el gobierno decide gravarla.
No es una discusión solo fiscal. Es una decisión estratégica.
Más impuestos . Menos Política de Estado
Desenchufar los incentivos hoy es desenchufar el futuro.https://t.co/TAOjpbpoAI
En una democracia sólida, las críticas al gobierno, incluso las más duras, no debilitan el Estado de derecho. Son parte de él.
La libertad de expresión, el control de la oposición y el debate público son pilares esenciales de cualquier sistema democrático.
Quien no lo entiende, o a quien le molesta, no tiene un problema con la crítica. Tiene un problema con la democracia. @Herrerismo@PNACIONAL https://t.co/tkPL6DOvdG
Porque "defender la libertad no debería ser un motivo de disculpa"
Excelente artículo de @rodrigoblas_ para hacernos pensar y reflexionar sobre nuestra realidad política
La lucha contra el narcotráfico no termina con la detención. También exige que las penas sean proporcionales a la gravedad de los hechos y a la reincidencia.
Por eso presentamos un proyecto de ley para que los narcotraficantes reincidentes no puedan acceder, mediante acuerdos abreviados, a penas inferiores a los 2/3 de las que correspondan.
Más respaldo a la Policía. Más coherencia en el sistema penal. Más protección para la gente.
La reincidencia debe tener consecuencias.
@PNACIONAL@Herrerismo
LA VERDAD NO SE DIBUJA
Por Rodrigo Blas
La fortaleza de un gobierno, como la de cualquier persona, no radica en no equivocarse. Todos nos equivocamos.
La verdadera fortaleza está en hacerse cargo.
Admitir errores y decir la verdad es la base de cualquier vínculo de confianza. En una familia, en una empresa, entre amigos y también entre gobernantes y ciudadanos.
Porque cuando aparece un problema, muchas veces el daño no lo provoca el error inicial sino lo que viene después: intentar dibujarlo, disimularlo, disfrazarlo o contarlo a medias.
Las explicaciones pueden ser incómodas. Incluso pueden ser vergonzosas. Pero necesitan cerrar.
Quien recibe una explicación necesita comprender qué pasó, cómo pasó y por qué pasó. Necesita que no queden agujeros, contradicciones o piezas faltantes.
Porque cuando eso ocurre, la confianza puede resentirse, pero queda restaurado algo fundamental: la sensación de que le están diciendo la verdad.
A partir de ahí cada uno juzgará.
Habrá quienes consideren que hubo una equivocación menor. Otros pensarán que hubo negligencia. Algunos creerán que hubo viveza. Otros que hubo torpeza.
Pero el vínculo básico entre quien explica y quien escucha queda recompuesto.
Lo contrario es mucho más grave.
Cuando las explicaciones no cierran, cuando faltan documentos, cuando aparecen nuevas versiones, cuando cada día surge un dato distinto o una nueva interrogante, lo que se instala es la duda.
Y la duda tiene una característica particular: nunca se queda donde empezó.
Empieza en un episodio concreto y termina afectando todo lo demás.
Un Presidente puede equivocarse. Como cualquier ciudadano.
La magnitud de ese error determinará luego el juicio político o moral que cada uno haga sobre su conducta.
Pero lo que no puede hacer es mentir.
Porque un Presidente, nos guste o no, es la representación más alta de un país. Su credibilidad es un activo institucional. Incluso para quienes no lo votaron. Incluso para quienes discrepan con él todos los días.
La camioneta pasará.
Quedará en ANEP, en un taller, en un expediente o donde corresponda.
El Presidente seguirá siendo Presidente.
Y por eso el problema ya no es la camioneta.
El problema es que mientras las explicaciones no cierren, mientras existan vacíos en la documentación, dudas sobre la trazabilidad o elementos que aparecen día tras día, la reconstrucción de la confianza quedará inevitablemente renga.
Y quizás la salida sea mucho más simple de lo que parece.
Si hubo una equivocación, decirlo.
Si hubo una desprolijidad, admitirla.
Si hubo una conducta incorrecta, asumir las consecuencias.
A veces un simple “me equivoqué”, “hicimos las cosas mal” o “les debo disculpas” vale mucho más que diez conferencias de prensa destinadas a explicar lo inexplicable.
Porque la confianza puede reconstruirse.
Los errores pueden corregirse.
Incluso las equivocaciones más graves pueden encontrar reparación.
Lo que no puede sostenerse indefinidamente es una explicación que no cierra.
La verdad no se dibuja.
Se dice.
Rodrigo Blas
Senador de la República
No existe ningún pacto entre gobierno y oposición para cerrar el tema Orsi–camioneta.
Actuar con responsabilidad institucional no significa mirar para otro lado.
Todavía hay explicaciones pendientes y el asunto no está terminado.
Por ahora, es un tema de Orsi y la camioneta ( y sus derivados ) No de supuestos acuerdos que nadie hizo.
@PNACIONAL@Herrerismo
Hoy visitamos la Jefatura de Policía de Maldonado para felicitar a sus autoridades y a todo el cuerpo policial por el exitoso operativo que permitió desarticular un importante eslabón del narcotráfico en nuestro departamento.
Nuestro reconocimiento y respaldo a quienes enfrentan diariamente al delito y trabajan por un Maldonado más seguro.
@Herrerismo@PNACIONAL
Desenchufando el futuro
Por Rodrigo Blas
En medio de una enfadada disertación realizada en ADM, el ministro Gabriel Oddone dejó prácticamente planteada la intención del gobierno de eliminar o reducir los beneficios tributarios que hoy existen para los vehículos eléctricos.
Y ahí aparece una primera confusión conceptual importante.
Presentar esos beneficios como “subsidios” no parece técnicamente correcto.
El Estado no le entrega dinero a quien compra un auto eléctrico. No hay un cheque estatal, una transferencia ni una asistencia económica directa. Lo que existe es una reducción o exoneración de determinados impuestos para estimular una conducta considerada conveniente para el país.
No es lo mismo gastar dinero que dejar de cobrarlo.
Y la diferencia no es semántica. Es económica y política.
Porque si el criterio pasa a ser que toda reducción tributaria constituye automáticamente un “subsidio”, entonces prácticamente cualquier política de promoción económica podría ser cuestionada bajo la misma lógica.
Ahora bien. Más allá de la discusión tributaria, hay una pregunta bastante más profunda.
¿Qué sentido estratégico tiene para Uruguay desestimular el vehículo eléctrico?
Uruguay no produce petróleo.
Uruguay sí produce electricidad.
Y además produce, en gran medida, energía renovable.
Durante años el país construyó una transformación energética reconocida internacionalmente. Invirtió miles de millones de dólares en generación eléctrica, diversificación de matriz y estabilidad energética.
El avance del vehículo eléctrico no era simplemente una moda ambiental. También era una oportunidad estratégica.
Cada auto eléctrico que sustituye consumo de combustibles fósiles implica menor dependencia petrolera, menor salida de divisas y mayor aprovechamiento de una energía que el propio país produce.
Es decir: menos petróleo importado y más energía nacional.
Pocas veces una política energética y económica parecen alinearse de forma tan evidente.
Por eso cuesta entender que, justo cuando la tecnología comienza lentamente a consolidarse, el camino elegido sea retirar estímulos en lugar de consolidarlos.
Sobre todo porque Uruguay todavía está muy lejos de una masificación real del vehículo eléctrico.
Los precios siguen siendo altos para gran parte de la población y la infraestructura aún se encuentra en desarrollo.
Entonces surge inevitablemente otra duda.
¿Estamos frente a una política basada en que “el objetivo ya fue cumplido”… o simplemente frente a una necesidad creciente de aumentar la recaudación?
Porque si el problema es fiscal, al menos sería bueno sincerarlo.
Frenar los estímulos también probablemente termine frenando el crecimiento del propio mercado eléctrico.
Y si el crecimiento se desacelera, también se desacelerará la inversión pública y privada en infraestructura de carga, servicios técnicos y desarrollo asociado al sector.
El riesgo es entrar en un círculo negativo: menos incentivos, menos adopción, menos infraestructura y, finalmente, menos viabilidad para una transición que todavía necesita escala para consolidarse.
Pero romper anticipadamente los incentivos de una transición energética que recién comienza puede terminar siendo una decisión bastante más cara y claramente equivocada para el país de lo que hoy parece.
@Herrerismo@PNACIONAL
El Uruguay de los tres chanchitos
Por Rodrigo Blas
No sé si los niños de hoy siguen creciendo con aquel cuento que hace medio siglo todos conocíamos. El del lobo que perseguía a tres chanchitos que intentaban salvarse escondiéndose en distintas casas.
El lobo soplaba, la casa de paja caía, la de madera también y solo resistía la pesada casa de ladrillos.
Durante décadas, el Uruguay convirtió ese cuento infantil en una forma de pensar la vivienda: material tradicional, obra húmeda y jornales.
Hoy Uruguay arrastra un déficit habitacional estimado entre 60 y 70 mil viviendas. Al mismo tiempo, una vivienda social puede terminar costando entre 70 y 90 mil dólares aun sin considerar el valor del suelo y otros elementos accesorios.
La cuenta es brutal.
Resolver realmente el déficit habitacional bajo este modelo exigiría inversiones de miles de millones de dólares. Ni veinte gobiernos seguidos, manteniendo niveles constantes de inversión, lograrían resolver el problema de fondo con estos costos.
Mientras el mundo avanzó hacia sistemas industrializados, modulares, livianos y eficientes, Uruguay sigue mirando con desconfianza todo lo que no se parezca a la vieja casa de ladrillos del cuento de los tres chanchitos.
En muchos países, los sistemas industrializados permitieron bajar drásticamente los costos de construcción respecto al modelo tradicional. Mientras en Uruguay una vivienda social puede rondar entre 70 y 90 mil dólares aun sin suelo, existen soluciones habitacionales modernas y seguras que pueden desarrollarse entre 30 y 50 mil dólares.
La diferencia no es solamente económica. Es matemática.
Con el mismo dinero podrían construirse muchas más soluciones habitacionales.
Sin embargo, en Uruguay muchos de esos sistemas deben atravesar largos procesos de validación estatal antes de ser aceptados plenamente. El famoso DAT —Documento de Aptitud Técnica— exige pruebas, antecedentes y períodos de evaluación para habilitar nuevas tecnologías constructivas.
Claro que el Estado debe garantizar estándares mínimos de seguridad y calidad. Nadie discute eso.
Pero la pregunta de fondo es otra.
¿El sistema realmente busca proteger la calidad de vida de las familias… o terminó protegiendo un modelo tradicional de construcción y todos los intereses económicos, culturales y gremiales que viven alrededor de él?
Cuesta entender por qué tecnologías utilizadas hace décadas en algunos de los países más desarrollados del mundo todavía deben “demostrar” en Uruguay que son aptas para ser habitadas por uruguayos.
Miles de uruguayos ya viven en viviendas de madera, prefabricadas, steel framing y otros sistemas industrializados. Sin embargo, cuando aparece el Estado, vuelve automáticamente la lógica del hormigón, la plancha y el bloque pesado como única respuesta aceptable.
Como si la vivienda digna dependiera exclusivamente del peso de sus paredes.
La sociedad avanzó más rápido que la regulación.
Si una vivienda de madera puede soportar nieve, humedad extrema y temperaturas bajo cero en una montaña suiza o canadiense, ¿por qué no podría ser considerada una vivienda social digna en el clima templado uruguayo?
La respuesta probablemente no sea técnica.
Probablemente sea cultural.
Creo que llegó definitivamente el momento de cambiar el enfoque.
La aptitud técnica podría validarse mediante certificaciones internacionales y auditorías especializadas, evitando obligar a construir modelos piloto y esperar años para habilitar soluciones que el mundo ya probó exitosamente.
También es imprescindible una fuerte política de estímulo fiscal para la vivienda industrializada y un rol activo del Estado promoviendo sistemas rápidos y de bajo costo para sectores vulnerables y clases medias hoy excluidas del acceso a la vivienda.
Confundimos solidez con peso. Permanencia con dignidad. Calidad con métodos tradicionales.( sigue )
https://t.co/ULM3E8pNv9
Si una empresa privada pierde plata durante años, tiene que mejorar, competir o cerrar.
En cambio, cuando una empresa pública pierde millones, el gobierno le pide a otras oficinas públicas que le compren igual.
Las Intendencias deben comprar por licitación, al mejor precio y calidad para los contribuyentes, no transformarse en herramienta para tapar déficits.
Eso no corrige el problema: solo lo reparte entre todos los uruguayos.
@PNACIONAL@Herrerismo
El progreso y la innovación solo son verdaderamente sostenibles cuando son inclusivos
Y para eso es fundamental la participación ciudadana
Si no se toma en cuenta eso Gregorio Aznarez y Estación Las Flores van a desaparecer por "la piqueta fatal del progreso"
Edgardo Flores sobre modificación de Ruta 9 en Gregorio Aznárez: “Es un combo fatal; retorno más cambio obligatorio de senda”. - Cadena del Mar | FM 106.5 https://t.co/0COzjFlRE2
El policía escondido
Por Rodrigo Blas
En Uruguay existe una rara teoría —seguramente sostenida por profundas razones técnicas— que establece que la policía no debe estar en la calle, sino estratégicamente ubicada para una “respuesta rápida”.
Razones de eficacia, economía y hasta falta de personal justifican esa especie de “policía escondido” como estrategia de seguridad.
Sin embargo, quienes hemos tenido la suerte de viajar por Argentina, América del Norte, México o cualquier ciudad europea, vemos exactamente lo contrario: el policía está ahí, en la calle.
Es difícil caminar más de cinco cuadras sin cruzarse con un móvil, un retén o policías recorriendo la vereda. Y cada lugar donde se concentra gente cuenta —a veces de forma disimulada y otras muy visible— con presencia policial permanente. Vigilancia disuasiva.
Días pasados vimos cómo, en la plaza de Pan de Azúcar, de un grupo de personas salieron corriendo dos, y uno terminó asesinando a tiros al otro. Hay videos, fotos, filmaciones. No hay policías.
Pan de Azúcar es una ciudad pequeña, tranquila, de poco movimiento. Y si hay un lugar donde la gente se reúne, es justamente la plaza.
Entonces cabe preguntarse: si hubiera presencia policial constante donde está la gente y donde pueden surgir conflictos, ¿eso habría sucedido igual?
¿El asesino se habría animado a sacar un arma frente a un policía?
¿La pelea habría llegado a ese extremo?
¿La policía habría intervenido antes y evitado el desenlace?
Con el diario del lunes todas las preguntas son posibles y las respuestas siempre serán inciertas.
Lo que no es incierto es esto: la policía debe estar en la calle. Donde está la gente. Donde se acumulan los problemas. Donde el delito se piensa antes de cometerse.
No agazapada esperando salir rápido a levantar al muerto o perseguir al asesino.
Porque la seguridad no se construye solamente reaccionando. También se construye evitando.
La presencia policial visible ordena, disuade, enfría conflictos y transmite autoridad. El delincuente calcula distinto cuando sabe que hay un uniforme mirando. Y el vecino vive distinto cuando siente que el Estado está presente antes del delito y no solamente después.
Durante años discutimos patrulleros, cámaras, tecnología y tiempos de respuesta. Todo eso importa. Pero ninguna tecnología reemplaza completamente al policía visible caminando donde la sociedad vive.
El policía no puede transformarse en una especie de fuerza invisible que aparece únicamente cuando ya pasó lo peor.
La autoridad también necesita presencia.
Y muchas veces, la diferencia entre una pelea y una tragedia es simplemente esa: que hubiera un policía ahí.@PNACIONAL@Herrerismo
Traducciones posibles :
1 -la realidad supera a la fantasía
2- la verdad supera a la mentira
3 - el comité supera al Gobierno
Sin rumbo a y a los tumbos .
@PNACIONAL@Herrerismo
Parabiagos Aprender a esperar Por Rodrigo Blas
Como todo buen gurí uruguayo, mi infancia giró alrededor del fútbol. La pelota contra cualquier pared, los partidos eternos, la imaginación haciendo lo suyo: uno era Maradona, otro Victorino, y al arco Rodolfo. (Si sos de otro cuadro, cambiá nombres… la historia es la misma.) Y en ese mundo había un sueño claro: unos Adidas de tres tiras, de colores fluorescentes, con tapones intercambiables. Después vinieron los Puma, también inalcanzables. Eran mucho más que un zapato: eran ilusión. Pero llegaban los cumpleaños, llegaba Navidad… y aparecían los Parabiagos. Zapatos de fútbol de goma, todos negros, duros, pesados. Lo más lejos posible de aquel sueño. Funsa subsidiada lo hacía posible. En ese momento, uno se enojaba. No entendía. Pensaba que era falta de voluntad, de cariño, de decisión. No lo era. Era realidad. Mis padres no eran ni tacaños ni injustos. Simplemente sabían priorizar. Sabían que había cosas más importantes que un par de zapatos de fútbol. Que había gastos que no se veían, pero que sostenían todo. Eso, que de niño parecía una frustración, con el tiempo se volvió una enseñanza. Porque después, la vida te pone en el mismo lugar. Elegir. Un abrigo en lugar de un juguete. Un libro para la escuela antes que una champion de moda. Cumplir con lo necesario antes de caer en lo deseado. Y, muchas veces, resignar la satisfacción del momento para sostener lo importante. Miles de decisiones así. Y sin embargo, acá estamos. El problema es que hoy esa enseñanza casi no existe. Vivimos en la cultura del todo ya. Del acceso inmediato. Del crédito fácil. De las cuotas que parecen pequeñas, pero que se acumulan y terminan condicionando la vida. Nos enseñan desde chicos cómo funciona el universo, cómo se reproducen las plantas, cómo se enriquece el uranio. Pero nadie nos enseña algo básico: cómo manejar nuestra propia economía. Cómo entender un crédito.Cómo leer un interés. Cómo valorar el ahorro. Cómo decir que no. Y eso tiene consecuencias. Jóvenes que empiezan a trabajar y ya cargan frustraciones por no poder acceder a todo lo que ven. Familias que viven por encima de sus posibilidades, sostenidas por cuotas. Jubilados que, con ingresos fijos, acceden a créditos que después les quitan margen para vivir. Trabajadores que van a trabajar sabiendo que lo deben todo y que a fin de mes nada queda para cobrar. Una calesita donde los asientos son la frustración, el enojo, la depresión y el no va https://t.co/nWmmFt9w8e accede https://t.co/j6DYusrc1s paga https://t.co/J5WBxDhOhx sufre siempre. La satisfacción es inmediata… y desaparece ante la próxima promoción. La consecuencia es prolongada. Y ahí se instala algo más profundo: la frustración, el cansancio, la sensación de correr siempre de atrás. No es solo un problema económico. Es un problema cultural. Perdimos la noción del tiempo. Perdimos el valor de esperar. Perdimos el gusto de llegar. Por eso la educación financiera no es un lujo. Es una necesidad. Y tiene que empezar temprano. En la escuela. No como algo técnico, sino como una herramienta de vida. Entender qué es un ingreso, qué es un gasto, qué implica endeudarse, qué significa ahorrar. No para restringir. Para elegir mejor. Porque la libertad no es poder acceder a todo. Es saber cuándo sí… y cuándo no. Los Parabiagos no eran lo que yo quería. Pero eran lo que había. Y, sobre todo, eran lo que se podía. Entender eso, a tiempo, no te limita. Te ordena.Y te hace libre.@Herrerismo@PNACIONAL
@mautesaravia Pobre Seregni, si viera a su fuerza día a día bajando las banderas de la franqueza a la hora de las campañas, la de la honestidad que volvía, la seguridad y un gobierno que va a los tumbos,distrayendo un día en portaaviones y otro con obras faraónicas en el palacio de las leyes.
Es por ahí !!! @PNACIONAL le plantea al Gobierno medidas inmediatas para recuperar el uso y goce de los espacios públicos para todos . Es URGENTE . @Herrerismo
Un mes después de que lo advertimos, recién ahora parecería que se van a encargar.
"Más gente en la calle es más inseguridad y más delito."
El Parlamento tiene en sus manos la respuesta: un proyecto de ley que establece la obligación de actuar, con protocolo, seguridad y dignidad.
No podemos ser rehenes de unos pocos.
Actúen.( sigue )
@Herrerismo@PNACIONAL