Estas imágenes de Barranquilla antes y después de Char me recuerdan a las del Salvador antes y después de Bukele.
La clave es votar bien.
Por eso mi voto es por Abelardo.
RECORDATORIO para colombianos: el próximo año hay elecciones presidenciales. Además de orar, conviene tomar las acciones pertinentes obrando en conciencia y búsqueda del bien común.
La noticia del nacimiento del Hijo de Dios supuestamente "ofende" a muchos, pero no podemos ni queremos callarnos. Decir "Feliz Navidad" proclama que tienes Alguien que te ama hasta el extremo, que Él es lo más grande y santo que has recibido.
Este señor es el verdadero dolor de cabeza de Gustavo Petro. Por el es que la izquierda radical extrema odia tanto a Barranquilla. Tremendo alcalde....
Adelante!!!
@AlejandroChar
A mí ningún libro me abrió los ojos ante el comunismo. Yo lo sufrí en vivo y en directo, y en todas las escalas de negro y gris.
Yo no detesto el socialismo por un documental extranjero que me mostró sus calamidades y crímenes.
Yo nací en medio de una calamidad, crecí entre calamidades y mi futuro, de haberme quedado en Cuba, habría sido otra calamidad.
Yo no tuve que leer a Marx y Engels para entender cuán fallida es la ideología socialista.
Yo pasé un posgrado, una maestría y un doctorado en inventos, planes, emulaciones, obras de choque y discursos baratos.
No necesité de una película, ni de un testimonio, ni de una investigación periodística para saber que las verdades se manipulan y tergiversan.
Yo nací en medio de una mentira y viví toda mi mala vida en Cuba en la mayor fábrica de absurdos e idioteces del continente.
A mí no vino ningún erudito o señor «leído y escribido» a contarme cómo sería la vida con un sistema socialista.
Yo aprendí a leer, de forma obligatoria, recitando las grafías CH, F, R y otras para repetir Che, Fidel y Revolución.
Yo no soy un experto en socialismo y comunismo. Yo soy una víctima directa de las dos doctrinas, a quien no pudieron quebrar hacia la mezquindad de sus intereses, pero que tuvo que ver la película casi completa hasta los créditos sin poder levantarse de la butaca.
Por ende, y para concluir, zurdo idiotizado que me lees, ya sea desde México, Nicaragua, Venezuela, Chile, Uruguay, Bolivia, Argentina, Estados Unidos o la vieja Europa, cuando tú nacías con todas las condiciones brindadas por ese sistema que ahora detestas y contra el cual protestas a diario sin dejarlo, mi madre no tenía pañales para ponerme y la insalubridad de mi solar era un espanto para ella y su bebé recién parido.
Cuando tú crecías asumiendo por descontado que la electricidad era un bien garantizado, yo hacía las tareas escolares con un mechón o una vela rancia y mi techo se llenaba de hollín.
Cuando tus cumpleaños se llenaban de regalos, amiguitos y comida, a mí me daba pena celebrar los míos e invitarlos a ellos a mi bajareque.
Cuando tú ibas a un colegio privado, o a cualquier escuela pública, si así lo decidías, y estudiabas sin presión, yo tenía que decir «¡Pioneros por el comunismo!» y terminar cada prueba de Historia dándole vivas a la «Revolución».
Cuando tú empezaste a leer El capital y a hundirte en la sarta de estupideces de los fundadores del marxismo, a mi madre hace rato que la explotaban en su trabajo y mi padre nunca pudo satisfacer mis necesidades, sin hablar de las propias.
Cuando en tu primera juventud sentías ese fuego rebelde de atacar al capitalismo, hacía años que yo no sabía qué era una papa frita, un bistec de res, una muda de ropa nueva y un regalo para mis padres.
Zurdo idiota, no te deseo mal (¿o debería), solo quisiera, con todas las fuerzas de mi corazón, que ahora mismo amanecieras en Cuba, como un cubano de a pie, y no puedas salir de esa pesadilla nunca más, para que defiendas al socialismo desde su trinchera apestosa, maloliente, mugrienta y súper mega «revolucionaria».