Sr. Primeiro-Ministro:
Um em cada quatro jovens já saiu do país.
Desde 2017 que não emigravam tantos jovens.
Três em cada quatro jovens consideram emigrar.
Em 2022 um terço dos jovens recebia o salário mínimo. Atualmente, a maioria dos jovens que trabalham recebe mil euros.
Dos que ficaram, 15% de todos os desempregados são jovens com o ensino superior.
18% dos jovens em idade ativa estão desempregados e 45% de todos os desempregados têm menos de 34 anos.
Os preços das casas mais do que duplicaram na última década.
Depois de uma vida assim, as projeções atuais dizem que só vão receber reforma de 40% do seu último salário.
Senhor Primeiro-Ministro, eu pergunto: são os outros países que devem corar de inveja de nós ou somos nós que devemos corar de vergonha por falhar a toda uma geração?
The Arc de Triomphe glowing at dusk in Paris, bathed in the warm hues of a spectacular sunset.
A timeless symbol of history surrounded by the vibrant energy of the City of Light 🇫🇷✨
JÁ SUBMETIDA: A IL propõe contas poupança e de investimento isentas de impostos até aos 20 mil euros.
A taxa de poupança dos portugueses é bastante inferior à média da União Europeia, o que torna Portugal mais frágil.
O incentivo à poupança promove a segurança financeira dos portugueses e contribui para a estabilidade económica do país.
O Estado já taxa de forma exagerada o trabalho, não tem que estar a taxar em cima quem consegue poupar um pouco e já pagou impostos pelo dinheiro que ganhou.
Este modelo existe no Reino Unido (individual saving accounts) e deve avançar em Portugal.
O fruto do trabalho pertence às pessoas, não ao Estado!
🇵🇹 Deixem Portugal melhorar com a Iniciativa Liberal. Aprovem esta proposta.
Durante dos mil años, las mujeres católicas cubrieron su cabeza para entrar a una iglesia. En México, durante siglos, la mantilla de encaje negro o blanco era tan parte del atuendo dominical como el vestido del color correcto. Ninguna mujer bien educada habría pensado en entrar a misa con la cabeza descubierta. El Código de Derecho Canónico de 1917 establecía formalmente que las mujeres debían cubrirse la cabeza al estar dentro del templo o al recibir los sacramentos. No era costumbre ni sugerencia: era canon. En la tradición católica, aquello que es sagrado se vela. El copón que guarda la Eucaristía se cubre con un velo, el sagrario tiene sus cortinillas, el altar se cubre con manteles. La mujer con mantilla era la extensión de esa misma lógica sagrada: lo que vale se cubre. El color tenía su propio lenguaje: las solteras usaban blanco, las casadas negro, las viudas negro absoluto. La mantilla era también un estado civil portátil, un documento que cualquiera podía leer desde el banco de atrás. Lo que terminó con la tradición no fue una prohibición ni un decreto. El nuevo Código de Derecho Canónico de 1983 simplemente ya no menciona la obligación, como tampoco aparece en el nuevo misal promulgado por el Papa Pablo VI en 1969. Al dejar de ser prescrito, el velo quedó como venerable tradición. La Iglesia no abolió la mantilla. La dejó de mencionar. Y eso fue suficiente para que desapareciera en una generación. Las mujeres que habían llevado mantilla toda su vida dejaron de ponérsela. Sus hijas nunca la adoptaron. Sus nietas no sabían que había existido. Lo que dos mil años de canon no pudieron mover, lo movió el silencio del Vaticano en quince años. El resurgimiento del velo está siendo liderado no por una imposición sino por mujeres jóvenes, especialmente millennials, que han vuelto a la tradición por elección propia. La mantilla que las abuelas usaron por obligación la están recuperando las nietas por convicción. La historia del velo en México es la historia de cómo una prenda puede ser al mismo tiempo una norma, un símbolo, un estado civil, una declaración de fe y una forma de rebeldía contra la rebeldía.